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«La fruta madura» Por Aylen Bucobo

“Madurar es entender que no todo es perfecto para poder ser feliz”

Madurar es una palabra que escuchamos a lo largo de nuestra vida.

Madurar es como cuando una fruta madura, porque significa que alcanza el punto en el que se transforma por dentro. Al igual sucede con nosotros, maduramos cuando nos transformamos en nuestro interior y respondemos con sensatez a las situaciones y desafíos que nos pone la vida.

A medida que crecemos vamos adquiriendo experiencias, lo cual no significa que vayamos madurando, porque podríamos estar almacenando sabiduría.

Muchos vivimos en un mundo imaginario y cuando ese mundo es tocado por la realidad, es cuando nos damos cuenta que madurar no es solo acumular conocimientos, sino tener el valor de enfrentar la vida, de soltar viejas creencias que ya no sirven y dejar ir sufrimientos, personas y objetos que no nos hacen bien.

En otras palabras, madurar es el arte de desaprender, que nos hace liberarnos de ideas, preceptos o imposiciones y que discrepa con la idea tradicional de que crecer significa solo acumular cosas, como títulos, experiencias y certezas.

Cuando somos niños absorbemos todo como una esponja y eso nos sirve para sobrevivir, pero a medida que vamos creciendo y nos convertimos en adultos, tenemos la oportunidad de elegir qué seguimos cultivando o no de todo eso que nos impregnamos en la infancia.

Es decir, decidimos si nuestro éxito emocional se sigue basando en todo lo que aprendimos o, por lo contrario, empezamos a desechar viejas creencias para sumar nuevas que nos ayuden a evolucionar. Es como una paradoja de la madurez.

Alguna vez leí que “desaprender es apagar nuestro piloto automático” y es quitarle peso a la mochila, porque muchas de nuestras reacciones, como miedos, inseguridades, formas de discutir no son propiamente nuestras, son comandos que heredamos de la infancia, de la escuela, del hogar o relaciones pasadas.

Esto nos lleva a tener un choque con nuestro Ego, porque desaprender duele, debido a que implica admitir y reconocer que posiblemente en eso que creíamos ciegamente hace cinco años, hoy no nos representa. Por tanto, requiere la humildad de aceptar que quizás estábamos equivocados.

No puedes saborear un café nuevo si tu taza sigue llena del café viejo. Primero hay que vaciarla.

Para que un árbol de frutos nuevos y sanos, hay que cortar las ramas viejas y secas, para que crezcan las nuevas.

A medida que vamos viviendo nuevas experiencias nos vamos dando cuenta que en el presente no se vive igual y no es lo mismo a lo que aprendimos de niño. Es como cuando pensamos que pedir ayuda es de débiles hasta que nos sucede algo y vemos que es todo lo contrario. Allí, estamos dejando atrás una creencia antigua.

Aprender quizás es siempre fácil, pero desaprender es un acto de valentía. Además, produce un alivio cuando dejamos ir creencias que nos limitaban.

Madurar no es volverse sabio o saberlo todo, es volverse alguien más liviano y flexible.

Madurar no es acumular, es aprender a soltar.

Es un proceso de evolución que implica asumir nuestra responsabilidad frente a la vida, a las emociones y decisiones, es una transformación de nuestra manera de pensar.

Pregúntate:

¿Lo que soy hoy es cien por ciento sólo lo que me enseñaron a ser?

Escrito por Aylen Bucobo / En todas las Redes Sociales @aylenbucob

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