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Del «Por Ahora» al «Para Siempre»: La gesta del 28J y la nueva alborada venezolana. Por Joaquín Chaparro Oliveros.

El 28 de julio quedó grabado en la piedra de nuestra historia como la jornada donde la hidalguía popular venció al despropósito. La verdad de las actas trascendió las fronteras y hoy descansa, indestructible en una bóveda de seguridad en Panamá, como testimonio del mandato indiscutible que María Corina Machado y Edmundo González recibieron del pueblo venezolano.

Por Joaquin Chaparro Oliveros…

El 4 de febrero de 1992 se vendió al país un lamentable «por ahora» que solo trajo ruina, fractura social y la destrucción de la república. Ambos momentos los viví en el campo de batalla, luchando al lado de la ciudadanía y de la sociedad civil por la democracia; no me arrepiento, porque hice, hago y haré lo correcto, pues hacer lo correcto siempre es el camino, aunque en aquel febrero la mayoría tomara el rumbo equivocado.

Hoy, Venezuela sepulta definitivamente ese dogma del fracaso para izar una nueva bandera de lucha: la de la libertad irreversible, la de la reconstrucción institucional y la de la prosperidad con soberanía.

En esta hora crucial, la mirada del mundo se posa en la determinación de una nación dispuesta a renacer. Al presidente Donald Trump y al gobierno de los Estados Unidos —nuestro aliado histórico en la causa democrática— la historia les reserva un pedestal de honor: acompañar hasta el final la restitución plena de la democracia venezolana.

Como bien nos recuerda la Escritura: «Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:32). Esa verdad es hoy el motor inquebrantable de nuestro pueblo.

Solo el liderazgo legítimo encabezado por María Corina Machado garantiza al hemisferio lo que de verdad importa: paz duradera, estabilidad geopolítica, seguridad energética y el fin definitivo del foco de inestabilidad regional.

Apoyar la transición democrática en Venezuela no es solo un acto de justicia; es la oportunidad histórica para que la administración estadounidense quede estampada por siglos en las páginas de la libertad americana como la gran aliada del resurgimiento de una nación.

La historia recordará que el 3 de enero se requirió el coraje y la determinación del presidente Donald Trump para romper las cadenas y liberar a Venezuela. Sin ese paso firme, la tiranía aún mantendría secuestrado el destino de nuestra patria.

Hoy el país no clama venganza; Venezuela exige paz, reconstrucción y, por encima de todo, justicia. Solo con la ley en la mano y la verdad por delante sanaremos las heridas de la nación. La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, y las elecciones —tal como lo consagra el artículo 5 de nuestra Constitución— son el único camino legítimo; no dejemos la ruta constitucional por atajos.

Presidente Donald Trump, termine la faena y llénese de gloria junto a una nación agradecida.

DC/ Abogado Joaquín Chaparro Oliveros / Somos Sociedad Civil-Zulia con María y Edmundo (MCM).&

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