Hay momentos en la historia donde una decisión política deja de ser solamente una decisión política y se convierte en un símbolo.
Para millones de personas en América Latina, Cuba representa mucho más que una isla ubicada en el corazón del Caribe. Representa el experimento político que durante más de seis décadas prometió igualdad y terminó dejando como legado pobreza, escasez, sangre inocente, pérdida de libertades y una sociedad donde una élite gobernante conservó privilegios mientras exigía sacrificios permanentes a su población.
Podría existir un movimiento estratégico de Donald Trump antes de noviembre, especialmente tomando en cuenta la importancia de las elecciones de medio término para consolidar la posición republicana. Y si ese movimiento estuviera relacionado con Cuba, estaríamos ante uno de esos momentos donde la historia puede cambiar de dirección.
Porque Cuba no es solamente una nación con problemas internos. Cuba ha sido durante décadas un símbolo mundial de la Guerra Fría, un punto estratégico donde han convergido intereses de Rusia, China, Irán y Venezuela, además de representar para millones de exiliados una lucha generacional por recuperar la libertad.
Es del conocimiento de quienes estudian la historia que, durante más de sesenta años, la isla ha sido el escenario de una confrontación entre dos modelos: uno basado en el control estatal, la concentración del poder político y la limitación de las libertades individuales; y otro basado en la democracia liberal, la propiedad privada, la iniciativa ciudadana y la economía abierta.
El debate nunca fue únicamente económico. Fue un debate sobre la dignidad humana, sobre la capacidad de un pueblo para decidir su destino y sobre si un ciudadano debe depender del Estado para sobrevivir o tener la libertad de construir su propio futuro.
Hoy, una pregunta comienza a recorrer los pasillos de Washington y Miami:
¿Puede Donald Trump convertirse en el presidente estadounidense que finalmente libere a Cuba de la tiranía mas decadente de la región? Yo, no lo pongo en duda.
Aunque nadie puede asegurar cómo se desarrollarán los acontecimientos, una transformación histórica en Cuba tendría consecuencias profundas para todo el hemisferio occidental. No sería un cisne negro; sería un acontecimiento esperado durante generaciones por millones de cubanos que han vivido separados de sus familias, privados de oportunidades económicas y esperando una apertura que permita reconstruir una nación destruida por décadas de fracaso socialista.
Una Cuba libre significaría la posibilidad de recuperar propiedades, crear empresas, atraer inversiones y devolverle al ciudadano el papel central que perdió bajo un sistema donde el Estado terminó controlando prácticamente todos los aspectos de la vida nacional.
Para Estados Unidos, además, tendría una dimensión geopolítica extraordinaria.
Una victoria para la visión de “America First”
La política exterior de Donald Trump ha tenido un principio central: Estados Unidos debe defender sus intereses estratégicos y evitar que sus principales adversarios consoliden posiciones de influencia cerca de sus fronteras.
Desde esa visión, una Cuba democrática representaría mucho más que un cambio político interno. Sería una modificación del tablero geopolítico del hemisferio.
Durante años, Cuba ha mantenido relaciones con países considerados adversarios de Washington y de su modelo de libertad y prosperidad. Rusia, China, Irán y la Venezuela Chavimadurista, encontraron en la isla un punto de influencia cercano al territorio estadounidense.
Una transición hacia un modelo democrático y abierto representaría para los republicanos la demostración de que una política basada en presión, firmeza y defensa de intereses nacionales puede producir resultados frente a regímenes autoritarios.
Y el mensaje no sería solamente para Cuba.
También sería observado con atención por países como Nicaragua, donde millones de ciudadanos han sufrido consecuencias similares: destrucción económica, migración masiva, debilitamiento institucional y pérdida de libertades.
Florida, la comunidad cubana y el peso histórico
La dimensión política de Cuba dentro de Estados Unidos tampoco puede ignorarse.
Durante décadas, la comunidad cubanoamericana en Florida ha sido una de las fuerzas más importantes dentro del Partido Republicano. Para muchas familias, una Cuba libre no sería solamente una victoria política: sería la reivindicación de una historia marcada por sacrificios, separación y esperanza.
Un anuncio histórico de Donald Trump y Marco Rubio sobre Cuba tendría una enorme fuerza simbólica.
No sería únicamente una decisión de política exterior. Sería una narrativa histórica:
“Un presidente republicano y su Secretario de Estado, logran al fin abrir una puerta que parecía cerrada durante generaciones”.
En un momento donde Estados Unidos enfrenta grandes desafíos internacionales, desde la competencia con China hasta los conflictos en Medio Oriente y Ucrania, una transformación cubana sería presentada como una demostración de liderazgo estadounidense.
Cuba: de la ruina socialista a una oportunidad económica
Pero la libertad política, aunque indispensable, no sería suficiente.El verdadero desafío comenzaría después.
Una Cuba libre necesitaría reconstruir instituciones, garantizar seguridad jurídica, proteger la propiedad privada y crear condiciones para que millones de ciudadanos puedan emprender.
La isla posee ventajas extraordinarias: una ubicación privilegiada, una población preparada, una cultura reconocida mundialmente, tierras productivas, enormes posibilidades turísticas y una diáspora con capacidad financiera, agropecuaria y empresarial.
El fracaso cubano no ha sido la falta de talento de su pueblo. Ha sido un sistema que limitó la creatividad, castigó la iniciativa privada y convirtió la dependencia del Estado en una forma de supervivencia.
Con libertad económica, Cuba podría convertirse nuevamente en una de las grandes economías del Caribe. Podría recuperar su cultura judeocristiana, su agricultura, desarrollar turismo sostenible, atraer inversión internacional y crear una nueva generación de empresarios cubanos.
La última batalla de la Guerra Fría
Una eventual Cuba libre tendría también un enorme significado histórico.
Sería el cierre simbólico de uno de los últimos capítulos de la Guerra Fría en América.
Pero ningún país se reconstruye solamente cambiando un gobierno o tiranía como le es en este caso.
La verdadera libertad exige instituciones fuertes, justicia independiente, educación para el Siglo XXI como la ofrecida en Estados Unidos, Japón o Israel, infraestructura y una cultura basada en la responsabilidad individual y en la participación ciudadana en la toma de decisiones. Porque la instauración de una República no consiste solamente en derribar un sistema tiránico y mediocre, consiste en crear uno donde cada ciudadano tenga la oportunidad de prosperar y alcanzar sueños de libertad.
Para millones de cubanos dentro y fuera de la isla, Cuba Libre no es una frase política. Es, ademas de un gran trago, un sueño acumulado durante generaciones que regresarian inmediatamente a forjar la patria de sus abuelos y padres.
Si Donald Trump lograra impulsar un cambio histórico en Cuba, sus seguidores (y el mundo occidental) podrían interpretarlo como una de las mayores victorias de la política exterior republicana moderna.
Pero la verdadera victoria no estaría en Washington. Estaría en La Habana. Estaría en cada familia cubana que pueda volver a soñar, en cada preso político que podría ver la luz nuevamente.
Como he sostenido en otros análisis, los países no renacen cuando un líder promete un futuro perfecto; renacen cuando sus ciudadanos recuperan la libertad, la confianza y la oportunidad de construirlo.
“La historia no recuerda solamente a quienes llegaron al poder; recuerda a quienes fueron capaces de abrir las puertas que parecían cerradas para siempre. Cuba no necesita que alguien le regale un destino: necesita recuperar la posibilidad de que cada cubano pueda escribir el suyo. Porque cuando un pueblo recupera su libertad, no solamente cambia su presente; transforma la memoria de su pasado y abre un camino nuevo para las generaciones que vienen.”
La pregunta final no es si una Cuba libre beneficiaría a Donald Trump.
La pregunta verdaderamente importante es:
¿Cuánto podría beneficiar una Cuba libre a los cubanos?
Dayana Cristina Duzoglou Ledo para Caiga Quien Caiga
X: @dduzogloul


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