El empleo es, sin duda, una variable que no solo importa por la cantidad de puestos creados, sino por su calidad: salarios, estabilidad, protección social y posibilidades de ascenso. El Banco Mundial advierte en su último informe que la región ha avanzado poco en la calidad del empleo desde 2016, y que el gran desafío ya no es solo generar puestos de trabajo, sino ir en búsqueda de empleos productivos que lleven a un mejoramiento de las condiciones de vida y ayuden a disminuir la pobreza.
Para Venezuela, esta idea es especialmente importante, por cuanto generar empleo de calidad es un camino fundamental para recuperar el ingreso, elevar el consumo interno y abrir paso a una mayor productividad. El Banco Mundial señala que, en América Latina y el Caribe, el crecimiento económico aún es débil e incapaz de mejorar la calidad del empleo ante economías estancadas y una marcada falta de inversión. Superar esto exige tomar en consideración aspectos clave: la reconstrucción de las zonas devastadas por el doble sismo, la obligatoriedad de recuperar el sistema eléctrico nacional y la elevación de la producción petrolera que sirva de apalancamiento hacia otros sectores de la economía. Todo ello garantizando seguridad jurídica a los inversionistas y buscando oportunidades de financiamiento internacional que permitan generar progresivamente puestos de trabajo con otras características; es decir, empleos que tomen en cuenta al trabajador, su seguridad y su estabilidad laboral, acompañados de políticas de formación y evaluación permanente que reduzcan la alta informalidad laboral que caracteriza al país. Además, el Banco Mundial subraya que el empleo y los ingresos laborales adecuados abren la posibilidad de una mayor movilidad social.
En el caso venezolano, esa relación es todavía más delicada. La economía ha estado marcada por años de contracción, hiperinflación, alta informalidad y caída de la participación laboral, lo que ha debilitado la generación de empleos productivos y ha llevado el bienestar a niveles muy bajos. Cuando el empleo es precario, informal o de bajos ingresos, deja de elevar la productividad y pasa a sostener apenas la supervivencia y la rutina del día a día.
La calidad del empleo es fundamental para entender que no basta con «tener trabajo». El Banco Mundial define esta calidad a partir de los ingresos laborales, los beneficios, la satisfacción y la seguridad, advirtiendo que los avances en la mayoría de los países de la región han sido modestos o muy bajos. También destaca que la informalidad sigue atrapando a muchos trabajadores en puestos sin protección ni beneficios, lo que limita la acumulación de capital humano y las posibilidades de ascenso.
En Venezuela, esta situación se convierte en un problema con efectos aún más profundos. Un mercado laboral con baja participación, alta informalidad , ingresos erosionados lo cual reduce los incentivos para invertir en habilidades, dificulta la formalización empresarial y debilita la recaudación fiscal. El resultado es un círculo vicioso: los empleos de baja calidad frenan la productividad, y una productividad estancada impide crear mejores empleos.
El vínculo entre empleo y pobreza es directo. El Banco Mundial indica que pasar del desempleo al empleo eleva de forma importante la probabilidad de salir de la pobreza, pero también aclara que el trabajo precario mantiene a los hogares en la inseguridad económica. Por eso, en países como Venezuela, el desafío no es solo reincorporar personas al mercado laboral, sino hacerlo en condiciones que permitan sostener ingresos estables y mejorar la calidad de vida.
La calidad del empleo también tiene un impacto en las generaciones , Si los hogares dependen de trabajos informales o mal pagados, tienen menor capacidad para invertir en educación, salud y movilidad social. A largo plazo, esto limita la formación de una fuerza laboral más productiva y retrasa la recuperación económica.
¿Qué hacer?
Tomando en cuenta el enfoque del Banco Mundial para América Latina, Venezuela necesitaría una estrategia de empleo centrada en cuatro frentes:
Educación y formación técnica alineadas con las necesidades productivas actuales.
Reformas que favorezcan la formalización, la seguridad laboral y la estabilidad de los ingresos.
Mejores condiciones para la inversión privada y el emprendimiento, especialmente en sectores capaces de generar empleo local.
Una agenda de inclusión que reduzca las brechas de género y amplíe la participación laboral femenina.
En conclusión, el empleo puede ser una palanca decisiva para el crecimiento venezolano, pero solo si se mejora su calidad. El mensaje del Banco Mundial para América Latina es claro: más empleo ayuda, pero el verdadero salto ocurre cuando el trabajo se vuelve productivo, formal y capaz de sostener ingresos dignos.
Todo lo anterior pasa, sin duda alguna, por un cambio profundo en el sistema político actual, a modo de garantizar un plan integral para toda la nación. El ciudadano está agotado, con fastidio emocional y con la esperanza como su apuesta.
José Gregorio Figueroa
@Figueroazabala
Recuerda seguirnos en nuestra CUENTA DE INSTAGRAM Y LA CUENTA DE WHATSAPP


Comment here