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«Barra Plural 2068». Por el Dr Gonzalo Oliveros Navarro.

Soy un venezolano en Colombia. Ingresé irregularmente en julio de 2017 Salí de mi país porque, como consecuencia de mi designación como magistrado del Tribunal Supremo de Justicia, se me dicto una orden de aprehensión por traición a la patria el mismo día de mi designación y juramentación, lo que me impidió sellar mi pasaporte al salir de Venezuela.

Por suerte para mí, la administración del señor presidente Santos, inmediatamente de tener conocimiento de mi llegada, facilitó mi regularización, tal como lo hizo con los demás magistrados que en similar situación salieron de Venezuela y por este país pasaron.

Como yo, en los últimos 10 años, millones de venezolanos tuvimos que abandonar nuestro país, unos por razones políticas, otros por motivos humanitarios y buena parte por motivos económicos.

Más de 3 millones de nosotros estamos en Colombia, la mayoría ciertamente en condición regular pero otros, lamentablemente, en situación migratoria irregular, muy especialmente porque la anterior administración del palacio de Nariño, contrario a lo que hicieron sus dos antecesores, no abrió un mecanismo amplio de regularización, a pesar de que, por una parte, como consecuencia del resultado electoral de julio del 2024 en Venezuela, el señor Maduro y quienes le acompañaban en el poder, desató una persecución sistemática, pertinaz y organizada contra quienes expresaron su inconformidad con el resultado anunciado, obligando a muchos a escapar a Colombia y por la otra, por ser contraria a las declaraciones presidenciales según las cuales éramos pueblos hermanos, los que a algunos nos llevó a pensar que habría una sustancial mejoría en las limitaciones de identificación migratorias que se establecieron los 4 años que duró el precedente periodo presidencial en Colombia.

Esta hermosa tierra donde hoy me encuentro, es el refugio natural de los venezolanos, tal como la nuestra, en épocas precedentes, lo fue para los colombianos. Lo es por cercanía, por historia, por música y también por afecto.

Se castiga inmerecidamente a quien aqui llegó y hace vida decente -a pesar de su irregularidad migratoria- cuando se le amenaza con deportarlo a Venezuela, desconociendo si ello puede acarrear peligro para el afectado.

Lo conducente es identificar a la persona y regularizarlo. Con ello, no solo se le colabora a la misma sino que, se minimiza la xenofobia, pues el migrante dejará de ser una competencia por puesto de trabajo basado en menor remuneración por efecto de la irregularidad migratoria.

La regularización, adicionalmente, permite conocer competencias y habilidades, permitiendo al Estado aprovechar ese recurso humano que llegó y nada le costó formar.

Deportar, además, generará otro conflicto insoluble, la destrucción de vínculos familiares colombo-venezolanos que se han formado como consecuencia de la interacción afectiva entre los dos paises, afectando con ello el principio básico de unidad de la familia.

Hasta ahora, Colombia había sido ejemplo mundial de integración.

Esa política pública implementada durante las administraciones Santos y Duque fue la consecuencia de la interacción de los mejores cerebros colombianos con los venezolanos a los que se nos permitió, de alguna manera, contribuir en la construcción de la misma. Una decisión como la anunciada por el señor presidente de la república de perseguir a la migración irregular, no solo es un error por lo ineficiente que será pues entre nuestros países no hay fronteras sino «una línea de tiza que los pies de los viandantes borran», sino que, adicionalmente, es un retroceso, aún mayor, al que implicó la política pública migratoria implementada por la precedente administración de la Casa de Nariño.

Los venezolanos que a Colombia hemos llegado, agradecemos la acogida que hemos recibido. Esperamos seguir siendo apreciados y finalmente, aspiramos que se nos permita continuar en esta tierra de Nariño y Caldas que elegimos como nuestra, en un momento muy difícil de nuestro país, regularizando a quien no lo esté, en lugar de deportarlo. Esto último sería un gravísimo error. Así respetuosamente lo afirmo.

Gonzalo Oliveros Navarro
@barraplural

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