Hoy, en medio de una ofensiva a fondo del liberalismo en el mundo, pero especialmente en América Latina, el progresismo, la izquierda, no sale de su laberinto, incapaz de rediseñar su discurso y sus formas de acción. Algunos de los gobiernos progresistas surgidos en este siglo en nuestra región se dedicaron más a defender lo logrado, muy incipiente, que a profundizar los cambios y sembrar futuro (no tienen nada que aportar).
Si a principios de siglo se registraba un vacío en el espacio político, ocupado por fuerzas conservadoras, hoy pareciera que la población joven, influenciada por la economía de consumo y las redes sociales, ha perdido referentes políticos que defiendan a los progres en su discurso tradicional: el Estado, las políticas redistributivas, el desarrollo humano, el medio ambiente y los derechos humanos de las minorías; el caso venezolano, por decir, vulgarmente, los mató en el escenario político, y será por muchos años. Esas propuestas de: un modelo de desarrollo solidario, levantado sobre seis ejes, que proponía la superación de la desigualdad social, fueron insustentables en tiempo y espacio, y temas ligados a principios y valores de la sociedad como el aborto, la LGTBI y sus actividades conexas entre otras, se convirtieron en escollos difíciles de vencer. La pelea contra la Iglesia Católica desarrolló, de manera inequívoca, en una sociedad con una cultura bien marcada por el aspecto religioso, el cristianismo, (el 90% de su población) un rechazo absoluto. Fidel, Chávez Daniel y Maduro se encargaron de exprimir un discurso que se trasladó a acciones delictivas y antihumanas.
Hay que reconocer, también, la debilidad gubernativa de todos los últimos gobiernos progresistas que dejaron a sus países con un mínimo de crecimiento económico y con altos índices de inconformidad social. Con mandatarios que se impusieron en elecciones, pero muy rápidamente perdieron apoyo popular en el poder. Con rotundos fracasos como el de Alberto Fernández en Argentina o Gabriel Boric en Chile, entre otros, “embajadores” del progresismo.
Las claves de la crisis del progresismo quizá anidan en su propio origen, en su discurso falsario y en su entreguismo ideológico en defender lo indefendible.
Desde el punto de vista político e ideológico la “izquierda”, que por cierto de progresismo solo tiene el apodo, representaría la lucha por la justicia social, (ya vemos que NO), como su fundamentación radical en la lucha para llegar al poder, y en oposición a la “derecha” que representaría la antítesis política a sus ideas. Pero, la verdad es, así lo demuestra la historia, que esta izquierda, que sustancialmente recibe el nombre de socialismo o comunismo, (total, para el inquilino del infierno, Fidel, es la misma cosa) no es otra cosa que un fracaso estructural del accionar, no solo en el campo político, sino que abarca los escenarios económicos, sociales, culturales, éticos, entre otros.
La izquierda, hoy progres (creen que así pueden engañar más fácil), desde su nacimiento propiamente subjetivo, durante los acontecimientos reales y de la dinámica estructural de la Revolución Francesa, significó para el mundo un verdadero fracaso institucional (reinado del terror) porque incentivó como filosofía de acción la persecución implacable y la muerte de quienes estaban en posiciones de poder durante la monarquía de LUIS XVI, hechos estos realizados sin ningún tipo de objetividad y que originó, en los años posteriores, la muerte en la guillotina [creada por ellos mismos] de los principales dirigentes de su grupo político denominado “JACOBINOS”. Estos grupos de izquierda, progres, han ido de fracaso en fracaso en su diacronía política por el poder. Su principal enemigo es el discurso recurrente, populista y retrógrado, dibujado con elipses y parábolas como cervantes engalanaba su verbo, pero enraizado en falsos programas que no pasan de la sola experiencia teórica.
En Venezuela, (desde el caos surgido por la “izquierda progresista” en la URSS y luego en CUBA, con sus acciones para imponer a como dé lugar el comunismo en los países que lo integraron), Chávez y Maduro sabían el camino que recorrían, estaban comprometidos con esas “utopías bufónicas” aprendidas como verdaderas concepciones ideológicas; forjaron el deterioro de la población cuya caída en desgracia, se caracterizó por el hambre, la miseria y la muerte; y, como contraprestación inmediata se generó una marcada riqueza impropia e ilícita de la élite gobernante, a través de una corrupción institucional y la participación efectiva de civiles y militares en el tráfico de drogas, oro, uranio, entre otros delitos con la utilización de los recursos y bienes del estado, y una persecución inclemente contra la disidencia política con una violación a los DD.HH de proporcionalidad comparada con el Archipiélago de Gulag ¿No había pasado lo mismo con la URSS y CUBA?
En Venezuela se desquiciaron por completo, como pensaron que controlaban el poder a su antojo, usaron como pantalla artificial, aquello de la premisa “del no se notará” demostrándole al mundo su poder, y, realizaron un proceso electoral con todos los vicios posibles y fue tal la paliza recibida que se robaron las elecciones, como guinda decorativa de su maldad, para garantizar la impunidad del estado. Allí estuvo su final. El daño causado es inauditable a lo interno; es probable que la comunidad internacional y los organismos acreditados consustanciados con estos temas, puedan ayudarnos al rescate de los ingentes recursos sustraídos delincuencialmente.
La razón fundamental del por qué esa izquierda autodenominada progresista es basura, surge “del choque entre una cosmovisión secular basada en el cambio social, la autonomía individual y el relativismo moral, frente a la moral tradicional, la autoridad bíblica y los dogmas del cristianismo histórico”. Los conflictos principales radican en la defensa de temas como el aborto, la ideología de género y la redefinición de la familia, que contradicen las enseñanzas doctrinales cristianas. El progresismo busca la transformación social basada en la subjetividad de la dignidad humana, mientras que los cristianos nos basamos en verdades morales objetivas, la dignidad como irreversible potencia de la persona humana, la soberanía de Dios y la tradición. Loa progres desafían y reinterpretan las escrituras, viéndolas como un libro histórico y de “manera utilitaria”, alejándose de la visión cristiana histórica que la considera la palabra autoritativa de dios. Es decir, los movimientos progres ven al cristianismo tradicional como un obstáculo para su agenda social, etiquetándola de retrograda o contrario a la ciencia. Se radicalizan en la defensa de temas como el aborto, el matrimonio igualitario y la ideología de género, puntos que chocan con la postura cristiana tradicional sobre la vida y la familia.
La izquierda en el mundo civilizado no tiene presente y futuro, simplemente desaparecieron del mapa y pasaron a la historia como un modelo fracasado, anti libertario y antiprogresista y anti axiológico. La izquierda progre gobernante asoló, con el implante recibido, al país más pujante del continente; país que fue ejemplo en el mundo y lo convirtieron en el más pobre y corrupto del mundo; y además causó, ante las lágrimas de demócratas del mundo, la mayor migración de su pueblo, más de un 40% de sus habitantes, en los últimos 10 años y la mayor vergüenza de sus gobernantes.
Es bueno señalar, el trabajo fecundo, inteligente, estratégico y con resultados favorables en el corto plazo que vienen realizando nuestra líder María Corina Machado; <ella está clara en la lucha entre el bien (los cristianos) y el mal (los progres)> y nuestro presidente electo Dr. Edmundo Gonzáles Urrutia, para rescatar a nuestro país de este régimen, hoy convertido en un tutelaje de personas de muy baja reputación, inescrupulosos, opuestos a una verdadera transición política democrática.
Profesor Universitario
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