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La baja productividad en América Latina y el Caribe (ALC) Por: José Gregorio Figueroa

América Latina y el Caribe (ALC) presentan desde hace años problemas estructurales con su productividad. Cabe recordar que el concepto de productividad se fundamenta en el uso eficiente de recursos como el trabajo, el capital, la tecnología, el talento humano y los recursos materiales. Estos permiten un aumento en la producción de bienes y servicios, contribuyendo al crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) y a una mayor estabilidad económica. Esto debe vincularse necesariamente con una estrategia de competitividad que optimice sectores e industrias.

​En el caso de ALC, es necesario mencionar los estudios de la investigadora Elena Ianchovichina, quien señala la limitada capacidad de crecimiento y sus consecuencias negativas para la región. En sus investigaciones se distinguen elementos críticos como:

​Crecimiento de la informalidad.

​Ciudades de alta densidad con baja productividad.

​Desindustrialización de las principales urbes.

​Altos costos y baja calidad de los servicios públicos.

​Bajo nivel crediticio y ausencia de políticas públicas enfocadas en el área.

​Fuga de cerebros y caída en la formación de talento humano.

​Dificultades para acceder a nuevas tecnologías.

​Por otro lado, Dani Rodrik, de la Universidad de Harvard, comenta en sus estudios que la presencia del sector privado es de vital valor, lo que implica una revisión del tamaño del Estado. La recuperación del sector productivo requiere, además, un mayor acercamiento a las inversiones tanto nacionales como internacionales.

​El fortalecimiento del talento implica inversión para recuperar el sector educativo, buscando, entre otras mejoras, la formación de técnicos medios. Igualmente, es imperativo un cambio en la mentalidad empresarial que se acompañe de criterios de innovación y progreso, dejando atrás el cortoplacismo.

​La informalidad en ALC alcanza niveles cercanos al 70% de la Población Económicamente Activa (PEA). A esto se le suma una debilidad institucional incapaz de dar respuesta a esta delicada situación.

​Si analizamos el caso específico de Venezuela, los resultados no muestran una tendencia hacia la reactivación. El populismo, como orientación de los sistemas políticos, lejos de ofrecer soluciones de largo alcance, se limita a ofrecimientos demagógicos que no contribuyen a iniciar procesos reales de recuperación de la actividad productiva.

​Otros elementos que inciden en la baja productividad se asocian al deterioro de la infraestructura: vías en mal estado y falta de conectividad que impiden dar celeridad a los procesos. Asimismo, el clima laboral se ve afectado por la alta presión en el cumplimiento de tareas, bajos ingresos y una evidente carencia de políticas de motivación y capacitación.

​La nula combinación de los factores clave de la productividad impide que esta se convierta en el motor de desarrollo del país. El bajo ingreso económico del trabajador no contribuye a estimular el consumo; a esto se suma la fuerte contracción económica que impide la inversión en materiales, equipos y tecnología, llevando estos recursos a la obsolescencia. Finalmente, la alta dependencia de la actividad petrolera nos ha convertido en una economía de puertos, sin valor agregado a la actividad productiva nacional.

​En conclusión, la baja productividad en ALC, y especialmente en nuestro país, es el resultado de la baja competitividad causada por la ausencia de políticas firmes que impulsen a los sectores estratégicos. Es vital el liderazgo de un talento humano que requiere, con urgencia, políticas de inversión, financiamiento, recuperación institucional y tecnología. Estos elementos deben combinarse para reducir los niveles de corrupción, fomentar la transparencia y garantizar la rendición de cuentas.

​Son caminos difíciles, pero necesarios. Atreverse es el camino.

​José Gregorio Figueroa

@Figueroazabala

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