La soberbia es, por definición, un mal consejero y el peor de los diagnósticos. Mientras el tutelado de la dictadura se empeña en meterse las instituciones del Estado en el bolsillo de atrás —actuando como si la justicia fuera un accesorio de su conveniencia—, comete el peor error de un jugador en la cancha: subestimar al adversario. En su afán de controlarlo todo, lo único que ha logrado es meterse un autogol histórico en su propio diván.
Por Joaquin Chaparro Oliveros.
Frente a esa parálisis vestida de arrogancia, la Venezuela democrática no se cruza de brazos ni se desgasta en la queja inútil. Al contrario: trabaja, planifica, entrena y diseña minuciosamente el mapa del mañana, !Un país que será una verdadera Tierra de Gracia¡
El contraste entre ambos tableros es absoluto y define el rumbo de la nación: el desprecio por la Ley contra la construcción organizada del futuro.
Por un lado, observamos el colapso ético e institucional de quienes pretenden gobernar sobre las ruinas del derecho. Despreciar la ley y pisotear la Constitución no es una demostración de fuerza, sino una confesión de debilidad.
Es el recurso desesperado de un sector que se sabe minoría, que está pulverizado y que se atrinchera en el pasado por puro pánico al cambio político; el psiquiatra está arrinconado, como «palo ‘e gallinero».
Por el otro lado, late la Venezuela que propone y se organiza. Una ciudadanía que no se rinde, que se capacita de la mano de la sociedad civil organizada y del Movimiento Ciudadano con María Corina Machado (MCM). Aquí no hay espacio para la improvisación; hay un plan serio, técnico y humano para levantar al país desde sus cimientos una vez que se abran las compuertas de la transición.
Mientras el régimen se ahoga en las intrigas de su propio diván, la dirección democrática avanza con la precisión de un equipo que conoce su estrategia.
La convocatoria inmediata de María Corina Machado y el presidente electo, Edmundo González Urrutia, para coordinar la hoja de ruta junto a la Plataforma Unitaria y los aliados del Manifiesto de Panamá, es la prueba de que el liderazgo legítimo no improvisa. Frente al ruido y la soberbia del poder usurpado, la Venezuela democrática responde con método, articulación y un respeto sagrado por el mandato popular.
Esta firme iniciativa para discutir la agenda de la Asamblea Nacional de 2015 demuestra que la transición tiene motores propios y no se detiene por el sabotaje de quienes violan la ley.
Mientras el oficialismo se atrinchera en la retórica del miedo, la resistencia civil y sus líderes consolidan la arquitectura del cambio. El juego político se gana con propuestas serias y con la mirada puesta en las urgencias de la gente; la ruta está trazada y ningún autogol del adversario cambiará el destino de libertad que este país ya decidió construir el 28 de julio de 2024.
La moraleja de este momento histórico es contundente: quien desprecia las instituciones y la ley se condena irremediablemente al foso del pasado; quien planifica, construye y se apoya en la sociedad civil abre de par en par las puertas de la reconstrucción nacional.
¡Tarjeta roja a la soberbia!
En esta final que se juega con el alma, con la convicción de que la lucha es hasta el final, la realidad ya se ha encargado de sentenciar el partido.
Tarjeta roja directa para el psiquiatra Jorge. Su desconexión con la realidad de los venezolanos y su prepotencia son de tal magnitud que ya no las cura ni su propia terapia. Se han quedado fuera de juego ante un país que decidió, de manera irreversible, avanzar hacia la libertad.
¡Vamos con todo! Nosotros no somos meros espectadores del desastre ajeno; somos los constructores del cambio.
¡Nosotros levantamos a Venezuela con propuestas, dignidad y organización ciudadana!
DC / Abogado Joaquín Chaparro Oliveros / Demócrata Cristiano pero diferente… Somos Sociedad Civil en Movimiento con Movimiento Ciudadano (MCM).&
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