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Alberto Trentini, a 240 días de su liberación: «El olvido equivale a la muerte, no dejemos solos a los presos políticos de Caracas»

Los 423 días de Alberto Trentini en El Rodeo I se resumen en una partida de ajedrez contra el tiempo, la soledad y el riesgo del olvido, un factor que para los detenidos equivale a la muerte

El cooperante italiano, liberado de El Rodeo I a mediados de enero, intervino en el Lido de Venecia en el marco del «Festival Internacional de Cine»: «Esa cárcel no es una anomalía, sino el engranaje de un sistema de aniquilamiento basado en secuestros, incomunicación y derechos negados».

Los 423 días de Alberto Trentini en El Rodeo I se resumen en una partida de ajedrez contra el tiempo, la soledad y el riesgo del olvido, un factor que para los detenidos equivale a la muerte. El cooperante intentó reproducir ese juego con los medios a su alcance: un tablero de papel y jabón que le sirvió para no perder la lucidez ni el contacto con la realidad. «La única arma que nos queda es la memoria», señala Trentini, quien desde el Lido de Venecia reconstruye su experiencia en una celda estrecha y oscura, aunque con una luz siempre encendida en el pasillo que altera el ritmo de los reclusos. Sin embargo, no quiere hablar como exdetenido, sino como «testigo», al afirmar que «la cuenta con El Rodeo I cambió, pero no está cerrada».

Aún hay cientos de personas tras las rejas que «respiran aire viciado» mientras otros gozan de libertad. En distintos momentos, tanto la administración de Rodríguez como la de Trump prometieron liberarlos a todos, pero el compromiso sigue incumplido. «Los acuerdos energéticos con Estados Unidos no borran las torturas ni devuelven la justicia».

Durante su intervención en el «Festival de Cine de Venecia», 240 días después de ser excarcelado, Trentini alza la voz por los presos políticos de Venezuela y recuerda que el olvido es «la verdadera condena a muerte con la que cuenta el gobierno». De allí la trascendencia de la atención internacional, que para las víctimas de detenciones arbitrarias representa «el único seguro de vida». En el caso de Alberto, esa visibilidad fue posible gracias a una red ciudadana impulsada por su madre, Armanda Colusso, la abogada Alessandra Ballerini, la organización Articolo 21 y otras organizaciones. La red se extendió incluso a Venezuela, gracias a la ayuda de Fátima Sequea, hermana del capitan António José Sequea (aún tras las rejas en El Rodeo I), cuyo activismo a beneficio de los demás detenidos ha costado numerosas persecuciones, incluso de corte transnacional, por parte del gobierno y en contra de todo el núcleo familiar. «Nada de normalización mientras quede un solo prisionero en una celda de cuatro metros por dos», urgió.

En particular, citó los casos de Otoniel Guevara Pérez, exjefe de los servicios de inteligencia, detenido desde 2004 y víctima de un juicio espurio; Evan Antonio Rincón Piñeiro, en custodia preventiva desde 2020 sin debido proceso y acusado de traición, rebelión y conspiración; y Arley Danilo Espitia Lara, un colombiano de 24 años arrestado en el paso fronterizo de Ureña sin información sobre su paradero ni acceso consular. «Son víctimas de la venganza política y de la narrativa del enemigo interno, o blancos de chantaje diplomático, como ocurrió en mi caso», aseveró Trentini, en referencia a la «diplomacia de rehenes» practicada a través del operador Alex Saab, actualmente en prisión en Miami.

Trentini afirma que El Rodeo I «no es una anomalía», sino «el eslabón final de una maquinaria diseñada» para «condicionar a toda la sociedad a través de la represión». Asimismo, respaldó los informes de las Naciones Unidas para denunciar «el uso de la justicia como arma política, con jueces que se vuelven cómplices de la impunidad».

Al repasar su cautiverio, el cooperante describe un auténtico «engranaje de aniquilamiento» que comienza con el «secuestro» perpetrado por los cuerpos de seguridad e ingresa en una fase de «incomunicación», caracterizada por el «aislamiento, la tortura y todo tipo de privaciones». La maquinaria continúa con la anulación del derecho a la defensa, al prohibir la designación de abogados de confianza e imponer defensores públicos, además de audiencias colectivas «completamente telemáticas, celebradas de madrugada o a altas horas de la noche». Todo esto acompañado por «cargos fabricados, con imputaciones como terrorismo y traición a la patria que suelen derivar en la pena máxima de treinta años».

Ante la pregunta irónica de si ya aprendió la «lección», Alberto responde sin dudar: «Soy una persona terca. Y seguiré trabajando por los demás, donde sea».

NotiPrimicia/Cortesía Estefano Tamburrini

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