El movimiento sindical venezolano, y en especial el sector petrolero, ha sido históricamente el motor de las grandes transformaciones sociales y políticas del país. Entender su trayectoria es indispensable para visualizar la nueva realidad política por venir en Venezuela. El sindicalismo logró conquistas históricas en contrataciones colectivas, estabilidad laboral y seguridad social; sin embargo, sufrió una partidización que lo dejó supeditado a los partidos políticos y al gobierno de turno.
Este viraje comenzó a partir de 1999 y trajo como consecuencia el control ideológico, sustituyendo la lucha gremial por la lealtad al proyecto oficialista. Los sindicatos bolivarianos, la CBST, la FUTPV y los consejos laborales, entre otros, priorizaron la defensa del proyecto político por encima de la clase trabajadora. Muchos dirigentes sindicales terminaron bajo las órdenes del Estado; su recompensa fue el caudillismo, la estabilidad personal, los intereses económicos y la corrupción, todo a cambio de sacrificar los derechos de los obreros.
Hay un dicho popular que reza: «el único ser viviente que tropieza dos veces con la misma piedra es el hombre». Lo digo porque es preocupante observar que algunos dirigentes pretenden volver a las prácticas del pasado, e incluso intentan rescatar estructuras con más de 20 años de existencia que ya no representan la nueva realidad. Junto a ellos, proponen el retorno de figuras que tuvieron un papel protagónico en años anteriores, bajo la premisa de que la salvación de los trabajadores depende de «mesías» o referentes del pasado.
En realidad, estas intenciones benefician claramente al gobierno de turno. Si algo ha entendido el oficialismo es que sus estructuras caudillistas están de salida, y de ahí surge la necesidad de crear paralelismos. Es así como observamos a dirigentes que hasta ayer defendían la revolución, pero que ahora pretenden mantenerse a flote infiltrándose en nuevas estructuras. Todo esto es un plan que atenta contra el crecimiento y desarrollo del país, donde los trabajadores deberían tener un papel trascendental como motor de producción.
La nueva Venezuela no puede permitirse el retorno de las viejas prácticas. Es el deber de los trabajadores evitar, a toda costa, volver al pasado.
Carlos Labrador
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