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Opinión

Hace 22 años Venezuela es Ucrania, Por: Luis Velázquez Alvaray




Cada guerra tiene sus características específicas, pero al final es una guerra y los países que la sufren, padecen consecuencias terribles. Lejos de la que ha provocado el carnicero Putin, en el otro lado del mundo, terroristas internacionales han destruido un país, cuyos habitantes viven arrinconados, resignados, azotados, como los habitantes de Ucrania.

No es comparable una situación con la otra, pero ambas son aterradoras, como todo dominio impuesto por las armas a la sociedad.

Existen sí hechos parecidos. Venezuela también se ha quedado sola y es ejemplo que las sanciones no logran revertir el terrorismo ni sus consecuencias. Occidente se olvida pronto, el bandidaje se extiende, destruye y se fortalece, mientras la población permanece acechada, arrinconada.

Si consideramos lo de Ucrania y lo de Venezuela, coinciden que el poderoso mundo de las drogas impulsa las batallas. La oligarquía rusa ha saqueado ese país, mientras la venezolana, aliada con toda suerte de bandoleros internacionales, se ha llevado las grandes riquezas que poseíamos. Para no ir muy lejos, la revista “Semana”, de Colombia, ha presentado hace pocas horas, el monstruoso imperio que ha construido una candidata a senadora, de la campaña Petro, asidua huésped de Miraflores, Piedad Córdova, quien además maneja los enlaces guerrilleros, que son parte de los ejércitos que controlan nuestro país, la salida de la droga y la costosa campaña Petro; aspira con gran fuerza, convertir a Colombia en la segunda Venezuela. Así lo maneja el foro de Sao Paulo y la segunda Marquetalia y su representante en los consejos de ministros venezolanos, El asesino serial Iván Márquez.

En la guerra contra la población venezolana, desarmada y desarticulada, por múltiples ejércitos, que manejan al déspota de Miraflores, en 22 años han asesinado más de 400.000 venezolanos, aproximadamente 40 personas diarias, donde cuentan numerosos jóvenes, menores de 30 años. No son cifras inventadas. Estudios científicos lo demuestran, entre ellos los realizados por la Universidad Católica Andrés Bello. ¿Si eso no es una guerra, qué etiqueta le ponemos?

A través del bombardeo persecutorio han destruido el 80 por ciento de las empresas que operaban en el año 1999. Productores de toda la vida han sido arruinados. La industria petrolera, -de las más poderosas del mundo- en la era democrática, ha sido destruida completamente, desmantelada y su personal calificado y reconocido, impulsados al destierro. La hambruna desatada por esta guerra, mantiene en esta situación a gran parte de la población, con un salario mínimo de 6 dólares, mientras la canasta alimentaria se ubica a 300 dólares al mes. El 20 por ciento de los niños están desnutridos. 5 millones de venezolanos refugiados padecen por el mundo, muchos en situaciones dolorosas, en las calles y albergues, en condiciones infrahumanas.

Estos son pequeños ejemplos de la gigantesca crisis estructural, originada por el bombardeo chavista, desconocido en el mundo, gracias al apoyo de la poderosa red del grupo de Sao Paulo- Puebla, junto al mecanismo de utilización de la mentira por parte de los rusos, cubanos y demás cárteles del mundo, protegidos por la delincuencia organizada.

Han sido violentados todos los estándares internacionales y nacionales al utilizar el uso de la fuerza. Allanamientos ilegales y violentos en forma continua durante toda la permanencia del régimen. Torturas a los presos políticos, a los cuáles les fabrican delitos para mantenerlos incomunicados y bajo tratos vejatorios, crueles e inhumanos. Desapariciones forzadas, violaciones del debido proceso, aplicación de la justicia militar a civiles. Masacrada la libertad de expresión. Destruido los medios de comunicación. Cierre violento y robo descarado hasta de los edificios, como el caso del diario “El Nacional”. Amenaza permanente de grupos paramilitares y de las propias fuerzas armadas, agrupadas en torno a los cárteles de la droga, que han destruido los derechos de integridad territorial y de soberanía política.

Todo lo señalado está comprobado por los organismos internacionales, bajo el marco jurídico de su actuación.

La definición de los conflictos contemporáneos obedece a múltiples variables. El sufrimiento de los venezolanos es de igual intensidad al que se padece en una guerra. Lo ideal es una solución política, sin olvidar que negociar con Maduro, es como hacerlo con Putin, agregándole, que en la cadena de mando están los jefes del narcotráfico, las guerrillas, los cubanos, los rusos, el cartel de Sao Paulo – Puebla, los soles, y todos los delincuentes universales que se niegan a soltar ese botín.

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