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El Grito. Por Aylen Bucobo

“La tristeza no siempre grita, muchas veces aprende a convivir con nosotros en silencio”

La tristeza que habitó en mi corazón por muchos años se disipó, desapareció, se fue, ya no está, salió por la puerta, y lo mejor, no sé despidió.

Viví tanto tiempo con ella, que sin darme cuenta nunca la superé, sólo aprendí a coexistir y a llevarla en mi ser. No sé si la llevé conmigo a cuestas, si era pesada o ligera. Simplemente vivía en mi interior.

Ahora que se fue, no sé qué sentimiento llegará, qué emoción me tocará, lo que sí sé, es que algo me sorprenderá para seguir aprendiendo.

La tristeza a veces nos grita en la cara y otras, se queda con nosotros en silencio. Pero es como un grito silencioso, que está allí llamando tu atención y buscando que te ocupes de ella.

A pesar que aprendí a vivir contigo (tristeza), en los últimos meses me negaba a sentirte. Te evadía. Sabía que estabas aquí, conmigo, que me acompañabas a todas partes, pero yo cerraba mis ojos, te ignoraba, giraba la mirada, no quería verte ni aceptarte.

Sé que me rozabas, me pasabas por un lado, buscabas mi mirada, me seguías a todas partes…

A veces, cuando te veía, porque ya no podía evadirte más, llorábamos juntas. Dejaba que me abrazaras y hasta confieso, que me dabas consuelo.

Luego, te echaba a un lado. No lo niego te desprecié muchas veces, consciente de que, tú llegas para enseñarme, porque eso es lo que deja tu paso: aprendizajes que nos hacen más fuertes y maduros.

Muchas veces me hiciste sentir fuerte ante las adversidades y me obligaste a afrontar situaciones que no esperaba.

Nunca te he tenido miedo. Quizás porque sé en profundidad lo que significas y, aunque no quiero que me visites por mucho tiempo, también sé, que si vuelves a venir es para hacerme sentir que estoy viva. Solo tú sabes cómo sacudirme y decirme aquí estoy.

Sé que si llegas de nuevo, será para sanar, profundizar en mi interior y aprender.

Nunca me venciste, nunca permití que lo hicieras. Reconozco que me diste fuerte y donde más dolía, pero siempre me levanté, seguí adelante, no perdí el enfoque.

Y en todo este viaje que han sido años, también hoy puedo decir que la tristeza también es felicidad. Así como puedes llorar de felicidad, también puedes ser feliz en la tristeza.

Aunque parezca una locura o contradicción, una vez que lo transites y descubras te darás cuenta que en cualquier circunstancia, la tristeza es mejor aceptarla, asumirla, no negarla, ni esconderla.

La puedes vivir solo (a) o la puedes compartir. Siempre hace bien contarle a alguien de confianza cómo te sientes.

Vivir contigo ha sido una de las mejores experiencias de mi vida, de la cual más he aprendido. Es difícil estar contigo, pero cuando te vas, es tan gratificante.

Gracias tristeza por no soltarme en tantos años, por enseñarme a valorar y a valorarme más, a saber qué sí y qué no, a luchar por mí, por mis sueños, a saber que eres parte de la vida y que en vez de hacernos daño, solo nos visitas para enseñarnos y dejarnos mucho amor.

No te voy a extrañar, no te echaré de menos, no quiero caminar contigo por un largo tiempo. Ve y busca a alguien más para enseñar, por ahora, aquí ya terminaste tu trabajo.

Por cierto, gracias por irte sin despedirte.

Y tú, no estés triste, no llores más. Al contrario, sonríe y sé feliz por lo que fue y por lo que vendrá.

Escrito por Aylen Bucobo / En todas las Redes Sociales @aylenbucobo

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