Los directores de Ecoanalítica proyectan crecimiento de 15% impulsado por el sector petrolero y la flexibilización de sanciones. Sin embargo, advierten que la crisis eléctrica y el raquítico poder adquisitivo del venezolano actúan como los principales frenos de una recuperación que aún no se siente en el bolsillo del ciudadano
El venezolano que hoy recorre los pasillos de un supermercado en Chacao o camina por las calles de Maracaibo vive en una paradoja constante. Mientras el precio de un cartón de huevos parece una cifra en movimiento perpetuo, en las altas esferas del análisis financiero se habla de un cambio de ciclo. La sensación de asfixia económica, esa que ha marcado la última década, parece estar encontrando una grieta por donde respira el optimismo. El consenso en el mundo de los negocios fue silencioso pero firme: la ventana de oportunidad se ha vuelto a abrir.
Esta fue la tesis central que dominó el cierre del reciente foro «Las nuevas perspectivas económicas 2026», convocado el martes por la firma Ecoanalítica. En un panel de alto nivel, sus directivos Pedro Palma, Alejandro Grisanti y Graciela Urdaneta desmenuzaron el rompecabezas nacional junto con figuras como el experto petrolero Francisco Monaldi, el analista político Félix Seijas y la estratega estadounidense Amanda Mattingly. El diagnóstico es claro: Venezuela está mutando su motor de crecimiento, pero el camino está lleno de baches estructurales.

De la supervivencia del consumo al motor de la inversión
Durante los últimos años, el leve respiro que sintió la economía venezolana fue impulsado casi exclusivamente por el consumo. Era la economía del bodegón y el intercambio al detal. No obstante, Alejandro Grisanti, director fundador de la firma, sostiene que ese modelo ha tocado techo. Para 2026, la gran locomotora será la inversión, especialmente en sectores de capital intensivo.
«Nos estamos moviendo a un nuevo sistema donde la inversión será el principal driver«, señaló Grisanti, destacando que sectores como finanzas, seguros y telecomunicaciones están llamados a liderar esta etapa. El sector bancario, aunque sigue siendo minúsculo en comparación con la región, tiene el potencial de duplicar su capacidad operativa. La apuesta es por la formación bruta de capital fijo, término técnico que en la práctica significa que las empresas están volviendo a comprar maquinaria y a mejorar su infraestructura tras años de descapitalización.
Este optimismo no es infundado. Según la encuesta de coyuntura de la firma, 42% de las empresas venezolanas percibe su situación futura como positiva o muy positiva. Es un giro radical frente al pesimismo crónico de años anteriores.
El petróleo: adiós a China, bienvenido el flujo de caja
El factor determinante en esta ecuación es, como siempre, el crudo. Graciela Urdaneta, economista jefe de Ecoanalítica, presentó cifras que invitan a la reflexión: los ingresos petroleros podrían pasar de 12.200 millones de dólares en 2025 a 22.700 millones de dólares en 2026. Casi el doble en apenas 12 meses.
La clave no es solo producir más -se proyecta un aumento de al menos 200.000 barriles diarios en el próximo año- sino a quién se le vende. «Pasamos de venderle a China con descuentos que superaban 50% y cobrando en criptomonedas, a tener como principal comprador a los Estados Unidos», explicó Urdaneta. Esto significa costos de transporte menores y, lo más importante, ingresos en dólares constantes y sonantes que fluyen directamente al sistema financiero.
Esta reconfiguración del sector externo es vista como una oportunidad de oro para que los incumbentes internacionales incrementen su presencia, siempre y cuando la seguridad jurídica acompañe el proceso.

El nudo gordiano: electricidad y salarios de hambre
Pero no todo es color de rosa en el informe de los expertos. Hay dos muros que amenazan con detener el avance de la locomotora: el colapso de los servicios públicos y la pobreza extrema de la población.
Urdaneta fue enfática al señalar que el sector eléctrico es el gran cuello de botella para cualquier plan de inversión. En estados como Zulia o Mérida, los ciudadanos pueden pasar hasta 19 horas diarias sin luz, y el promedio nacional de cortes es de 14 horas. «Mientras no se invierta en rehabilitar el sistema, especialmente la generación termoeléctrica que hoy trabaja apenas a 10% o 20% de su capacidad, el crecimiento tendrá un techo muy bajo», advirtió.
Por otro lado, la brecha social sigue siendo una herida abierta. Aunque el producto interno bruto (PIB) pueda crecer 15%, el ciudadano de a pie sigue ganando, en promedio, 256 dólares mensuales, mientras que el costo de la vida en ciudades como Caracas ya supera los 622 dólares. 70% de la población gana menos de 300 dólares, lo que obliga a las familias a gastar casi la totalidad de su ingreso en comida y medicinas, dejando de lado la educación y cualquier posibilidad de ahorro.
Dolarización y estabilidad: el dilema de Pedro Palma
El debate sobre la dolarización plena también ocupó un lugar central. Pedro Palma fue contundente al rechazar la idea de que abandonar el bolívar definitivamente sea la panacea. Si bien reconoció que la dolarización transaccional ayudó a frenar la hiperinflación, advirtió que una dolarización plena restaría competitividad al país frente a vecinos como Colombia.
«Perder la política cambiaria nos hace vulnerables a los vaivenes de los precios petroleros», explicó Palma, quien prefiere apostar por una convergencia entre el tipo de cambio oficial y el paralelo, brecha que ya ha mostrado signos de cerrarse drásticamente tras los eventos políticos de enero.
La Venezuela que se proyecta para 2026 es, en definitiva, un país de contrastes profundos. Es una nación que intenta reconectarse al sistema financiero internacional y triplicar su oferta de divisas, pero que aún depende de un sistema eléctrico que pende de un hilo.
elnacional
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El optimismo de Grisanti, Palma y Urdaneta no es ciego, es el optimismo de quien ve una salida de emergencia en un edificio en llamas. La oportunidad está allí, sobre la mesa, esperando que la política no termine de incendiar lo que la economía, con tanto esfuerzo, intenta reconstruir. La imagen final es la de un país que ha dejado de caer, pero que aún debe aprender a caminar sin tropezar con sus propios fantasmas


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