¿Qué pasa cuando una generación no logra vencer con las reglas existentes?
La crisis de la habitación en buena parte del planeta es una crisis generacional
Según la teoría de Neil Howe una sociedad entra en una verdadera transformación cuando las instituciones del pasado dejan de resolver los problemas del presente. Sin embargo, los cambios no comienzan cuando aparece una solución, comienzan cuando las personas dejan de creer en las instituciones antiguas y las soluciones que estas proponen.
Durante años las respuestas de las instituciones de los Estados han sido relativamente simples: ¿No consigues comprar casa? Pues te tienes que esforzar cada día más; quizás te convenga mudarte para más lejos de tu trabajo o universidad; busca un empleo mejor; divide la casa; espera por una oportunidad mejor; o pide ayuda a tus padres.
En el fondo, cada una de las respuestas anteriores trata la crisis como si el problema fuera individual, como si cada persona tuviera que tomar mejores decisiones para superar sus problemas actuales, pero, resulta que, lo que estamos evidenciando es una crisis generacional que en la generalidad del planeta.
¿Pero, que pasa cuando miles y miles de personas, fundamentalmente, jóvenes, que estudian, trabajan, se esfuerzan, pero, aun así, deben ir postergando sus sueños de vida, y continúan sin conseguir acceso a una vivienda?
En ese momento, la explicación individual pierde fuerza, pues una persona es posible que haya cometido errores, pero que una generación entera cometa exactamente los mismos errores, es difícil que eso haya sucedido, y es aquí donde comienza generarse cambios importantes en las nuevas generaciones.
La pregunta pasa de ¿qué estoy haciendo mal? pasando a cuestionarse ¿qué es lo que está equivocado en las reglas del mundo de hoy?
Este cambio en la mentalidad de los jóvenes parece pequeño, pero, así es como muchos paradigmas se comienza quebrar.
Primero, el problema es presentado como una excepción, después se transforma en una experiencia compartida por muchos, y finalmente surge una generación que ya no quiere que el sistema le ayude, descubre que lo que verdaderamente necesita es alterar el propio sistema que hoy no les da respuestas ni oportunidades.
Esta es la transformación que vuelve la teoría de Neil Howe tan interesante, pues no es apenas una época en las personas están molestas, es un periodo donde el sistema político y económico comienza perder legitimidad.
Las instituciones del Estado existen, las leyes aún están vigentes, los mercados continúan funcionando, pero, una parte creciente de la población viene dejando de creer que los resultados producidos por esas instituciones son justas, sustentables en el tiempo, menos aún, aceptables y eficientes. Es en este momento cuando las ideas anteriormente rechazadas comienzan a entrar en el debate.
Veamos por un momento el proceso cuando una vivienda es vista como una inversión; quien la compra protege su matrimonio, quien invirtió espera su valorización, los bancos protegen su crédito, los municipios se benefician de los impuestos, los propietarios no quieren que su inversión pierda valor.
Durante mucho tiempo esta combinación ha ayudado a proteger las reglas de funcionamiento del tema habitacional, pero, existe un problema, una casa no es apenas un activo financiero, es también el lugar donde alguien comienza una vida independiente, donde crea una familia y crían a sus hijos, donde construye estabilidad.
Sin embargo, cuando estas dos funciones entran en conflicto, la sociedad debe entonces escoger aquello que quiere proteger primero, o sea, el valor del patrimonio existente o la necesidad de heredar a la siguiente generación la capacidad de construir una vida.
Durante mucho tiempo ha sido posible proteger ambas cosas, la vivienda se valorizaba y al mismo tiempo nuevos compradores entraban en el mercado.
Pero, cuando los precios crecen en una proporción mayor que los ingresos de los nuevos posibles compradores, ese equilibrio comienza desaparecer, pues aquello que beneficia a quien ya está adentro del sistema, comienza a excluir a quienes intentan entrar, y es exactamente aquí que la insatisfacción comienza a ser apenas un problema económico.
Esta situación se vuele un tema moral, de dignidad, pues las personas no dicen apenas “esto no debería funcionar así”. Este cambio marca un cambio de paradigma, pues a partir de ese momento la discusión deja de ser sobre precios, intereses, más construcciones.
Mientras estos cambios se dan, los gobernantes no se les ocurre una mejor opción que arremeter contra estas manifestaciones con brutalidad policial.
Lamentablemente, muchos gobernantes no entienden que el disgusto social, la frustración de las nuevas generaciones tienen bases muy sólidas, se está generalizando por el planeta, y nos acercamos a un cuadro pre revolución francesa.
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