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Simulacros y la ilusión de la prevención: ¿existe una verdadera cultura antisísmica en Venezuela?

El ingeniero y presidente de la Sociedad Venezolana de Geólogos, Feliciano de Santis, alertó que el país carece de políticas sostenidas, buena infraestructura y de una educación obligatoria para hacer frente a los fenómenos naturales

Los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron recientemente la región central de Venezuela dejaron un número de víctimas que ya se acerca a los 5.000 fallecidos y supera los 16.000 heridos. Con familias removiendo escombros con sus propias manos y más de 17.000 personas sin vivienda, la catástrofe no solo mostró la vulnerabilidad física de las estructuras, sino que ha reavivado una interrogante incómoda pero urgente: ¿existe realmente una cultura antisísmica en el país?

A pesar de que 80% de la población venezolana habita en zonas de alta amenaza sísmica —sobre los sistemas de fallas de Boconó, San Sebastián y El Pilar—, existe en la población la percepción generalizada de que no hay un entrenamiento real y que no se enseña lo suficiente qué hacer durante un terremoto.

80% del asentamiento poblacional en Venezuela coincide con las regiones geográficas de mayor peligro y amenaza telúrica | Imagen Funvisis

El ingeniero y presidente de la Sociedad Venezolana de Geólogos, Feliciano de Santis, ofrece una visión bastante realista sobre el panorama nacional, pues señala que uno de los mayores problemas en naciones donde los sismos destructores ocurren muy espaciados en el tiempo es que la cultura antisísmica se pierde, lo que trae como consecuencia que la prevención quede fuera de las prioridades de la gente.

“Se hacen esfuerzos. De vez en cuando tú ves a alguien que hace un simulacro de evacuación, alguien por aquí publica unas recomendaciones, pero no forma parte de unas políticas sostenidas en el tiempo y ahí es donde está el detalle“, advierte De Santis.

El especialista sostiene que las personas deben insistir, a través del desarrollo del tejido de la sociedad civil y a través de un fortalecimiento de las instituciones, hasta lograr llegar a políticas sostenibles. También afirma que es urgente implementar materias obligatorias en la formación de los jóvenes y realizar simulacros de evacuación periódicos y vinculantes.

“Debe ser obligatorio. Yo creo que debe haber materias en la formación de los muchachos para que manejen estos temas. Por otro lado, debe ser obligatorio cada cierto tiempo hacer los simulacros de evacuación. Debe haber cumplimiento de toda la normativa a nivel de las edificaciones, sobre todo las edificaciones educativas y hospitalarias”, insiste.

De Santis asegura que aunque la percepción de muchas personas es que la cultura antisísmica es muy pobre y han expresado miedo ante los temblores después de los terremotos recientes, no se está interpretando bien el problema de fondo: la infraestructura.

El ingeniero Feliciano de Santis sostiene que debe haber materias en la formación de los estudiantes para que manejen temas relacionados con los sismos | Foto EFE

“No se justifica a estas alturas, con todo el estado del arte (nivel avanzado de conocimiento y tecnología) que hay, que los hospitales sigan sufriendo, que las escuelas sigan sufriendo cuando ocurre un sismo. Entonces, es un tema complejo, multidisciplinario, que abarca muchas aristas, porque ¿de qué sirve que entrenemos a los muchachos en evacuación, en autoprotección, si tenemos unas edificaciones vulnerables? O sea, sería como engañar, como vender una falsa expectativa. Si yo te estoy poniendo a estudiar en una edificación súper vulnerable, las medidas pueden ayudar, pero no son determinantes. Entonces, el problema es de fondo”, explica.

El ingeniero también considera injustificable que hospitales y escuelas del país sigan sufriendo daños severos ante cada sismo y que las alcaldías, encargadas de otorgar los permisos de construcción, sufran severas deficiencias técnicas y de supervisión en la cadena de ejecución, por lo que sostiene que es imperativo un doble control donde oficinas externas revisen los proyectos estructurales.

“Son demasiados temas los que engloban el comportamiento o la reducción de la vulnerabilidad, que va a todos los niveles. Desde la persona que pone un matero en un esquicio de una ventana hasta tener una norma sismorresistente a la altura de las exigencias o del estado del arte del mundo, pero también el cumplimiento, y aquí entran en juego las alcaldías. Estas tienen que adecuarse, empezar a exigir más, tener cuerpos técnicos que revisen los proyectos y, si no lo pueden revisar, bueno, que subcontraten oficinas de ingeniería que lo hagan. Pero tiene que haber un cambio de barajeo del juego completamente”, explica.

De Santis sostiene que hospitales y escuelas en el país sufren daños severos ante cada sismo | Foto EFE

También mostró su preocupación por la vulnerabilidad acumulada. De Santis señala que el crecimiento sin control de las barriadas populares mediante la autoconstrucción representa niveles de riesgo inmensos. Si bien en el último sismo las zonas marginales de roca firme no sufrieron el impacto mayor, el riesgo latente en un sismo con epicentro cercano a Caracas sería desastroso. Aunque rehabilitar todo el parque inmobiliario antiguo es económicamente utópico, el experto enfatiza en un “punto cero”: no seguir sembrando vulnerabilidad hacia el futuro.

“Es muy difícil pensar que se puedan hacer rehabilitaciones estructurales de todos los edificios viejos, porque eso es utópico. No lo logran ni siquiera países con mucha más riqueza que la nuestra y con mucho más orden institucional, pero sí definitivamente podemos empezar por que los nuevos edificios estén a la altura del mundo”, dice.

“Y con los viejos, ahí hay que discernir un poco. Si hay alguna edificación extremadamente vulnerable, se tendrá que obligar a los dueños o a los residentes a que se haga el proyecto de adecuación estructural, de rehabilitación estructural. Si más o menos cumple con la normativa, ni modo, tiene que mantenerse allí porque no es factible que se pueda hacer eso para todos los edificios. Yo me conformaría con que no sigamos sembrando vulnerabilidad. O sea, hay que empezar desde un punto cero, donde no sigamos sembrando vulnerabilidad”, agrega.

El rol de Funvisis

Funvisis posee un robusto bagaje técnico y científico. Desde su creación en 1972 tras el terremoto de Caracas de 1967, ha desarrollado herramientas clave como el Mapa de Amenaza Sísmica y rigurosas metodologías basadas en la ley de recurrencia sísmica de Gutenberg-Richter.

Funvisis ha desarrollado herramientas clave como el Mapa de Amenaza Sísmica

En el ámbito de divulgación, Funvisis cuenta con programas históricos notables, entre ellos el Aula Sísmica Madeleilis Guzmán, un proyecto con más de 20 años enfocado en dictar talleres de prevención. Sin embargo, su metodología tradicional se basa en formar docentes, directivos  y miembros de la comunidad educativa (en lugar de a los alumnos directamente) para que actúen como “multiplicadores”, evitando repetir visitas a las mismas escuelas para no saturar su capacidad. El programa dicta aproximadamente 180 talleres anuales.

En instituciones y organismos, se capacita a universidades, empresas, ministerios, cuerpos de bomberos y funcionarios de Protección Civil. En las comunidades organizadas, dan atención a consejos comunales, grupos religiosos, asociaciones civiles y comunidades en general que soliciten la asesoría.

Asimismo, el Aula Sísmica utiliza el “Método Cascada”, que busca la multiplicación masiva del conocimiento a través de redes de facilitadores integradas por funcionarios de instituciones del Estado (Protección Civil y Administradores de Desastre, Cuerpos de Bomberos, Fuerza Armada, Policía Nacional Bolivariana, Ven 911, etc). Este servicio permite llevar protocolos de autoprotección a las zonas más vulnerables y alejadas del país. 

El “Método Cascada” busca la multiplicación masiva del conocimiento | Imagen Funvisis

Recientemente, en abril de este año, implementaron este plan en la región oriental (Anzoátegui, Sucre, Monagas y Nueva Esparta), logrando alfabetizar a 2.113 personas en escuelas y organismos de primera respuesta.

El Método Cascada fue implementado en abril de este año en la región oriental de Venezuela

Más allá de la charla teórica, el programa ofrece dotación de material didáctico que facilita la enseñanza de la prevención. Dan asesoría para la elaboración de planes de contingencia institucionales y su posterior validación técnica. Guían y dan acompañamiento en la realización de simulacros de desalojo en escuelas y empresas.

Además, en Caracas, en la parroquia 23 de Enero, está ubicado el Museo Sismológico, dentro de las instalaciones del Observatorio Naval Juan Manuel Cagigal, que cuenta con una exhibición interactiva permanente llamada ¡Habla Tierra! Venezuela, país sísmico en la Sala N° 1 del Museo de Ciencias, en la Plaza Los Museos, Los Caobos. 

Dentro del Museo Sismológico de Caracas, el Aula Sísmica tiene espacios especializados: Aula Sísmica Flor Ferrer de Singer, un salón de clases diseñado para proyectar videos educativos y realizar simulacros de desalojo inmediatos.

Posee asimismo un simulador de sismos: una plataforma metálica que recrea un sismo de magnitud 5,9 que permite a los participantes practicar la autoprotección en un entorno controlado

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Simulacros y la ilusión de la prevención: ¿existe una verdadera cultura antisísmica en Venezuela?

El ingeniero y presidente de la Sociedad Venezolana de Geólogos, Feliciano de Santis, alertó que el país carece de políticas sostenidas, buena infraestructura y de una educación obligatoria para hacer frente a los fenómenos naturales

Los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron recientemente la región central de Venezuela dejaron un número de víctimas que ya se acerca a los 5.000 fallecidos y supera los 16.000 heridos. Con familias removiendo escombros con sus propias manos y más de 17.000 personas sin vivienda, la catástrofe no solo mostró la vulnerabilidad física de las estructuras, sino que ha reavivado una interrogante incómoda pero urgente: ¿existe realmente una cultura antisísmica en el país?

A pesar de que 80% de la población venezolana habita en zonas de alta amenaza sísmica —sobre los sistemas de fallas de Boconó, San Sebastián y El Pilar—, existe en la población la percepción generalizada de que no hay un entrenamiento real y que no se enseña lo suficiente qué hacer durante un terremoto.

80% del asentamiento poblacional en Venezuela coincide con las regiones geográficas de mayor peligro y amenaza telúrica | Imagen Funvisis

El ingeniero y presidente de la Sociedad Venezolana de Geólogos, Feliciano de Santis, ofrece una visión bastante realista sobre el panorama nacional, pues señala que uno de los mayores problemas en naciones donde los sismos destructores ocurren muy espaciados en el tiempo es que la cultura antisísmica se pierde, lo que trae como consecuencia que la prevención quede fuera de las prioridades de la gente.

“Se hacen esfuerzos. De vez en cuando tú ves a alguien que hace un simulacro de evacuación, alguien por aquí publica unas recomendaciones, pero no forma parte de unas políticas sostenidas en el tiempo y ahí es donde está el detalle“, advierte De Santis.

El especialista sostiene que las personas deben insistir, a través del desarrollo del tejido de la sociedad civil y a través de un fortalecimiento de las instituciones, hasta lograr llegar a políticas sostenibles. También afirma que es urgente implementar materias obligatorias en la formación de los jóvenes y realizar simulacros de evacuación periódicos y vinculantes.

“Debe ser obligatorio. Yo creo que debe haber materias en la formación de los muchachos para que manejen estos temas. Por otro lado, debe ser obligatorio cada cierto tiempo hacer los simulacros de evacuación. Debe haber cumplimiento de toda la normativa a nivel de las edificaciones, sobre todo las edificaciones educativas y hospitalarias”, insiste.

De Santis asegura que aunque la percepción de muchas personas es que la cultura antisísmica es muy pobre y han expresado miedo ante los temblores después de los terremotos recientes, no se está interpretando bien el problema de fondo: la infraestructura.

El ingeniero Feliciano de Santis sostiene que debe haber materias en la formación de los estudiantes para que manejen temas relacionados con los sismos | Foto EFE

“No se justifica a estas alturas, con todo el estado del arte (nivel avanzado de conocimiento y tecnología) que hay, que los hospitales sigan sufriendo, que las escuelas sigan sufriendo cuando ocurre un sismo. Entonces, es un tema complejo, multidisciplinario, que abarca muchas aristas, porque ¿de qué sirve que entrenemos a los muchachos en evacuación, en autoprotección, si tenemos unas edificaciones vulnerables? O sea, sería como engañar, como vender una falsa expectativa. Si yo te estoy poniendo a estudiar en una edificación súper vulnerable, las medidas pueden ayudar, pero no son determinantes. Entonces, el problema es de fondo”, explica.

El ingeniero también considera injustificable que hospitales y escuelas del país sigan sufriendo daños severos ante cada sismo y que las alcaldías, encargadas de otorgar los permisos de construcción, sufran severas deficiencias técnicas y de supervisión en la cadena de ejecución, por lo que sostiene que es imperativo un doble control donde oficinas externas revisen los proyectos estructurales.

“Son demasiados temas los que engloban el comportamiento o la reducción de la vulnerabilidad, que va a todos los niveles. Desde la persona que pone un matero en un esquicio de una ventana hasta tener una norma sismorresistente a la altura de las exigencias o del estado del arte del mundo, pero también el cumplimiento, y aquí entran en juego las alcaldías. Estas tienen que adecuarse, empezar a exigir más, tener cuerpos técnicos que revisen los proyectos y, si no lo pueden revisar, bueno, que subcontraten oficinas de ingeniería que lo hagan. Pero tiene que haber un cambio de barajeo del juego completamente”, explica.

De Santis sostiene que hospitales y escuelas en el país sufren daños severos ante cada sismo | Foto EFE

También mostró su preocupación por la vulnerabilidad acumulada. De Santis señala que el crecimiento sin control de las barriadas populares mediante la autoconstrucción representa niveles de riesgo inmensos. Si bien en el último sismo las zonas marginales de roca firme no sufrieron el impacto mayor, el riesgo latente en un sismo con epicentro cercano a Caracas sería desastroso. Aunque rehabilitar todo el parque inmobiliario antiguo es económicamente utópico, el experto enfatiza en un “punto cero”: no seguir sembrando vulnerabilidad hacia el futuro.

“Es muy difícil pensar que se puedan hacer rehabilitaciones estructurales de todos los edificios viejos, porque eso es utópico. No lo logran ni siquiera países con mucha más riqueza que la nuestra y con mucho más orden institucional, pero sí definitivamente podemos empezar por que los nuevos edificios estén a la altura del mundo”, dice.

“Y con los viejos, ahí hay que discernir un poco. Si hay alguna edificación extremadamente vulnerable, se tendrá que obligar a los dueños o a los residentes a que se haga el proyecto de adecuación estructural, de rehabilitación estructural. Si más o menos cumple con la normativa, ni modo, tiene que mantenerse allí porque no es factible que se pueda hacer eso para todos los edificios. Yo me conformaría con que no sigamos sembrando vulnerabilidad. O sea, hay que empezar desde un punto cero, donde no sigamos sembrando vulnerabilidad”, agrega.

El rol de Funvisis

Funvisis posee un robusto bagaje técnico y científico. Desde su creación en 1972 tras el terremoto de Caracas de 1967, ha desarrollado herramientas clave como el Mapa de Amenaza Sísmica y rigurosas metodologías basadas en la ley de recurrencia sísmica de Gutenberg-Richter.

Funvisis ha desarrollado herramientas clave como el Mapa de Amenaza Sísmica

En el ámbito de divulgación, Funvisis cuenta con programas históricos notables, entre ellos el Aula Sísmica Madeleilis Guzmán, un proyecto con más de 20 años enfocado en dictar talleres de prevención. Sin embargo, su metodología tradicional se basa en formar docentes, directivos  y miembros de la comunidad educativa (en lugar de a los alumnos directamente) para que actúen como “multiplicadores”, evitando repetir visitas a las mismas escuelas para no saturar su capacidad. El programa dicta aproximadamente 180 talleres anuales.

En instituciones y organismos, se capacita a universidades, empresas, ministerios, cuerpos de bomberos y funcionarios de Protección Civil. En las comunidades organizadas, dan atención a consejos comunales, grupos religiosos, asociaciones civiles y comunidades en general que soliciten la asesoría.

Asimismo, el Aula Sísmica utiliza el “Método Cascada”, que busca la multiplicación masiva del conocimiento a través de redes de facilitadores integradas por funcionarios de instituciones del Estado (Protección Civil y Administradores de Desastre, Cuerpos de Bomberos, Fuerza Armada, Policía Nacional Bolivariana, Ven 911, etc). Este servicio permite llevar protocolos de autoprotección a las zonas más vulnerables y alejadas del país. 

El “Método Cascada” busca la multiplicación masiva del conocimiento | Imagen Funvisis

Recientemente, en abril de este año, implementaron este plan en la región oriental (Anzoátegui, Sucre, Monagas y Nueva Esparta), logrando alfabetizar a 2.113 personas en escuelas y organismos de primera respuesta.

El Método Cascada fue implementado en abril de este año en la región oriental de Venezuela

Más allá de la charla teórica, el programa ofrece dotación de material didáctico que facilita la enseñanza de la prevención. Dan asesoría para la elaboración de planes de contingencia institucionales y su posterior validación técnica. Guían y dan acompañamiento en la realización de simulacros de desalojo en escuelas y empresas.

Además, en Caracas, en la parroquia 23 de Enero, está ubicado el Museo Sismológico, dentro de las instalaciones del Observatorio Naval Juan Manuel Cagigal, que cuenta con una exhibición interactiva permanente llamada ¡Habla Tierra! Venezuela, país sísmico en la Sala N° 1 del Museo de Ciencias, en la Plaza Los Museos, Los Caobos. 

Dentro del Museo Sismológico de Caracas, el Aula Sísmica tiene espacios especializados: Aula Sísmica Flor Ferrer de Singer, un salón de clases diseñado para proyectar videos educativos y realizar simulacros de desalojo inmediatos.

Posee asimismo un simulador de sismos: una plataforma metálica que recrea un sismo de magnitud 5,9 que permite a los participantes practicar la autoprotección en un entorno controlado.

De acuerdo con la información publicada en la página web de Funvisis, el Museo Sismológico de Caracas recibió a más de 112.000 visitantes entre 2007 y 2016, a quienes ofrecieron experiencias lúdicas como un simulador de sismos de 35 segundos.

A través de su Centro de Documentación e Información (CEDI), el Aula Sísmica ofrece servicios de información especializada que facilitan el acceso a una amplia bibliografía en geología de terremotos, ingeniería sísmica y prevención. Además, cuenta con la línea gratuita 0-800-TEMBLOR para brindar atención telefónica las 24 horas sobre la actividad sísmica actual y los diversos proyectos institucionales. 

¿Qué dice el manual de Funvisis sobre autoprotección? 

Funvisis cuenta con un manual de autoprotección, un documento que reúne una serie de protocolos detallados con un objetivo claro: minimizar riesgos y salvar vidas antes, durante y después de un movimiento telúrico. Diseñadas para ser implementadas en hogares, escuelas y empresas, estas directrices pretenden  arraigar “conciencia sísmica” en la población, transformando la prevención en un hábito permanente.

El documento sostiene que, para la etapa previa al sismo, la clave radica en la organización colectiva y la reducción proactiva de los peligros en el entorno inmediato. En este sentido, los expertos instan a diseñar y ensayar planes de contingencia familiares, escolares o corporativos donde cada integrante tenga un rol asignado bien definido. Asimismo, se destaca la importancia de fijar un punto de encuentro exterior y seguro para el reencuentro de las personas una vez evacuado el inmueble.

En el ámbito doméstico e industrial, la adecuación física de los espacios resulta vital. Funvisis recomienda identificar con precisión las áreas seguras y las zonas de riesgo —como ventanas o estanterías pesadas—, y pide asegurar en la pared bibliotecas, cuadros y objetos que puedan desprenderse con el movimiento. De igual forma, es indispensable mantener las vías de escape totalmente despejadas y ubicar las llaves de la vivienda en un lugar visible y cercano a la puerta de salida, al tiempo que se dispone de herramientas para cortar rápidamente los suministros de gas y agua.

La preparación material puede marcar la diferencia en las horas posteriores a un evento. Por ello, se exhorta a la comunidad a mantener un kit de emergencia en un lugar de fácil acceso. Este equipamiento básico debe incluir un botiquín de primeros auxilios, agua potable, alimentos no perecederos, una linterna, un extintor y un pito. Además, resulta crucial contar con un radio portátil con baterías de repuesto y un listado físico de los contactos de emergencia, para así garantizar la comunicación en momentos donde las redes digitales puedan colapsar.

Cuando el movimiento telúrico comienza, la prioridad absoluta se traslada a la protección inmediata y a la prevención de lesiones causadas por objetos en caída. Los expertos de Funvisis enfatizan en que la regla de oro en este instante es mantener la calma y reaccionar con serenidad, activando el plan previamente ensayado sin ceder al pánico de correr desesperadamente. La recomendación universal ante la sacudida es agacharse y cubrirse bajo mesas, escritorios o camas resistentes; en caso de no contar con este mobiliario, la alternativa segura es ubicarse debajo de una viga, al lado de una columna o en una esquina interna de la edificación en posición fetal, asegurándose siempre de permanecer lejos de ventanas, espejos, balcones y estanterías.

Ante la sacudida de un sismo, lo recomendado es agacharse y cubrirse bajo mesas, escritorios o camas resistentes | Imagen realizada con Gemini

Métodos como pararse debajo del marco de puertas, correr afuera o el “triángulo de la vida” no son recomendados, de acuerdo con el protocolo oficial de la Secretaría de Gestión de Riesgos de Ecuador y el Instituto Geofísico (IG-EPN).  Sin embargo, De Santis sí recomienda el método del “triangulo de la vida”, porque, a su juicio, es uno de los más seguros.

Tratar de huir es lo más peligroso, porque la movilización se dificulta, el piso puede llegar a presentar grietas y lo más peligroso y común es que la persona sea impactada por objetos que van cayendo. Quedarse debajo del marco de una puerta ya no se recomienda porque en las construcciones de hoy en día estas estructuras internas no son tan resistentes como en décadas pasadas.

Salir corriendo durante un sismo es lo más peligroso porque la movilización se dificulta y el piso puede llegar a presentar grietas | Imagen realizada con Gemini

El famoso “triángulo de la vida”, que sugiere ubicarse junto a un mueble en lugar de debajo de él, es una teoría errada, según la Secretaría de Gestión de Riesgos de Ecuador. Esta acción se basa en que los muebles también se aplastan en un derrumbe; pero en la gran mayoría de los casos la gente que se ocultó debajo de un mueble sí sobrevivió. De Santis, por su parte, difiere de esto. A su juicio, “triángulo de la vida” sigue siendo uno de los más seguros para salvar personas.

El protocolo varía sustancialmente según el entorno donde sorprenda el sismo. Si la persona se encuentra en un edificio, la evacuación vertical debe realizarse exclusivamente a través de las escaleras, quedando prohibido el uso de ascensores debido al riesgo de quedar atrapado. Por otro lado, quienes se hallen en exteriores deben alejarse con rapidez de edificaciones, postes, árboles y cables eléctricos. Para los conductores, la instrucción es detener el vehículo de inmediato en una zona despejada y permanecer dentro de él hasta que el temblor cese por completo.

El tema de la autoprotección es muy casuístico, sin embargo, a mí me gusta mucho porque hay gente que ha sobrevivido corriendo. Hay gente que ha sobrevivido en sótanos, por ejemplo; pero en general a mí me gusta es el tratar de acostarse en posición de defensa o de autoprotección al lado de un mueble pesado, un sofá pesado, una mesa fuerte, porque generalmente cuando los entrepisos colapsan y quedan uno arriba de otro, esos muebles pesados actúan como puntales, es lo que llaman el triángulo de vida“, sostiene De Santis.

“A mí ese concepto me gusta mucho. Evidentemente a mí no me agrada la idea de correr. Hay que abandonar presurosamente la estructura una vez que termina la excitación de la misma. Se puede correr al momento del sismo si ves que tienes chance de abandonar la estructura en pocos segundos, en ese caso se puede considerar, pero hay que entender que cuando tú abandonas la estructura y si es un edificio alto, vuelan cosas y tienes alta probabilidad de que te caiga algo que se desprendió de una altura de 5 o 6 metros y que pese más de 1 kg. Entonces, yo prefiero la autoprotección al lado de un mueble resistente”, sostiene De Santis.

El protocolo de autoprotección varía sustancialmente según el entorno donde sorprenda el sismo | Foto EFE

Una vez que el movimiento cesa, se inicia la fase de acción y seguridad, orientada a mitigar desastres secundarios. El manual estipula que la primera medida post-sismo debe ser la interrupción inmediata de los suministros de gas, agua y electricidad para evitar incendios o inundaciones. Bajo ninguna circunstancia se debe recurrir al uso de fuego —como fósforos, velas o yesqueros— ante la latente amenaza de fugas de gas. En este escenario, la población debe sintonizar la radio de baterías para recibir instrucciones oficiales y, una vez desalojada la edificación, abstenerse de regresar por ningún motivo hasta que las autoridades la declaren segura. Asimismo, se aconseja caminar con calzado resistente para evitar cortes con escombros y, en caso de estar en zonas costeras, alejarse de la orilla de inmediato ante la posibilidad de marejadas y tsunamis.

El documento de Funvisis dedica un apartado a la inclusión y protección de personas con discapacidad, detallando directrices específicas para garantizar su bienestar. Se insta a este sector de la población a portar siempre una ficha personal con datos médicos y contactos de emergencia. Quienes utilicen sillas de ruedas deben frenar el dispositivo en un lugar seguro —como bajo vigas o esquinas interiores— y resguardar su cabeza; si la movilidad les impide cubrirse con los brazos, la recomendación es inclinarse hacia adelante con la cabeza entre las rodillas. Para quienes tienen movilidad reducida, el llamado es a no intentar correr, sino adoptar la posición de seguridad y esperar a que pase el peligro. En el peor de los escenarios, si alguien llega a quedar atrapado, la consigna es mantener la calma y utilizar un pito para pedir auxilio, evitando gritar para prevenir el desgaste físico y el racionamiento del oxígeno.

¿Por qué la información de Funvisis no se ha masificado?

Si Funvisis genera manuales de autoprotección, mantiene una línea 0-800-TEMBLOR y publica informaión en redes sociales, ¿por qué la cultura antisísmica sigue sin masificarse?

La respuesta, según De Santis, reside en la asfixia presupuestaria y la pérdida de talento. El ingeniero, quien trabajó 12 años en la institución, explica que Funvisis necesita urgentemente fortalecerse de forma instrumental (ampliando la red sismológica y acelerográfica nacional), pero, sobre todo, en su capital humano. Los salarios de los investigadores y profesores universitarios en el sector público están pulverizados

“Por todas esas personas que fallecieron, lo mejor que podemos hacer por ellos es empezar con un país que renazca con el orden, con el cumplimiento de las normativas, con el respeto al trabajo, al profesionalismo y sobre todo viendo a ver cómo hacemos para que la bendita corrupción no aparezca en estos procesos”, dice.

Como consecuencia, 98% de los estudiantes más brillantes e inteligentes del área terminan migrando del país. Sin personal científico y técnico debidamente remunerado, la capacidad del Estado para sostener campañas pedagógicas continuas, masivas y adaptadas a la era digital se reduce a esfuerzos aislados o eventos folclóricos de “el día del sismo”.

“Tiene que haber en cada capital de estado y en las principales ciudades presencia de acelerógrafos en diferentes tipos de suelo o en macizos rocosos. Tiene que fortalecerse la red sismológica nacional y, por supuesto, lo más importante, por cada dólar que tú inviertes en equipos, tienes que invertir tres en recursos humanos. Entonces, se tiene que empezar a identificar talento.  En la universidad nosotros tenemos que promover la formación de recursos humanos en estos temas de amenazas y esas personas que se identifiquen con ciertos talentos, enviarlos a las a las mejores universidades del mundo para que se formen”, añade.

Venezuela, Colombia y Chile ante un terremoto

El rezago de Venezuela en materia sísmica, comparado con los modelos de Chile y Colombia, se evidencia en la transición de ser una referencia regional a enfrentar un colapso institucional y una cultura preventiva esporádica. Mientras países vecinos han convertido la preparación en mandatos legales y educativos, Venezuela muestra una brecha crítica entre la teoría de sus manuales y la realidad operativa de sus instituciones.

La brecha en la gestión del riesgo sísmico en América Latina se hace evidente al contrastar los modelos educativos de la región, donde la formación ciudadana marca una de las diferencias más agudas. En Chile, el Plan Integral de Seguridad Escolar (PISE) funciona como un instrumento normativo y obligatorio que educa a los niños desde los 3 años de edad, logrando que la preparación sea una conducta interiorizada donde los estudiantes identifican zonas de seguridad y evacúan de forma autónoma. Por el contrario, en Venezuela, a pesar de contar con el proyecto Aula Sísmica, con más de dos décadas de trayectoria, la educación sísmica no está integrada como una materia obligatoria ni evaluada en el pensum nacional. 

La educación sísmica no está integrada como una materia obligatoria ni evaluada en el pensum nacional | Foto EFE

Esta disparidad también se refleja en el marco institucional y legal, donde la capacidad de respuesta del Estado y el cumplimiento normativo evidencian atraso. Países como Chile han actualizado recientemente su normativa al exigente estándar NCh433, integrando ingeniería estructural y geotecnia avanzada, mientras que Colombia se respalda en la Norma Sismorresistente (NSR-10), una de las legislaciones más robustas de la región que obliga a las nuevas edificaciones a disipar energía sin colapsar. En contraste, la realidad venezolana presenta un panorama inquietante: aunque existe la norma Covenin 1756:2019, su cumplimiento es mínimo debido a la falta de supervisión profesional y al auge de la autoconstrucción informal. A esto se suma un grave colapso técnico, pues el país perdió cerca de 98% de sus estaciones sismológicas por falta de recursos y la diáspora de talento, operando actualmente con tres o cuatro estaciones de monitoreo sísmico de 300 que llegó a tener, obligando a los sismólogos a depender de la data internacional del USGS y Europa. 

El país perdió cerca de 98% de sus estaciones sismológicas por falta de recursos y la diáspora de talento | Foto EFE

El diagnóstico De Santis sobre la situación actual va más allá del estado de los edificios; apunta directamente a las fallas estructurales en los procesos de control, diseño y supervisión en el país. Para el especialista, la vulnerabilidad no es un hecho aislado, sino el resultado de una debilidad sistémica.

“Tenemos deficiencia en toda la cadena. Hay necesidad de más supervisión en la ejecución de las obras. Hay necesidad de que los proyectos que se van a construir se revisen, porque yo puedo ser un proyectista excelente, de primer nivel, y es posible que yo cometa algún error. Entonces, con un proyectista revisor, vamos a tener la oportunidad del doble control. Tiene que haber una institucionalidad y una sociedad civil que haga el contrapeso“, aclara.

El ingeniero resalta además la importancia de garantizar que cada proyecto se ejecute estrictamente según lo planificado. Desde su perspectiva, contar con el mejor diseño carece de valor si en el terreno de la obra no se cumplen al pie de la letra las especificaciones técnicas. Asimismo, subraya que la labor de los proyectistas no es aislada, sino que debe estar fundamentada en un ordenamiento normativo actualizado y riguroso.

“Si la norma no está a la altura y me prescribe unas aceleraciones que están por debajo de las que pueden ocurrir, tampoco voy a lograr los objetivos. Por lo menos la norma hay que volverla a discutir porque es importante aclarar si se excedieron las aceleraciones o no se excedieron. Eso es muy importante. Y bueno, trabajar los temas de condiciones de sitio mucho más profundo, ser más estricto con aquellos suelos que puedan ser sísmicamente degradable. En esos casos, exigir más consideraciones en el diseño. Es cada quien haciendo su trabajo e instituciones fuertes, sociedad civil fuerte. Y es lo que tiene que venir en este renacer”, señala.

De Santis asegura que hay necesidad de más supervisión en la ejecución de las obras que se construyen en Venezuela | Foto EFE

La preparación comunitaria y operativa en el entorno inmediato expone dos visiones totalmente opuestas de la supervivencia. El modelo chileno aborda la seguridad desde la corresponsabilidad legal, tratando a cada edificio como una unidad operativa donde los condominios están obligados a tener un plan de emergencia certificado por un ingeniero prevencionista de riesgos, asignando roles estrictos a conserjes y administradores para el corte de gas o la apertura de puertas magnéticas. En la acera del frente, el modelo venezolano delega la organización vecinal principalmente a la buena voluntad. Si bien el Manual de Autoprotección de Funvisis ofrece protocolos detallados sobre cómo actuar antes, durante y después de un temblor, su aplicación real en la comunidad depende de la iniciativa individual o de talleres institucionales que carecen de un alcance sistemático y masivo.

El especialista resalta que analizar las experiencias internacionales es fundamental y aclara que este aprendizaje no debe limitarse únicamente a las naciones con mayor actividad telúrica. A su juicio, incluso los países europeos con menor sismicidad desarrollan investigaciones valiosas, lo que demuestra que el estudio y la gestión de los terremotos es un fenómeno complejo que abarca múltiples dimensiones.

“No es solamente la parte sismológica, está la parte geológica, la parte de sismogeotécnica, la parte geotécnica, la parte estructural, la parte social, que poco se le da importancia en Venezuela. En Francia hay excelentes investigadores sobre el tema de los impactos sociales en este tipo de catástrofe. O sea, como sociedad, normalmente somos repetidores en general y eso es lo que somos como profesores también: repetidores de las tecnologías que se van creando en países mucho más desarrollados que el nuestro”, dice.

“Pero nosotros también pudiéramos empezar a desarrollar tecnología si nos quitamos esa cáscara de país subdesarrollado que precisamente viene de ser vulnerable. En la medida que somos vulnerables, estamos condenados eternamente al subdesarrollo y estamos condenados a no poder llevar políticas sostenibles en el tiempo”, agrega.

De Santis destaca que una de las consecuencias positivas que dejó el doble terremoto es el interés de la comunidad científica internacional en estudiar los efectos de sitio ocurridos en el estado La Guaira. “Hay gente aquí de la Universidad de Chile, hay gente ya de Francia, hay gente de Italia, hay gente de Estados Unidos, o sea, que aquí va a venir gente de todas partes del mundo a apoyarnos y a fortalecernos desde el punto de vista científico”, señala.

Hacia un cambio de paradigma

Venezuela es un país sísmico debido a su complejo marco geodinámico, caracterizado por el desplazamiento y la interacción constante entre las placas tectónicas del Caribe y la Suramericana, un choque de fuerzas que deforma el territorio y activa los tres sistemas de fallas más severos del país: Boconó, San Sebastián y El Pilar.

Aunque la sismología no puede predecir una fecha exacta, la ciencia y la historia —con más de 130 eventos destructores registrados desde 1530— confirman que los grandes sismos superiores a magnitud 7,0 son eventos probables y esperados debido a la energía acumulada; de hecho, la norma de diseño estructural evalúa mapas de amenaza basados en períodos medios de retorno de 475 años, recordando que allí donde la tierra ya tembló, volverá a suceder. 

Fallas Cuaternarias 2014 | Imagen Funvisis

Ante esta realidad latente y la urgencia de reconstruir el sistema de respuesta nacional, De Santis advierte que urge recuperar la ingeniería militar por su capacidad de desplegar la logística necesaria para atender rápidamente estas contingencias, una fuerza que debe engranarse con una Protección Civil debidamente equipada y una población entrenada para transformar la vulnerabilidad actual en una verdadera cultura de supervivencia. 

“Urge, por lo menos, en el caso de los militares, que vuelva un desarrollo importante de la ingeniería militar. La ingeniería militar es útil porque a la hora de una contingencia te puede desplegar una cantidad de logística que puede ayudar rápidamente a la atención de este tipo de eventos, pero también la protección civil tiene que estar muy equipada para atender los eventos y por supuesto la población bien entrenada para saber lo que tiene que hacer. O sea, aquí tenemos que, prácticamente, empezar de cero”, concluye.

elnacional

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