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«El caramelo»: Por: Aylen Bucobo

“La vida es un caramelo que se come de a poco, se disfruta y se vive con dulzura”

Un café por la mañana, una buena conversación, la sonrisa de alguien con quien te cruzas en la vereda, caminar por las calles de la ciudad, la brisa fría que sonroja tus mejillas o el sol que entibia tu piel, cuando encuentras la felicidad en esos simples momentos del día a día, es cuando realmente degustas la dulzura de la vida y la saboreas de poco como un caramelo.

Si esto endulza tu paladar es porque aprendiste lo que es verdaderamente importante, es porque entendiste todo y no te hace falta nada más que vivir la sencillez de los detalles de la vida.

A veces, malgastamos nuestro tiempo haciendo cosas o estando con personas que no enriquecen nuestras vidas. Aunque, todo nos deja un aprendizaje, también llega un momento en el que podemos decidir, qué estamos dispuestos a aprender, a sobrellevar, a vivir y que no queremos soportar.

Al tener consciencia del valor irrefutable de la vida y lo que certeramente no tiene importancia, es cuando sabemos a lo que estaríamos dispuestos a dedicarle nuestro tiempo, nuestra esencia, nuestro yo y a reconocer realmente lo que nos suma.

Lo que resta no tiene relevancia, no predomina. Las prioridades cambian, no son números sino hechos tangibles que hacen crecer, fortalecer y ajustar los pasos hacía rumbos anhelados y esperados que cada quien lleva en su corazón como proyectos alcanzables.

El camino está abierto para los que trabajan por ello: los pasos emprenden su rumbo hacía verdaderos senderos de esperanzas en sintonía con una estabilidad que hoy se puede acariciar y depositar nuestro cansancio. Esto lo da, el tener claridad en cómo vives tus días.

Descansar de los sobresaltos y arrebatos, de los juicios a priori y sin fundamentos, de la desidia del tiempo y su intérprete, de las marionetas cuyas cuerdas cortaron y perdieron su imperio, de las palabras mal usadas y sin formación de frases certeras, de la mentira y la falsedad que pretenden vestir un velo de novia, que no es puro.

Esto nos lleva a afirmar que los seres humanos estamos hechos más de virtudes que de defectos, que a veces la vida, nos juega una mala pasada por las decisiones mal tomadas o porque tenía que ser así para aprender, pero seguimos adelante y las buenas cosas siempre nos sorprenden.

Encontrar el equilibrio en una misma balanza que dominas con el peso de tus sí, con los que avanzas y tus no, con los que te cuidas y proteges. Reconocerte a ti mismo en todas tus facetas y ser fiel a la única persona que todos los días ves reflejada en el espejo: tú.

Tener la consciencia de vivir esto, es igual a un volcán de emociones que quizás la mayoría no ha experimentado, porque tienen que asumir riesgos y cambios. Conocerlas es una de las vivencias más bonitas, porque cada una enseña a ver la vida de otra manera: una forma distinta y positiva en la que se puede ser feliz sabiendo que el después no importa, sino que el presente es realmente el Rey del cuento.

Tal vez lo entendamos o no, pero si lo observamos desde un lugar vivencial en el que fluyen las emociones y sentimientos, nos daremos cuenta que es parte del crecimiento y la sabiduría que nos van dando las experiencias.

Llega un punto en el que ya no corremos por todo. Estamos claros de lo que realmente requiere nuestra energía y ocupación. Empezamos a desacelerar el paso y hacer caso omiso a las trivialidades, cosas sin importancia ni transcendencia.

Todo vaga en nuestra mente, somos reflejo de lo que está en nuestra imaginación, pero también de lo que guardamos en el corazón, y a veces, ambas partes de nuestro cuerpo necesitan orden y calma. Por tanto, hay que ir resolviendo los pendientes para poder cerrar ciclos, avanzar y estar tranquilos.

El verdadero dulce de la vida, ese caramelo que saboreamos poco a poco, es ser conscientes de lo que vivimos, cómo lo vivimos y cómo deseamos vivir, no porque los demás lo dicen, no porque los demás quieren o esperan de nosotros grandes hazañas, es cómo cada uno desee caminarla, asumiendo, entendiendo y disfrutando a nuestro ritmo, siendo leal siempre a nuestro ser interior.

No olvides que tú eres lo más dulce de tu vida, porque quien endulza su vida eres tú mismo. Tú eres ese caramelo.

Escrito por Aylen Bucobo / En todas las Redes Sociales @aylenbucobo

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