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Opinión

Alzando La Voz Por Rafael Díaz Blanco: Los Felicitadores

La pasada semana las redes sociales daban cuenta de las felicitaciones de Manuel Rosales al dictador Maduro. Más tarde, el gobernador del Zulia daría explicaciones sobre lo que llamó cortesía y reafirmaría su disposición a dar “muchas gracias a los que nos ven con buenos ojos”.

Habida cuenta del maltrato permanente a nuestra región por parte del régimen y de las evidentes carencias que los venezolanos sufren, muchos coterráneos se han indignado. Otros se han extrañado y sorprendido por la conducta felicitadora del “líder del Zulia”.

No deberíamos asombrarnos. No es nada nuevo. La política venezolana de hoy, como la de ayer, está llena de felicitadores, aunque sean otros los calificativos más populares para denominar tan servil conducta. “Jalabola”, “hala mecate”, son algunas de ellas. Otras expresiones describen la conducta e incluso aconsejan: “está en la granja, en la granjaladera”; arreguindate, pero no tanto.

Lo cierto es que son muchos los episodios de esta actividad ejercida entre nosotros a todos los niveles. Nos contaban como siendo gobernador del Zulia Hilarión Cardozo preguntó por la hora en una reunión de gabinete e inmediatamente, uno de sus áulicos respondió “la que Ud. diga doctor”.

Entre nosotros, frecuentemente, los de abajo se esmeran por hacerle a los de arriba invitaciones, homenajes o entregarles placas y reconocimientos de todo tipo. Recuerdo como en 1978, apenas electo presidente de la República Luis Herrera Campins, el presidente de un importante Concejo Municipal quiso condecorarlo y éste rechazó cortésmente el ofrecimiento pidiéndole que esperará que su gobierno comenzara.

De episodios similares están llenos los archivos de Venezuela. En el siglo XXI hemos visto a los jueces venezolanos reunidos en la sede del Tribunal Supremo de Justicia recibir a un Chávez todopoderoso coreando: “Uh, ah, Chávez no se va”.

También, como ya había ocurrido con otros autócratas, fueron muchas las veces que compararon al caudillo de Sabaneta con el Libertador. Tantas las cartas, proclamas y discursos adulantes de militares, empresarios y políticos. Como diría Pío Gil, son muestras de decadencia moral e intelectual. En Venezuela, los felicitadores son una subespecie de los vivos de siempre para quienes la ética no existe y la política que practican depende únicamente de su egoísta interés.

En 1911, Pedro María Morantes (San Cristóbal, 1865 – París, 1918) con el seudónimo de Pío Gil publicó Los Felicitadores. Su crítica se dirige más que a los gobernantes a los gobernados. Dirá que los venezolanos rendimos culto al servilismo y somos felicitadores. Sostendrá que dictadura y adulancia se complementan y retroalimentan.

Más recientemente, Edecio La Riva Araujo (Timotes, Mérida, 1921 – Caracas. 1997) titulará un ensayo Elogio de la Adulancia. Afirmará que la adulación es un verdadero arte, propio de la conducta humana, presente en todo tiempo y latitud. Nos ilustrará sobre las técnicas de los habilidosos expertos en el exagerado halago y su tipología. Jon Aizpúrua destacará como el político merideño recuerda que Dante Alighieri colocó a los aduladores, junto a los hipócritas y a los ladrones destinándolos a un lugar del infierno del que manaba un espantoso hedor. El propio Maquiavelo dedicará un capítulo de El Príncipe a los aduladores de los que estaban llenas las Cortes, afirmaba.

En la Venezuela de estos tiempos de dictadura, de corrupción y deterioro ético, la actividad aduladora o felicitadora se ha multiplicado hasta formar parte esencial del diario quehacer, de la relación del dictador con sus cortesanos, camarillas y muy especialmente con quienes buscan reconocimiento, dádivas y prebendas.

Lamentablemente, mientras Maduro permanezca en Miraflores, no sólo continuarán aumentando las violaciones de los derechos humanos la pobreza, la corrupción y los incontables males que aquejan la república, sino que el servilismo y su vertiente adulante se multiplicarán y su práctica se extenderá. De tal manera, que para limitar y reducir al mínimo la alabanza indigna, no nos queda otra que deslindar nuestra conducta del comportamiento rastrero y redoblar el esfuerzo por salir del dictador con el propósito de alcanzar la libertad y restablecer la democracia y dignidad ciudadana.

rdb 17/11/2022

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