Opinión

Venezuela y el desafío educativo post-tiranía por Dayana Cristina Duzoglou

Venezuela

Hay algo que llama la atención sobre Venezuela. Después de más de dos décadas de crisis, buena parte de la discusión nacional continúa concentrada en cómo recuperar el país y muy pocas veces se aborda una pregunta realmente fundamental: qué país debemos construir ahora que esa recuperación avanza.

La diferencia parece menor, pero no lo es. No es lo mismo restaurar estructuras del pasado que preparar instituciones para un mundo completamente distinto al que existía cuando comenzó el deterioro nacional a finales del Siglo pasado. Los debates y medidas actuales suelen girar en torno a la reconstrucción de servicios públicos, infraestructura, estabilidad económica, seguridad jurídica y atracción de inversiones. Todos son temas fundamentales. Sin embargo, rara vez aparece una discusión académica seria sobre las capacidades, el talento y las universidades que necesitará Venezuela dentro de cinco, diez o veinte años.

Mientras esa conversación sigue ausente, otros países ya están tomando decisiones. China ha eliminado más de doce mil programas universitarios y, al mismo tiempo, ha creado miles de nuevos programas vinculados a inteligencia artificial, automatización, robótica, economía digital y tecnologías avanzadas. Lo interesante es que estas reformas no fueron impulsadas por el fracaso de sus universidades. De hecho, muchas de ellas figuran entre las mejores del mundo. La explicación es mucho más sencilla: comprendieron que el mercado laboral del 2030 tendrá poco que ver con el de hoy.

Esta noticia debería generar más debate en América Latina que en Asia. La región lleva años observando cómo se aceleran los cambios tecnológicos mientras gran parte de sus sistemas educativos continúan funcionando bajo esquemas concebidos para realidades económicas muy diferentes. El problema no es únicamente quedarse atrás en innovación. El riesgo es seguir formando generaciones enteras para un mundo que ya comenzó a desaparecer.

En el caso venezolano existe además una tendencia comprensible a mirar hacia atrás. Después de tantos años de deterioro económico, institucional y social, es natural que muchas personas asocien la recuperación con el regreso a una etapa anterior. Pero la reconstrucción de un país no puede limitarse a reproducir modelos —socialistas, para colmo de males— diseñados para otra época.

La realidad internacional también ha cambiado. Una eventual etapa de recuperación venezolana probablemente se desarrollará en un contexto hemisférico muy distinto al de comienzos de siglo, con un renovado protagonismo de Estados Unidos bajo la administración Trump-Vance y resulta difícil imaginar una reconstrucción nacional exitosa sin una estrecha relación económica, tecnológica y educativa con la principal potencia del mundo.

Las universidades venezolanas, tanto públicas como privadas, hicieron grandes aportes al desarrollo nacional. De sus aulas salieron médicos, ingenieros, economistas, investigadores y profesores que contribuyeron a construir buena parte del país moderno. Ese legado merece reconocimiento. Sin embargo, también es cierto que aquellas instituciones respondían a una realidad distinta. El petróleo ocupaba el centro de la economía, internet apenas comenzaba a transformar sectores productivos y la IA era un concepto reservado para especialistas. Hoy el panorama es otro.

Por esa razón, la discusión no debe centrarse únicamente en recuperar lo que existía antes. También debería plantearse qué tipo de profesionales serán necesarios para impulsar la recuperación nacional durante las próximas décadas.

Las profesiones que harán falta

Si en Venezuela se pensara seriamente en rediseñar parte del sistema universitario, hay áreas que difícilmente podrían quedarse fuera de la conversación. La inteligencia artificial, la ciencia de datos, la ingeniería energética, la logística internacional, la biotecnología, la tecnología agrícola y los programas relacionados con la digitalización del Estado aparecen entre las más evidentes.

No porque sean las tendencias que ocupan titulares. La razón es mucho más práctica. Venezuela tendrá que aumentar su productividad, modernizar servicios públicos, fortalecer su infraestructura tecnológica, administrar mejor sus recursos energéticos y competir en una economía donde el conocimiento tiene cada vez más valor. Incluso más que el gas y el petróleo.

Las preguntas que deberían hacerse quienes tengan la responsabilidad de reformar el sistema educativo son relativamente simples. ¿Cómo recuperar competitividad? ¿Cómo aprovechar mejor los recursos disponibles? ¿Cómo crear oportunidades para que el talento permanezca o regrese al país? ¿Cómo preparar profesionales capaces de integrarse a una economía cada vez más impulsada por la innovación, la automatización y las nuevas tecnologías?

Las respuestas a esas preguntas marcarán buena parte del futuro venezolano.

El error de declarar obsoletas las humanidades

La irrupción de nuevas tecnologías no debería conducir a otro error frecuente: asumir que las humanidades han perdido relevancia. Ocurre exactamente lo contrario.

A medida que tecnologías como la IA adquieren mayor influencia, también aumenta la importancia de cuestiones relacionadas con la ética, el derecho, la política, la historia y la cultura. Los debates más complejos sobre IA rara vez son exclusivamente tecnológicos. Terminan girando alrededor de temas profundamente humanos: privacidad, libertad de expresión, responsabilidad, transparencia, regulación y derechos individuales.

Por esa razón, una Venezuela moderna seguirá necesitando historiadores, filósofos, comunicadores, abogados y economistas capaces de interpretar una realidad compleja. Después de años marcados por el deterioro institucional, la corrupción, la destrucción de la confianza pública y el éxodo de millones de ciudadanos, la reconstrucción nacional no puede limitarse a reparar carreteras, hospitales o sistemas eléctricos.

También es necesario reconstruir valores, fortalecer instituciones y recuperar una cultura democrática capaz de sostener el desarrollo a largo plazo.

La reconstrucción nacional no debe ser únicamente económica, también debe ser ética, cultural y moral.

Pensar más allá de la emergencia

Uno de los mayores problemas históricos de Venezuela ha sido la imposibilidad de mirar más allá de la emergencia. Cuando una sociedad vive atrapada entre crisis sucesivas, la prioridad termina siendo resolver el problema más inmediato. Es comprensible. Pero esa dinámica también dificulta la planificación a largo plazo.

Los países que avanzan suelen dedicar tiempo a imaginar el futuro antes de que llegue. Los que no lo hacen terminan reaccionando cuando los cambios ya ocurrieron.

La discusión educativa adquiere relevancia precisamente por esa razón. Las universidades no solo forman profesionales. También reflejan qué conocimientos valora una sociedad y qué visión tiene sobre su propio futuro.

Ha llegado el momento de incorporar ese debate a la conversación nacional. No solo para copiar modelos extranjeros exitosos o abandonar todo lo que funcionó en el pasado, sino para reconocer que el mundo cambió y que Venezuela tendrá que competir en condiciones muy distintas a las que existían hace treinta años.

La pregunta que debe guiar el debate es sencilla y, al mismo tiempo, incómoda: ¿se está formando hoy el talento que será capaz de reconstruir el país dentro de diez o veinte años?

Porque cuando finalmente llegue la oportunidad de reconstrucción, el recurso más valioso será el talento humano capaz de transformar esas oportunidades en instituciones sólidas y prosperidad duradera.

Las naciones que logran recuperarse después de largos períodos de crisis suelen descubrir una verdad sencilla: los edificios pueden levantarse de nuevo, las economías pueden crecer otra vez y las inversiones siempre encuentran destinos atractivos. Lo más difícil de reconstruir son las personas preparadas para sostener ese progreso en el tiempo.

Por eso el debate educativo no es un asunto secundario ni una discusión reservada para académicos. Es una cuestión estratégica para la supervivencia y el éxito de la Venezuela del futuro.

Y ese futuro no puede esperar al día final de la crisis; tiene que empezar a construirse hoy.

Dayana Cristina Duzoglou Ledo Para Caiga Quien Caiga. El portal de análisis político de Ángel Monagas.

X: @dduzogloul

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