Esta teoría es una metáfora de algo que parecía imposible de ocurrir en la realidad, es decir, un evento que sucede completamente fuera de las expectativas habituales y produce impactos de gran magnitud. En la política, este concepto se ha manifestado de manera recurrente a través de líderes que lo tienen todo a su favor y cuentan con todas las posibilidades de triunfo visualizados como cisnes blancos, pero que terminan siendo derrotados por un cisne negro, dejando atónitos a propios y extraños.
En Venezuela, Chávez fue esa metáfora cuando Acción Democrática y Copey fueron sorprendidos; en Ucrania, Zelenski también encarnó ese cisne negro; y, más recientemente, Abelardo de la Espriella le arrebató la presidencia de las manos a Iván Cepeda.
Ante esto, debemos preguntarnos: en la realidad actual de Venezuela, ¿podemos estar frente a un cisne negro? ¿Puede el destino jugarle esa pasada a los políticos que hoy se perfilan con opciones en la toma del poder?
El escenario en nuestro país ha estado y sigue estando polarizado entre dos corrientes principales: el oficialismo y María Corina Machado. Estos factores monopolizan el actual estamento político. ¿Cuál es el riesgo de que sus aspiraciones se vean amenazadas, o todo indica que el próximo quinquenio tendrá a alguno de ellos como protagonista?
Amanecerá y veremos, dice un viejo refrán.
Carlos Labrador.
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