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“Enjuiciando” con Orlando y otros, Por Soc. Ender Arenas Barrios.

Se trata de Orlando Urdaneta, tal vez los jóvenes que marcharon el jueves 12 de octubre no llegaron a conocerle. Orlando Urdaneta es un actor venezolano con profusa actividad en cine, teatro y televisión. Tiene una vastísima cinematografía. Era “nuestro pequeño Robert De Niro”.

La primera vez que lo vi, a mediado de la década de los 60, protagonizaba una serie llamada “Las aventuras de Rover y Akela”, una especie de telenovela para adolescentes (él era Rover. Lo aclaro porque a la edad que ya tengo se me confunden algo los roles y a veces creo que él hizo de Akela. Pero no. Estoy seguro de que él era “Rover”) y para hacer el cuento más corto, Urdaneta se hizo acérrimo opositor a Hugo Chávez. Justamente, la última vez que lo vi en TV fue cuando participó en los acontecimientos de abril de 2002.

Todo este rollo viene a cuento porque, en días pasado, después del nuevo secuestro de Juan Pablo Guanipa un amigo me hizo llegar un video que tiene por protagonista a Orlando Urdaneta, nuestro “pequeño Robert De Niro” local y ya entrado en años.

Me sorprendió, de verdad, verlo (no me lo tomen a mal, pero yo lo creía muerto). Pero allí estaba.

 Esta nota versa sobre el contenido de ese video, no tanto por lo que hoy opinaticamente representa Urdaneta, él tiene la libertad de decir lo que a él le dé la gana, sino, porque muchos, pero muchos, piensan y emiten juicios parecidos.

Claro, son opiniones y como estas no se respetan, sino que se debaten, escribo esta pequeña nota.

Veamos, Orlando Urdaneta, pontifica sobre la actividad pública de Juan Pablo Guanipa una vez que fue excarcelado y como consecuencia de dicha actividad vuelto a ser encarcelado, esta vez, mediante el secuestro a punta de pistola por diez tipos vestidos de civil y sin identificación alguna y finalmente encarcelado en su propia casa, vigilada por policías, con grilletes en sus tobillos y una enorme mordaza en su boca.

En el video, no tardó Urdaneta en endilgarle todos los adjetivos contenidos en nuestro “Manual venezolano del insulto y de epítetos” que suelen ser utilizados para insultar, denigrar, humillar y despreciar a todos aquellos que no están de acuerdos con lo que “los otros” piensan, dicen y hacen. En el caso de los insultos esgrimidos por Urdaneta no se detienen hasta rebajar a Guanipa a la misera condición de “Guevón” y a su acción política la califica como “una verdadera cagada”.

Hay que aclarar, una vez más, que Urdaneta no ha sido el único juez de la acción de Guanipa, ha habido algunos otros que han señalado que el dirigente excarcelado después de ocho meses presos “ha sido imprudente, pues el plan de Trump está funcionando”, otros han dicho que: JPG ha introducido un ruido innecesario en un proceso de estabilización que era necesario, un mal menor (aquí recomiendo como desmentido de esta sentencia el artículo de este miércoles de Antonio de la Cruz, publicado en El Nacional: “Venezuela: donde la estabilización no significa democracia”). Otros, sin ambages reclaman que debió callarse e irse a su casa a abrazar sus hijos y a su familia y no coger la calle. Por cierto, que Urdaneta, no sé si por un lapsus linguae o porque hasta ahora él no había reparado en la actividad política de Guanipa le sugirió que debía haberse ido a su casa a abrazar a su mujer, ignorando que una de las pérdidas sufridas por Guanipa fue la de su esposa, recientemente fallecida.

Pero, realmente ¿Qué hizo Guanipa, que ha llevado a Urdaneta y algunos normalizadores a “indignarse” y a enjuiciar su acción política como imprudente y como una “pendejada”? (el eterno error de los llamados “políticamente realistas” que siguen considerando que hay que ser prudente para tener éxito).

En rigor, Guanipa solo hizo uso del último recurso con el que cuenta la democracia:  la palabra. La usó, de la única forma que puede usarse en democracia, esto es cívicamente.

La lectura realizada por Urdaneta, que de manera poco, o nada considerada, lo rebaja a “reina de carnaval” que pasea en motocicleta y la de otros que le enjuician, porque, en definitiva, una vez excarcelado, tenía que haberse ido a Maracaibo “abrazar a su mamá”, son lecturas interesadas, que se aderezan con aquello de “Qué hiciste JPG, si tú eras quien me representaba… Yo no quiero que me represente pendejos”, quien esto dice es Urdaneta, el mismo que estuvo presente en la sala donde los militares del 11 de abril deliberaban como se repartían el poder y Pedro Carmona se preparaba para auto juramentarse como presidente de facto hipotecando y liquidando la manifestación por la democracia más importante del siglo XX y que quizás no volvamos a tener otra igual.

Juan Pablo Guanipa, con quien he tenido cierta desavenencia en el pasado, hizo algo tremendo el domingo de su excarcelación: se enfrenta a los dos aspectos que han caracterizado al autoritarismo chavista, por un lado, a la represión autoritaria, que ha definido al régimen, fundamentalmente, en la versión madurista, aunque Chávez fue su precursor y en un mismo movimiento se enfrentó al orden autoritario, característica fundamental del chavismo en la versión de los hermanos Rodríguez.

La detención de Guanipa, después de los actos públicos, en los que elevó su voz cívicamente contestaria, develó que se sigue padeciendo la represión del régimen y cuando Tarek William Saab, el fiscal general de la dictadura, publica el bodrio donde cancela la excarcelación de JPG, dizque por no cumplir con las condiciones impuestas por el régimen, (aunque en el caso de Guanipa, tales condiciones han sido expuestas posterior a su exposición en la calle que se vio nutrida por la presencia popular, sin haberla convocado ni planificado), nos revela que, el orden autoritario de los hermanos Rodríguez, bajo la tutela de Trump y devenido en protectorado de los EE.UU, la fuerza bruta del régimen autoritario ha transitado rápidamente a una “institucionalización progresiva de la fuerza”.

Esto nos plantea la pregunta de ¿si en realidad la administración Trump realmente controla y ordena totalmente a los Rodríguez, el cumplimiento de una agenda elaborado en el centro mismo del Imperio? O estos, tienen su propia estrategia que opera con una lógica que, como siempre, es la de ganar tiempo y, también, en este caso, acceden abandonar sus “principios ideológicos” del “socialismo del siglo XXI” para alinearse a “los detestables principios” del imperialismo norteamericano. El poder bien vale una traición o dos y hasta tres.

Pero, además, la presencia militante y activa de JPG develó otra cuestión importante del desenvolvimiento de la dictadura, ahora en manos de Delcy y Jorge Rodríguez (sin dejar de lado los otros dos pilares del poder: Cabello y Padrino López) y que las excarcelaciones con duras restricciones (grilletes en tobillos, casas por cárcel, prohibición de hablar en público, etc.) lo manifiestan, esto es un aspecto que desde Chávez se ha tratado de materializar: el disciplinamiento del país.

Chávez lo hizo mediante la dominación y canceló la política reduciéndola a la actividad estatal y consideró, todo lo que se hacía al margen de este, como acción de “golpistas, lacayos del imperio, pitiyanki”, etc. Y redujo a los opositores a “escuálidos”, “terroristas”, “delincuentes sociales”, etc. y fue un factor importante, con su enorme apoyo popular y carisma, para que las organizaciones partidarias perdieron todo principio legitimatorio (aclaremos que la organización partidaria hizo lo propio para deslegitimarse, perdiendo la conexión con los ciudadanos y el timing en política, cuestión que solo ahora ha sido corregido por el liderazgo emergente de MCM y Edmundo Gonzales Urrutia)

Por su parte, los hermanos Rodríguez, bajo la tutela y el protectorado trumpista implementa, mediante la cesión de soberanía y el manejo del negocio petrolero y minero en general, implementa otra lógica, la lógica del mercado “mediada por el dinero” y sin descuidar su aspecto represivo, solo camuflajeado con una oratoria “moderada” cuyo objetivo es lograr el “desafecto, la pérdida de creencias, certezas y confianza”  de la gente, conseguir como resultado “el consentimiento pasivo de los ciudadanos”.

La presencia activa de JPG en la calle puso en peligro el inmovilismo necesario para el mantenimiento del “nuevo orden autoritario”: La movilización de la gente, el grito de consignas que hablaban de Libertad y Democracia mediante la cual la gente recuperaba su voz, su autonomía, superaba el miedo y recuperaba para si a la política, expropiándoselas al Estado. Todo ello envolvía un mensaje claro y tremendo: “La Democracia no puede esperar” (tal como se titula el dossier de esta semana de Letras Libres).

Quizás esto no lo pueda o quiera entender un Orlando Urdaneta, ansioso y molesto y todos aquellos que hoy hasta le dicen a Donald Trump, Papa Trump y a Marco Rubio, Tío Marco.

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