Esto puede generar pesadez, acidez y reflujo, además de afectar la calidad del sueño. A largo plazo, cenar tarde puede alterar el metabolismo, incrementando el riesgo de problemas como aumento de peso y resistencia a la insulina
Comer justo antes de dormir puede tener efectos negativos en la calidad del sueño, ya que el sistema digestivo sigue trabajando cuando el cuerpo debería estar en reposo.
Esto provoca que el organismo priorice la digestión en lugar de los procesos de recuperación, resultando en sensaciones de pesadez, acidez y reflujo. Además, las comidas pesadas o altas en azúcar pueden generar picos de glucosa que interrumpen el sueño y provocan despertares nocturnos.
A largo plazo, cenar muy tarde puede alterar el metabolismo, aumentando el riesgo de problemas como el aumento de peso y la resistencia a la insulina, ya que el cuerpo no quema eficientemente la energía ingerida.
Esto también provoca la liberación de hormonas del estrés, como la adrenalina, que impide que el cuerpo entre en un estado de relajación adecuado para descansar.
Para favorecer un sueño reparador, se recomienda cenar al menos 2 a 3 horas antes de acostarse y optar por comidas ligeras, como ensaladas o pescado, que no sobrecarguen el sistema digestivo durante la noche.
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