El rugido de la libertad y el vuelo de la «Vaca Sagrada»
Si ajustamos hoy el espejo retrovisor hacia 1958, la imagen es potente y llena de esperanza. En Venezuela, el 23 de enero no fue un simple cambio de mando; fue el día en que el silencio impuesto por la dictadura de Marcos Pérez Jiménez se rompió con el repique de las campanas y las bocinas en las calles.
Fue la madrugada en la que el avión presidencial, apodado irónicamente la «Vaca Sagrada», despegó hacia el exilio, dejando atrás una estela de libertad recuperada. Ese día, el espíritu de unidad entre civiles y militares nos recordó que la democracia no es un regalo, sino un músculo que se ejercita con coraje. Mirar atrás hoy nos invita a valorar ese «espíritu del 23 de enero»: la convicción de que el destino de un país le pertenece a su gente.
Del lienzo impresionista al sueño surrealista
Pero la historia, siempre caprichosa, también decidió que este día fuera para el arte. En 1832, nacía Édouard Manet, el rebelde que escandalizó a París y sentó las bases del Impresionismo. Manet nos enseñó a mirar la realidad sin filtros, con pinceladas de luz.
Música en las Tullerías (1862)
Curiosamente, un 23 de enero, pero de 1989, el mundo perdía la mirada más extravagante del siglo XX: fallecía Salvador Dalí. El hombre de los relojes blandos y los bigotes desafiantes se marchaba, dejando claro que la realidad es apenas una sugerencia y que el surrealismo es, quizás, la forma más honesta de libertad. Hoy el retrovisor nos muestra que, mientras unos luchaban por la libertad en las calles, otros la conquistaban en el lienzo.
El abismo más profundo
En 1960, la humanidad decidió que no bastaba con mirar al cielo. El batiscafo Trieste, tripulado por Jacques Piccard y Don Walsh, descendió a lo más profundo del océano: la Fosa de las Marianas. Casi 11 kilómetros bajo el mar. Un recordatorio de que, tanto en la política como en la ciencia, los seres humanos estamos diseñados para explorar los límites de lo posible, incluso en la oscuridad total.
Dulzura y caligrafía en el camino
Para suavizar la intensidad histórica, el mundo celebra hoy cosas maravillosas:
- Día Mundial de la Escritura a Mano: Un recordatorio necesario en nuestra era de teclados de que nuestra letra es nuestra huella digital del alma.
- Día Nacional del Pie (Pay) en EE. UU.: Porque después de tanta revolución y profundidad marina, siempre viene bien una tarta de manzana.
Reflexión en el camino
El 23 de enero nos enseña que la historia se escribe con valentía, pero se adorna con arte. Es el día en que Venezuela aprendió a ser libre de nuevo, el día en que Dalí se volvió eterno y el día en que tocamos el fondo del océano solo para demostrar que podíamos subir de nuevo. Al final, mirar por el retrovisor nos sirve para entender que la libertad, como la buena caligrafía, requiere pulso, intención y, sobre todo, no tener miedo a la hoja en blanco.
¡A seguir construyendo camino! Esperando más que nunca que Venezuela sea realmente LIBRE
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