Lo he contado muchas veces en estas entregas sabatina, y creo que lo han contado, casi todos los días, un gran número de opinadores, analistas, académicos, influencers, etc. Me refiero al relato que narra que, desde el ascenso de Nicolás Maduro a la jefatura del régimen, a inicios de 2013, la coacción física, mediante, la instrumentalización de los cuerpos de seguridad del Estado, incluyendo a las Fuerzas Armadas y los colectivos armados, sostuvieron al régimen en todo el periodo que Maduro jefaturó al régimen, ejerciendo la represión a escala ampliada, especialmente, en el 2014 y 2017 y con mayor fuerza represiva después de las elecciones del 28 de julio de 2024.
Desde el 3 de enero, con la extracción de Nicolas Maduro del poder, junto a Cilia Flores, se abrió un período de tutela y protectorado, bajo la administración Trump quien colocó como procónsules a los hermanos Rodríguez. Con la cual el país, sustancialmente no cambio y el chavismo se transfiguró en una minoría que gobierna ilegítimamente sin mandato expreso.
Ese es el relato en su versión más corta de lo sucedido hasta la mañana del domingo 25, en la que casi todo el país fue sorprendido por el tuit de MCM: “Estoy aquí; con Ustedes”.
Ese tuit que revelaba la presencia física de MCM en el país, ha sido como una sustancia misteriosa que cambió el estado de ánimo de la gente, del país y, con seguridad, cambiará la dinámica política del país. Volvió para revolver.
Por lo pronto, la llegada de MCM hizo que dos de los actores fundamentales en esto que se ha llamado “transición” se montaran en el relato de su sorpresiva llegada, por un lado, Dinorah Figuera dice que el retorno de MCM es una consecuencia de las negociaciones que se llevan a cabo en la “mesa de diálogo” y así mismo, Marco Rubio declara que ellos estaban al tanto del regreso de MCM y hasta sugiere que sin su participación esa llegada no se hubiera producido. Ambas versiones son difíciles de creer y si hasta ahora no ha sido desmentida por la propia MCM y su equipo es porque actúan con prudencia.
Y eso parece evidenciarse en el testimonio de un testigo de excepción que ya estuvo presente en los siete intentos de MCM para ingresar al país que fueron bloqueados tanto por la administración Trump como por el régimen, me refiero al periodista David Alandete, corresponsal del diario español ABC en Washington, quien dijo lo que sigue: “ sabemos que desde el jueves (MCM) estaba en Colombia, que estuvo en Colombia varios días preparando la entrada, que la hizo con su propio equipo de seguridad al que yo conozco, cruzando a pie y que el domingo hizo ese cruce y recorrió unos 60 kilómetros que la separaban del cruce de una ciudad colombiana que se llama Macay (debió referirse a Maicao) y apareció en Barquisimeto, en el santuario en el que apareció María Corina Machado…. Que es una persona muy religiosa…. Y ese cruce es un cruce muy peligroso porque allí está la guerrilla, está el ELN, está la FARC y es también podemos confirmar…. que, eso no se sabía antes, que es el segundo intento que hace desde Colombia”
Alandete señalo que esta vez la administración Trump no impidió ni bloqueo su regreso a Venezuela, como lo había hecho antes, pero no fue actor fundamental en su entrada al país. Como si dijéramos que miraron para otro lado. El regreso al país de MCM fue una acción autónoma e independiente de ella y su equipo.
Pero, la verdad, es que eso ya es anécdota, lo crucial es que su llegada producirá cambios en la política venezolana.
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Estimo que, desde ahora, la estrategia discursiva de los negociantes en la mesa tendrá un cambio radical. No pueden seguir hilando un discurso que se estructura como un conjunto de palabras que pretenden decir algo, pero no dicen nada. Por ejemplo, recuerdo que días antes del retorno de MCM al país y en medio de “las negociaciones” entre la oposición y el régimen, Dinorah Figuera fustigaba la demanda que hace la mayoría del país, reflejada en las redes sociales y en manifestaciones de calle, exigiendo “elecciones ya”. La respuesta que dio entonces la Sra. Figuera fue un verdadero galimatías, que todavía a esta hora he tratado de entender lo que dijo o de lo que pretendía decir: “Hay un sector de la población que nos dice “Elecciones ya”. Quiero decirles a Uds. que apenas el primero de agosto nosotros asumimos la responsabilidad y quienes en el camino hemos trabajado muy duro en un proceso que no es solamente de dialogo, estimados profesionales del derecho, también tiene que ver con un proceso donde se dirimen aspectos con garantías en la búsqueda de la construcción de un propósito común, pero con diferentes visiones y eso a veces lleva un motivo de conversación no muy fáciles que en definitiva luego va a un proceso de evaluación y de un proceso ya de construcción de la idea del producto de esa discusión y de ese debate”.
En consecuencia, dada la naturaleza y contenido de ese discurso, me vi en la obligación de buscar auxilio traductor en Cantinflas, para aclarar, sin fisuras, lo dicho por la Sra. Figuera: “Y allí está el detalle- dice Cantinflas- porque yo digo y Ud. viene y luego y dice y el otro se fue, porque yo vengo y él va y todos estamos, pero no aquí sino allá y allí está el detalle” (más claro imposible)-
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Pero, bueno en realidad lo importante es que la presencia de MCM en el país conforma una atmósfera política diferente. En un artículo reciente el analista Antonio de la Cruz que titula “Chávez hizo el poder; Machado traerá la democracia” Habría que aclarar que Chávez hizo mucho más que eso. Él transmutó ese poder en orden (Chávez refundó el sistema político venezolano y con él a toda la sociedad venezolana y sus mediaciones) e hizo pasar sus normas minoritarias como si fuesen las normas de las mayorías que la asumieron como si “fueran buenas”.
Ese es “el orden” que hoy está en crisis, lo está porque dejó de ser reconocido por los venezolanos.
El reto que enfrenta MCM es, creo yo, el mismo que en 1958 enfrentó Betancourt, esto es refundar la democracia como un sistema y un gobierno como dos entidades diferenciadas, pero, en un mismo movimiento y proceso.
Betancourt lo logro con éxito y refundó el país bajo normas, pautas y conducción civil y republicana. Bajo esa modalidad evitó las intentonas golpistas de la década de los sesenta tanto los llevados a cabo por la derecha como por la izquierda. Más tarde, ese modelo, le permitió a Carlos Andrés Pérez derrotar militarmente la intentona golpista que Chávez encabezó en 1992. Aquí es bueno recordar, lo que ya ha señalado el historiador Pedro Benitez: Chávez, se hizo del poder en 1998 no llevado (a conseguirlo) por los militares sino por los civiles.
Obviamente, 2026 no es 1958 y el país no es el mismo. En 27 años, casi 28, el chavismo destruyo la arquitectura institucional democrática que se había creado y consolidado durante el periodo anterior al chavismo, transformó a las Fuerzas Armadas, de ser un cuerpo profesional y no deliberante a una fuerza ideologizada que colonizo aspectos fundamentales de la administración pública y de negocios, cedió la soberanía y convirtió a Venezuela, por primera vez, desde que nos liberamos del imperio español, en un país tutelado y subordinado a una “potencia” menor, Cuba. De esta manera, a pesar de aparecer como los campeones de la defensa de la soberanía del país, el chavismo ha sido el único régimen en administrar el país bajo dos tutelas, la cubana, primero y, ahora, la norteamericana
El retorno de la democracia no será un camino fácil. No será un retorno a lo que teníamos antes de 1998. Los estropicios producidos en más de veinte años de chavismo no solo han sido de naturaleza material y de quiebra económica, en fin, la ruindad como el único “bien nacional” que nos deja. Además, el chavismo quebró emocionalmente al país, rompió la unidad familiar y produjo un fenómeno ajeno a nuestra idiosincrasia: abandonar masivamente al país, mediante la inmigración de naturaleza económica y por persecución política y hay que decirlo, nos hizo un poco torvos, pero este es un tema para otro sábado.
Pero el eje fundacional que le dio existencia a la democracia a partir 1959 nos dejó una buena experiencia y lección. Hoy, igual que lo hicieron Betancourt, Caldera, Villalba y otros y aunque el país no es mismo y su gente también ha cambiado es necesario la conformación de un gran acuerdo nacional, un nuevo compromiso social para la democracia que recupere sus formalidades, pues sin estas no hay democracia y sin unidad tampoco.
Este es un momento de inflexión y da cierta tranquilidad descubrir que queda memoria democrática, esa que se expresa cuando se le pregunta a los venezolanos como considera a la democracia y la mayoría responde que esta es la mejor forma de vivir y la mejor forma de gobierno.
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