Nelson Mandela tomo una de las decisiones más difíciles y valientes de la política contemporánea:
Negarse a reproducir la dominación que había sufrido. En un país desgarrado por el apartheid, con heridas abiertas y décadas de humillación acumulada. Mandela pudo haber impulsado un apartheid invertido, una revancha histórica, donde los oprimidos pasaran a ocupar el lugar de los opresores. No lo hizo. Y ese gesto cambió el destino de Sudáfrica.
En Venezuela, donde la polarización ha moldeado identidades políticas rígidas y resentimientos cruzados, esa lección es más urgente que nunca.
El momento decisivo.
En Invictus, la película que retrata los primeros años de Mandela en el poder, hay una escena que explica su visión con plena claridad pedagógica. Su propio partido exige eliminar los símbolos de los SPRINGBOKS, el equipo nacional de Rugby asociado al apartheid. Para muchos, era un acto de justicia simbólica, para Mandela era un error histórico.
» Si les quitamos lo que aman , nunca nos perdonaran » advierte. Y tenía razón..!!
Mandela entendía que la transición no podía construirse sobre la humillación del otro, sino desmontando la estructura misma de dominación. Sabía que la estabilidad futura dependía de integrar, no de expulsar.
LA TENTACIÓN VENEZOLANA
Venezuela, vive una fractura distinta, pero igual de profunda. Más de dos décadas de confrontación han producido un ecosistema emocional donde la política se percibe como un campo de venganza. Desde todos los sectores, la tentación de » cobrar» políticamente – de excluir, purgar, borrar al adversario – aparece como una respuesta natural al daño acumulado.
Pero esa no es la ruta que conduce a la democracia. Conduce a un ciclo interminable de dominación alternada.
La transición venezolana, cuando llegue, enfrentará un dilema similar al que enfrentó Mandela:
Queremos un país reconstruido o un país invertido?
Mandela no fue conciliador por ingenuidad, lo fue por estrategia.
Comprendió que:
Sudáfrica no podía gobernarse sin quienes habían controlado el Estado, la estabilidad requería sumar , no sustituir. La reconciliación era un instrumento de poder, no un sermón moral. La fortaleza de su liderazgo transformacional consistió en contener el resentimiento colectivo y convertirlo en un gran proyecto nacional. Éste es el tipo de liderazgo que requiere Venezuela, capaz de metabolizar el dolor sin convertirlo en programa de gobierno.
En Venezuela , si se quiere evitar que su futuro sea un espejo invertido del pasado se deben asumir algunas verdades incómodas:
No habrá democracia sostenible si la transición se convierte en un ajuste de cuentas, no habrá estabilidad si se excluye a sectores enteros de la vida pública nacional y no habrá reconciliación si se confunde justicia con humillación.
La reconstrucción venezolana exige un liderazgo que entienda que la política no puede seguir siendo un campo de revancha, ni un escenario de duelos a muerte, si no un espacio de reinvensión colectiva.
Mandela, apostó a un país que no existía y Venezuela necesita un liderazgo, capaz de hacer lo mismo, que entienda, que la transición no será posible si se convierte en revancha.
ESE ES EL RETO, ÉSE ES EL DESAFÍO…Y TAMBIÉN LA GRAN OPORTUNIDAD..!!
HASTA LA PRÓXIMA ENTREGA.
POLITÓLOGO JULIO URRIBARRI FONSECA.
DOCTOR EN CIENCIA POLÍTICA .
PROFESOR UNIVERSITARIO.
SIGUE NUESTRO CANAL CAIGA QUIEN CAIGA Aquí estarás informado de los últimos acontecimientos informativos de la región zuliana y el mundo.
👇🏼 👇🏼 👇🏼
Comment here