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La autonomía municipal: Una responsabilidad que se construye todos los días. Por: Engels Espina Molero

Cada 26 de mayo, en Almirante Padilla, se conmemora el Día de la Autonomía Municipal, una fecha que invita no solo a recordar un hecho histórico y administrativo, sino también a reflexionar sobre el verdadero significado de gobernar desde lo local y para la gente. El municipio alcanzó oficialmente su autonomía el 26 de mayo de 1989, luego de haber pertenecido durante décadas al entonces distrito Mara.

Más allá de los actos protocolares o de los mensajes institucionales, esta fecha debe convertirse en una oportunidad para valorar el esfuerzo de quienes lucharon para que nuestro municipio alcanzara su independencia administrativa y pudiera comenzar a escribir su propia historia política y social.

Hablar de autonomía municipal es hablar de identidad, dignidad y capacidad de decisión. Un municipio autónomo no es solamente aquel que cuenta con autoridades elegidas popularmente; es aquel que tiene la posibilidad de construir soluciones desde su propia realidad, priorizar las necesidades de su pueblo y defender sus intereses con visión de futuro.

Pero toda conquista histórica tiene nombres que merecen ser recordados. En el caso de Almirante Padilla, resulta imposible hablar de autonomía municipal sin reconocer la lucha incansable del maestro Alciro Amado Pereira, quien se convirtió en una de las voces más firmes y comprometidas en defensa de este propósito colectivo. Diversas referencias históricas destacan que promovió activamente la autonomía de las islas y logró concretarla en 1989.

Su liderazgo, perseverancia y capacidad de gestión fueron fundamentales para que aquel sueño de autonomía dejara de ser una aspiración y se convirtiera en realidad. Quienes conocen la historia de nuestro municipio saben que la creación de Almirante Padilla no fue producto de la casualidad ni de una decisión improvisada. Fue el resultado de años de insistencia, debates y esfuerzos adelantados por hombres y mujeres que entendieron la necesidad de darle al territorio una administración propia y mayor capacidad para responder a las necesidades de la comunidad.

Aún hoy conservo entre mis archivos uno de los documentos más valiosos de aquella etapa histórica: el discurso pronunciado por el maestro Alciro  Amado Pereira en la extinta Asamblea Legislativa del estado Zulia aquel 26 de mayo de 1989. Leer esas palabras, incluso después de tantos años, sigue transmitiendo el mismo sentimiento de esperanza, pertenencia y convicción con el que se defendió la autonomía municipal ante los diputados de la época.

Ese discurso no representaba únicamente una solicitud administrativa; representaba el anhelo profundo de un pueblo que reclamaba reconocimiento, participación y oportunidades para construir su propio destino. Allí estaba reflejada la voz de una comunidad trabajadora, orgullosa de sus raíces y decidida a luchar por un futuro mejor.

Desde mi experiencia como exconcejal de Almirante Padilla, comprendí que gobernar desde lo local significa enfrentar diariamente las realidades más cercanas de la ciudadanía. El municipio es la primera puerta a la que acuden las comunidades cuando necesitan respuestas. Allí llegan las preocupaciones relacionadas con los servicios públicos, las vías, la educación, la salud y las oportunidades para nuestros jóvenes.

Por eso, la autonomía municipal no puede verse únicamente como una fecha histórica o una celebración simbólica. Debe entenderse como una responsabilidad permanente. Porque tener autonomía implica también fortalecer las instituciones, mejorar la planificación territorial y actuar con transparencia y compromiso social.

A pesar de los años transcurridos desde la conquista de la autonomía municipal, aún existen grandes desafíos que deben enfrentarse con responsabilidad y compromiso. Las comunidades siguen esperando mejores oportunidades, mayor inversión social, fortalecimiento institucional y proyectos que permitan impulsar el desarrollo integral del municipio. La autonomía no debe limitarse a una figura administrativa; debe traducirse en bienestar y progreso para la gente.

Sin embargo, quienes amamos profundamente esta tierra sabemos que Almirante Padilla tiene la fuerza necesaria para salir adelante. Nuestro municipio posee una enorme riqueza humana, cultural e histórica. Sus tradiciones, su gente trabajadora, el espíritu luchador de las comunidades insulares y el talento de nuestra juventud siguen siendo la mayor esperanza para construir un mejor futuro.

Hoy me encuentro lejos físicamente de Venezuela y de Almirante Padilla, pero jamás lejos de sus recuerdos, de su historia ni de su gente. Porque quien nace amando esta tierra nunca se desprende verdaderamente de ella. Cada conversación, cada recuerdo y cada noticia del municipio mantiene vivo el compromiso que siempre he sentido con nuestra comunidad.

Y tengo la firme convicción de que muy pronto volveré a reencontrarme con mi pueblo, a caminar nuevamente sus calles, a escuchar a su gente y a trabajar junto a todos aquellos que sueñan con recuperar el municipio que merecemos. Estoy seguro de que unidos, dejando a un lado las diferencias y pensando primero en el bienestar colectivo, podremos levantar nuevamente a Almirante Padilla y devolverle el progreso, la esperanza y la dignidad que siempre han caracterizado a nuestra tierra.

Hoy, al conmemorarse nuevamente esta fecha histórica, debemos rendir homenaje a quienes hicieron posible este logro. Recordar al maestro Alciro Amado Pereira es también reconocer a toda una generación que luchó para que Almirante Padilla tuviera voz propia y mayores posibilidades de desarrollo.

Las nuevas generaciones tienen el deber de conocer esa historia, no solo para valorar el pasado, sino también para entender que los municipios se construyen con liderazgo, esfuerzo y sentido de pertenencia. La autonomía municipal no debe celebrarse únicamente como un acontecimiento del calendario. Debe defenderse todos los días mediante instituciones fuertes, participación ciudadana y gobiernos locales capaces de responder con dignidad y eficiencia a las necesidades de su pueblo.

Porque el futuro de nuestros territorios comienza precisamente allí: en la capacidad de los municipios para creer en sí mismos, honrar su historia y trabajar unidos por el bienestar de su gente.

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