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Delcy Rodríguez y el efecto de las Uvas verdes, Por el Soc. Ender Arenas Barrios.

Ya sé que todos se saben de memoria la fábula de Esopo sobre la Zorra y las Uvas verdes (por cierto, espero que nadie interprete este título manipulándolo, señalando que yo estoy llamado subliminalmente Zorra a Delcy Rodríguez. Todos los dioses del universo, y más allá, me amparen)

De todos modos, se las voy a Resumir aquí: una zorra muerta de hambre que, al ver un racimo de uvas colgada de una parra, trató de agarrarlas, haciendo un esfuerzo increíble, saltando y vuelto a saltar y no pudiendo tomarlas porque estaban muy altas, se marchó diciendo para sus adentro: «Están verdes.»

Esa es una fábula poderosa, pues nos permite pensar y repensar la política desde la derrota. Venezuela cuenta con líderes que, seguramente, de manera inconsciente la han instrumentalizado, por ejemplo, Betancourt, después del golpe de Estado contra Rómulo Gallegos liderado por Pérez Jiménez y compañía, la izquierda al aceptar la política de pacificación de Caldera o Luis Miquilena convenciendo a Chávez que la vía para llegar al poder no era el enfrentamiento armado sino mediante las elecciones.

Todo esto viene a cuento para explicar la conducta de Delcy Rodríguez a quien se le ha encargado la jefatura de la dictadura.

Después del 3 de enero, el cambio de paradigma experimentado por Delcy y su hermano (que ironía no hace mucho decíamos Jorge Rodríguez y su hermana) ha sido de 180 grados. Atrás han quedado las soflamas revolucionarias y socialistas, ya nadie ha vuelto a gritar “Chavez vive” y el “Patria, Socialismo y muerte” junto con el comandante, han sido sepultados en “la tierra donde habita el olvido” (en el Cuartel de la Montaña)

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Cada sonrisa que nos deja ver Delcy Rodríguez las veces que se ha reunido con un alto funcionario norteamericano, bien sea el jefe de la CIA, la embajadora encargada, el secretario de Energía, el jefe del Comando Sur, que también fue el jefe de los bombardeos que terminó por extraer a Maduro y a Cilia Flores del Fuerte Tiuna, hasta el rubor que invade su rostro cuando recibe las llamadas  de Rubio o de Trump. Esto ha sorprendido a muchos, por no decir a todos, especialmente al núcleo duro del chavismo de la cual en un sinnúmero de veces ella ha sido una de sus voceras más radicales. Pero es una evidencia que Rodríguez, los Rodríguez, se han dado cuenta de que “las uvas están verdes”.

¿Pueden hacer otra cosa los Rodríguez, que no sea la aceptación de los mandatos de la administración Trump? No. No pueden hacer otra cosa que asumir la tutela de los norteamericanos quienes, aun cuando complacidos con aquello de “que bien lo está haciendo la Sra. Rodríguez. Hace todo lo que le pedimos”, le indica a los Rodríguez y a toda la cúpula chavista que su presente ha perdido el perfil de un gobierno autónomo y soberano, que es un presente amenazado en la que, de no cumplir con lo que se le exige corre los mismos riesgos y eventuales consecuencias de la anterior pareja presidencial.

Hago la advertencia, que, dentro del esquema de los Rodríguez para quedarse en el poder, no es una estrategia equivocada, muy a pesar de lo que se piensa, es una lectura y un diagnóstico “adecuado” de los acontecimientos del 3 de enero: Pues, lo acontecido esa madrugada fue, sin lugar a duda, una derrota para el régimen y las consecuencias de tal derrota están en desarrollo

 ¿Como enfrentar tal derrota? Asumiéndola y en consecuencia repensar y releer la política desde esa derrota. Y esta reelectura lo hacen desde el fundamento central que mueve los hilos del modelo Trump y que es la mayor fortaleza del régimen para negociar, para negociar su permanencia el poder: el petróleo, cediendo su soberanía accede a ser útil a la estrategia Trump para mantenerse en el poder y procurar desacelerar el impulso democratizador.

Las expectativas de la gente, en la madrugada del 3 de enero rápidamente quedaron desechas cuando Trump, en cuyas manos y caprichos ha quedado la transición real hacia la democracia, decidió dejar la misma estructura dictatorial en el poder, con la excepción de Maduro, y alimentar la falsa sensación de normalización de la situación generada y, al mismo tiempo, marginar a MCM, cabeza del sector mayoritario de la oposición.

Así que, por ahora, los Rodríguez aceptan los mandatos de Trump- Rubio como “un zapato que les aprieta”, pero van avanzando. Qué les será difícil mantener esa estrategia por su ambición de quedarse en el poder, les será difícil. La ruptura del país que el autoritarismo ha producido a lo largo de los 27 años en la que han estado organizando- desorganizando al país ha sido tan traumática que todo el país tiene la sensación de que los traumas producidos solo desaparecerán con la disolución definitiva del régimen.

Una aclaratoria necesaria: no es cualquier ruptura lo que se ha producido, Chavez y lo que ha sobrevenido después liquidó las certezas básicas, que se expresaron en seguridad alimentaria, seguridad personal, seguridad simbólica, en fin seguridad ontológica, esa que le producía al venezolano la tranquilidad de sentir continuidad, esa sensación que nada será interrumpido, incluso la vida misma, todo lo que fue la base fundamental del orden social y político que gozamos los venezolanos durante cuarenta años, a pesar de todo lo que criticamos a eso que peyorativamente, también empezamos a llamar “puntofijismo.

La constatación de esto es que la eficiente apropiación del miedo por parte de la dictadura durante ese largo periodo hoy ya no les funciona. La calle ha vuelto a ser el espacio que la gente ha empezado a llenar.

Pero claro, ellos continúan en el poder, pero, en una situación paradójica, pues al mismo tiempo que la vieja estructura dictatorial es reconocida por Trump, simultáneamente es amenazada por…. el mismo Trump y es que cualquier cosa se puede esperar del mandatario norteamericano.

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Frente a este entramado demasiado complejo, Trump y Rubio amenazan, pero están complacidos con la gestión de Delcy Rodríguez, dicen admirar a MCM, pero al mismo tiempo, la marginan y la sacan de juego, por lo menos por ahora, la responsabilidad sigue siendo la del pueblo venezolano, quien debe emprender la tarea de acelerar la transición hacia la democracia.

Pero en ese movimiento que debe trascender los cálculos trumpista de las etapas sin una cronología cierta, la figura de MCM es imprescindible que esta vez debe, eso si, deslastrarse de su “condición de liderazgo único”.

Eso no será fácil, la oposición también debe deslastrarse de sus prejuicios y de sus particulares agendas y de sus chaturas y mediocridad para enfrentar este momento político.

Pero es ella la que puede desmontar la falsa certidumbre que la narrativa trumpista ha construido sobre la sacralización del caos sino se deja al mando de esa fase del proceso iniciado el 3 de enero al mismo aparato dictatorial que destruyó al país durante 27 años.

A la pregunta de quién se hará cargo de las demandas de certidumbre y responder con eficacia a la disgregación insoportable que el chavismo ha producido, la respuesta es MCM la única, en este momento, que puede hacerse cargo de las demandas de encanto que la gente hace para conectarse afectivamente con la vuelta a la democracia. ¿Por qué? Porque ella, a diferencia, del resto de la oposición ha entendido que la política, al mismo tiempo, que se guía por intereses, también lo hace por pasiones, creencias y emociones.

Pero, debe regresar.

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