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Niño Guerrero, de una barriada de Venezuela a aterrorizar América Latina con el Tren de Aragua

Héctor Rutherford Guerrero Flore, el Niño Guerrero, cumplió 42 años en diciembre pasado, bastante más de los 30 años de vida que suelen esperar a los nacidos en los barrios populares de Venezuela. Gobernó en la cárcel donde purgaba un homicidio rodeado de un ejército de guardianes; desde allí expandió su banda, el Tren de Aragua, por América Latina. Niño Guerrero murió esta semana tras un “ataque militar rápido y letal” coordinado entre Estados Unidos y Venezuela, según anunció Donald Trump el viernes por la noche y confirmó tiempo después el Gobierno de Delcy Rodríguez.

Por El PAÍS

Héctor Rutherford Guerrero Flores comenzó temprano su carrera criminal. Con apenas 17 años, en su ciudad natal Maracay, a unos 100 kilómetros de Caracas, ya estaba involucrado en el microtráfico de drogas y se le responsabilizaba por asesinatos de policías. En documentos judiciales se señala que el 3 de septiembre de 2025, sin mediar palabra, abrió fuego contra una patrulla que le dio la voz de alto en el barrio 24 de Junio del Estado de Aragua, en el centro del país. Mató a un uniformado e hirió a otro.

Cinco años después de haberlo asesinado, Guerrero fue capturado por otros policías que investigaban robos en quintas de Maracay. A los funcionarios les pareció sospechosa la reunión de tres hombres frente a una licorería que intercambiaban paquetes. Entre ellos estaba Guerrero, a quien le incautaron una pistola, drogas, relojes robados, municiones y billetes de diferentes países.

Dos años más tarde se fugó de la cárcel de Tocorón con la ayuda de su hermano, un cuñado y unos guardias a los que pagó 400 dólares. Entonces ya era uno de los jefes principales de la prisión, o pranes, como se le llama en Venezuela . Salió de madrugada por la puerta principal de la cárcel y se ocultó en una ciudad de los llanos venezolanos, hasta que una comisión policial, casi un año después, lo detuvo en un puesto de control cuando iba con otros tres hombres en un carro con una matrícula falsa.

En Tocorón había construido su propio parque temático carcelario. Había piscina, una discoteca llamada Tokio, un zoológico con un exótico pavo real albino, el restaurante La Sazón del Hampa, un estadio de béisbol que llamó Tren de Aragua y terminales bancarias para el pago de “la causa”, una cuota obligatoria semanal que debían hacer los presos a cambio de seguridad. Todo este imperio, que por años funcionó sin que las autoridades intervinieran, fue demolido en 2023 durante un operativo militar del que Guerrero pudo escapar.

El Niño Guerrero hizo de la extorsión su sello. Alrededor de la cárcel, empresas y habitantes también debían pagarle. Se lucraba de extorsionar, por ejemplo, a las academias de prospectos de las Grandes Ligas que funcionaban en la zona. Lo mismo hizo cuando expandió su organización por Colombia, Perú, Chile y Estados Unidos. El cobro de “vacunas” a comerciantes fueron las primeras señales que detectaron las autoridades de otros países en los que el Tren de Aragua se convirtió en un grave problema. La banda también comenzó a dedicarse al tráfico de migrantes y así amplió su radio de acción.

El chavismo negó por años la existencia del Tren de Aragua. Pero cuando en 2023 el Gobierno tomó Tocorón, dijo que la banda había sido desmantelada. Niño Guerrero, en tanto, había desaparecido del mapa. Pocos meses después se supo que estaba resguardado en las minas del sur de Venezuela, precisamente en el enclave de Las Claritas, donde varios de los “socios” con los que fundó el Tren de Aragua, como Yohan “Petrica” Romero, controlaban el negocio de la minería ilegal en complicidad con autoridades de la zona.

El escurridizo Niño Guerrero había encontrado un nuevo escondite de oro que le dio sobrevida a sus operaciones en prisión. Los acuerdos con funcionarios del Gobierno fueron clave para que hiciera del Arco Minero del Orinoco su santuario. Hasta la campaña electoral de Maduro, con la imagen de Súper Bigote —el superhéroe que era parte de su propaganda política— llegó a las vigiladas y lejanas minas de Las Claritas, de acuerdo con una investigación de Insight Crime. Durante las elecciones del 28 de julio de 2024, a los mineros se les coaccionó para votar por el hoy presidente preso.

Alberto News

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