Hablar de la crisis eléctrica en el estado Zulia ya no es una abstracción ni una queja retórica; es un ejercicio de contabilidad social. A la fecha, agosto de 2026, la realidad del municipio Maracaibo-Zulia se traduce en una constante zozobra.
Si calculamos el impacto bajo un criterio conservador y equilibrado —reconociendo que mientras en algunas parroquias los cortes son de 3 horas, en otras alcanzan las 5 horas diarias—, el promedio de equilibrio nos ubica en cuatro (4) horas diarias sin energía eléctrica.
En el acumulado de estos meses (219 días), esta cifra arroja un total escalofriante: 876 horas de apagones. Es el equivalente a haber vivido 36 días y medio continuos —más de un mes entero— en la absoluta penumbra.
Para la ciudad capital de la región, la más poblada y de mayor peso electoral del país, la situación ha dejado de ser una simple falla de servicio para convertirse en un grito de auxilio desesperado frente a una cotidianeidad insoportable.
● Las consecuencias de estas 876 horas perdidas golpean con saña la economía local.
•El sector industrial ve interrumpidas sus líneas de producción y deteriorada su maquinaria por las oscilaciones de voltaje (Las pocas que no arrugan).
- El comercio se paraliza, imposibilitado para procesar pagos o mantener cadenas de frío, empujando a pequeños emprendedores al quiebre.
- En los hogares, el drama es cotidiano, alimentos que se dañan y electrodomésticos quemados que resultan imposibles de reponer con los ingresos actuales
Pero el colapso va mucho más allá de lo económico; trunca la vida cotidiana y la seguridad de los ciudadanos. Cada restricción eléctrica paraliza las bombas de agua, dejando a miles de familias sin el suministro básico, y detiene los ascensores en las estructuras verticales, aislando a adultos mayores y enfermos.
Mientras la inmensa mayoría padece este drama, la brecha de la desigualdad se evidencia en aquellos sectores vinculados al poder estatal que cuentan con plantas eléctricas e insumos garantizados para no interrumpir su confort.
Por si fuera poco, la vocería del régimen, encarnada en Delcy Rodríguez, vuelve a recurrir al desgastado argumento del «fenómeno de El Niño» agudo para pedirle mayores sacrificios al pueblo y justificar nuevas restricciones en el agua y la electricidad, en lugar de asumir la responsabilidad por la falta de inversión y mantenimiento.
Cuando las interrupciones ocurren en horas nocturnas, la vulnerabilidad se multiplica. La oscuridad le deja el camino abierto al hampa en avenidas y comunidades, ante la mirada impotente de un cuerpo policial precarizado, desgastado y sin los recursos ni el equipamiento necesario para patrullar con efectividad.
Maracaibo y el Zulia representan el mayor centro de definición político y electoral de Venezuela. La historia reciente demuestra que el sufrimiento acumulado no se olvida; se transforma en conciencia y en voluntad de cambio.
Cada una de estas 876 horas de racionamiento representa un desgaste irrecuperable para quienes han gestionado el colapso del país.
Tengamos claro entre más horas de apagones se le impongan al ciudadano, menor será el respaldo que obtendrán en las urnas. La factura de esta torturas colectivas se cobrará de manera categórica el día en que en Venezuela se convoquen verdaderas elecciones transparentes.
Sin duda alguna sostengo !El Socialismo es el infierno en la tierra¡…
DC / Abogado Joaquín Chaparro Oliveros / Demócrata Cristiano pero diferente – Somos Sociedad Civil-Zulia con María y Edmundo (MCM).&
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