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Cuando la crisis obliga a reinventar el internet Por Dayana Cristina Duzoglou

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Las grandes transformaciones tecnológicas casi nunca comienzan donde todo funciona bien. Con frecuencia nacen en escenarios donde reinventarse deja de ser una opción y se convierte en una necesidad.

América Latina vive justamente ese momento: economías tensionadas que buscan nuevos caminos, sistemas educativos que intentan ponerse al día y sociedades que todavía reclaman espacios reales de diálogo. Todo esto ocurre mientras el mundo entra en una nueva era digital y, en medio de un contexto vertiginoso, emerge una idea innovadora que comienza a consolidarse en países de avanzada: el internet de los sentidos.

La región enfrenta limitaciones evidentes, pero también posee una ventaja inesperada: la posibilidad de adoptar nuevas tecnologías sin las rigideces estructurales que condicionan a economías más consolidadas. El internet de los sentidos propone un modelo distinto al que hoy conocemos. No se trata solo de mirar pantallas o escuchar contenido, sino de interactuar con experiencias digitales que integren los cinco sentidos.

A diferencia del internet tradicional, esta evolución combina realidad inmersiva, tecnología háptica y entornos virtuales capaces de generar una sensación más cercana de presencia mediante simulaciones de vibración, presión, sonido envolvente e incluso aromas asociados a determinados espacios. Un visitante podría recorrer digitalmente un destino latinoamericano utilizando gafas inmersivas y guantes sensoriales que le permitan sentir la textura de una flor nacional mientras percibe el olor del mar o de una comida típica. Luego podría caminar por un mercado virtual, observar productos en tres dimensiones, escuchar conversaciones y explorar el entorno antes de decidir viajar. No sustituye la experiencia real: la potencia.

En contextos donde la infraestructura física avanza lentamente, las herramientas digitales pueden crecer con mayor rapidez. Por ello, el internet de los sentidos comienza a verse no solo como una innovación tecnológica más, sino como una oportunidad estratégica para repensar la economía, la educación y la participación social en países que atraviesan crisis multifactoriales.

Crisis económica: nuevas industrias basadas en experiencias

Uno de los sectores donde esta transformación podría manifestarse primero es el turismo. En lugar de depender exclusivamente de la llegada física de visitantes, los destinos podrían ofrecer recorridos inmersivos que permitan explorar paisajes y espacios culturales desde cualquier parte del mundo. Estas experiencias funcionarían como una vitrina viva que inspire viajes reales y, al mismo tiempo, genere nuevas fuentes de ingreso.

También se abren oportunidades en el trabajo especializado. Profesionales podrían colaborar dentro de entornos tridimensionales donde manipulen objetos digitales como si fueran físicos. Arquitectura, diseño, capacitación técnica y producción creativa podrían desarrollarse sin depender únicamente de oficinas tradicionales.

La formación laboral es otro campo clave. Mediante simulaciones táctiles, una persona podría aprender a reparar aeronaves o vehículos de última generación, operar maquinaria compleja o practicar procedimientos técnicos sin requerir grandes instalaciones. Para economías que necesitan avanzar con rapidez, este tipo de aprendizaje puede marcar una diferencia sustancial en los procesos de recuperación y crecimiento.

Crisis educativa: aprender desde la experiencia

En la región, la educación ha sido una de las áreas más afectadas en los últimos años. El internet de los sentidos ofrece una alternativa basada en la experiencia directa. En lugar de estudiar exclusivamente desde libros o videos, los estudiantes podrían interactuar con entornos virtuales que acerquen la teoría a la práctica.

Un alumno podría explorar ecosistemas digitales, manipular modelos científicos o recorrer reconstrucciones históricas en tres dimensiones. Este tipo de aprendizaje convierte el conocimiento en algo más tangible y accesible, incluso en lugares donde la infraestructura educativa es limitada. Además, estas dinámicas pueden incorporar elementos de gamificación, permitiendo que los estudiantes aprendan historia, idiomas, programación o matemáticas avanzadas mientras experimentan la motivación propia del juego.

Las aulas inmersivas también podrían conectar a estudiantes de distintos países en proyectos compartidos. Más que reemplazar la educación tradicional, estas herramientas la complementarían y abrirían nuevas formas de colaboración regional.

Crisis política y social: una participación más cercana

Las crisis políticas suelen ampliar la distancia entre ciudadanos e instituciones. Las tecnologías inmersivas podrían contribuir a reducir esa brecha al permitir que las personas comprendan mejor el impacto de las decisiones públicas. Imaginar proyectos urbanos, planes de infraestructura o presupuestos dentro de simulaciones interactivas facilitaría debates más informados y menos abstractos.

Asimismo, los espacios digitales inmersivos podrían transformar la conversación pública. En lugar de intercambios fragmentados y acelerados en redes sociales, los ciudadanos podrían encontrarse en entornos virtuales donde la sensación de presencia favorezca diálogos más estructurados y colaborativos.

En este contexto, la tecnología dejaría de ser únicamente una herramienta técnica para convertirse en un puente capaz de fortalecer la cohesión social y reconstruir confianza.

Conclusión: reinventar el internet para reinventar la región

Durante años se asumió que América Latina siempre llegaría tarde a las grandes revoluciones tecnológicas. Sin embargo, el surgimiento del internet de los sentidos y el desarrollo acelerado de herramientas digitales plantean un escenario distinto.

Las mismas dificultades que han frenado el crecimiento pueden convertirse en el impulso para adoptar modelos innovadores con mayor agilidad. Allí donde las estructuras tradicionales presentan limitaciones, la tecnología abre espacios para experimentar, adaptarse y avanzar.

Tal vez la verdadera transformación digital latinoamericana no nazca en los centros tecnológicos tradicionales, sino en la necesidad urgente de reinventarse. Porque a veces la crisis no solo rompe sistemas: también obliga a imaginar un internet diferente y, con él, un futuro distinto para la región.

Dayana Cristina Duzoglou L.

X: @dduzogloul

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