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Venezuela: Ya no es vanguardia progresista del continente Por Francisco Mayorga y Carlos Dallmeier

Me comentó un familiar indignado que aquí no había gobierno; ya que al ir a comprar una medicina diurética se encontró que en una farmacia costaba Bs. 105.000; en la cadena Farmahorro 81.000 y al fin la compró en Bs. 48.000 en Farmatodo; de la misma marca y con la misma presentación. Y lo que es peor, este despelote de precios se presenta a todo nivel. Tiene razón el familiar, pareciera que no hay gobierno.

Sólo ineptos manejan la economía
De esta locura se sacan dos conclusiones muy claras; la primera, que si bien hay una guerra económica en contra de nuestro proceso; Trump no tiene la menor culpa de que el gobierno no implemente mecanismos de control en la economía; y que más bien esa guerra económica lo que sirve es como justificación del grupo de ineptos que maneja la economía; para esconder su incapacidad y su ignorancia.

La segunda conclusión es que si no se toman correctivos, el proceso que inició Chávez zozobrará inevitablemente.

En efecto, el año próximo se realizarán las elecciones legislativas; y hay que recordar que en las últimas elecciones presidenciales Maduro obtuvo 6.200.000 votos; 2 millones menos que Chávez en 2012; apenas un 31% de Registro electoral de más de 20 millones. Es decir, que más de 14 millones de venezolanos; no votaron por Maduro y este ganó gracias a la abstención irracional; promovida por Estados Unidos, que ya tenía montado el plan del magnicidio.

¿Se repetirá la abstención opositora?
No apostaría que esa abstención se repita. El gobierno corre el peligro que se repita la experiencia de las elecciones legislativas del 2015, en las cuales la oposición obtuvo más de dos terceras partes de la Asamblea Nacional, como consecuencia de la desastrosa política económica implantada a partir del año 2014.

No digo que en lo que resta de tiempo el ejecutivo pueda reparar la inmensa plasta que han puesto los ineptos del equipo económico, pero es urgente que cambie el rumbo enviando señales con medidas inteligentes que demuestren a la población su voluntad de enderezar este entuerto, y no hundiéndose más en el pantano de la improvisación.

Abandonar plan de convertirnos en república neo-bananera
Para ello tiene que abandonar, de una vez por todas; el plan neoliberal de convertirnos en una república neo-bananera, que lo que busca es que nuestro país viva de la exportación agrícola, de materias primas y del turismo, pagando salarios miserables y además, criminalizando la industrialización para favorecer a las grandes transnacionales, pretendiendo así convertirnos en una especie de colonia Amish tropical.

Chávez lo expresó muy claro: los dos objetivos económicos principales son: a) alcanzar la soberanía alimentaria y b) la industrialización del país aguas abajo aprovechando las inmensas riquezas en materias primas. Más claro, imposible.

Y es que el gobierno está obligado a cambiar, ya que si no quedará a la saga de la inmensa marea que están levantando los pueblos en Latinoamérica en procura de una vida mejor.

La constitución del llamado Grupo de Puebla, en donde participan destacados dirigentes de la región como Fernández de Argentina y Dilma de Brasil, por mencionar solo dos, es el inicio de expresión orgánica de tal sentimiento y que presagia, por fin, que una vez deslastrados de la ilusión neoliberal y del anacronismo estalinista con todo y su “Materialismo Histórico”, nuestros pueblos alcanzarán su desarrollo y prosperidad.

No es que los latinoamericanos no lo hayamos intentado en el pasado, pero el imperio norteamericano derrumbó cada intento que se hizo, que se facilitó por el hecho de que ellos no coincidieron en el tiempo ni en el proyecto. Sandino en 1927, Goulart en los

60, Bosh en Dominicana, Jacobo Árbenz en 1954, Allende en 1973, y tantos otros presidentes y líderes derrocados o asesinados son ejemplo del anhelo de nuestros pueblos por vivir mejor.

Ahora es diferente, la conjunción en el tiempo, en proyectos y con un esquema orgánico de funcionamiento de numerosos líderes de prestigio como López Obrador, Cristina Fernández, Petro, Correa, Zelaya, Lula, Tabaré Vásquez, etc., y muchísimos más, señala a las claras que el destino de bienestar de los pueblos latinoamericanos es indetenible y que los que defienden la dominación imperial tienen sus días contados.

Venezuela debe montarse en esa ola desechando este modelo de hambre y construyendo una economía de progreso y bienestar, a riesgo de quedar a la cola de un hermoso movimiento iniciado por uno de sus hijos, Chávez.

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