El 5 de agosto de 1392, cerca de Le Mans, Carlos VI de Francia sufrió una grave crisis durante la cual atacó a sus acompañantes y, según las crónicas, mató a cuatro hombres. Algunos relatos señalan que después no recordaba lo sucedido. Su historia exige una precisión: padeció una enfermedad real; presentarlo como un simulador que fingía para eludir responsabilidades falsearía aquel episodio.
Un caso diferente fue el de Rudolf Hess, antiguo lugarteniente de Hitler. El 30 de noviembre de 1945, ante el Tribunal de Núremberg, declaró que había simulado pérdida de memoria por motivos tácticos, incluso frente a su abogado. La confesión quedó registrada en las actas.
La historia obliga a distinguir entre enfermedad y conveniencia. La amnesia que esta columna cuestiona es política: esa habilidad para recordar los cargos cuando sirven de credencial y perder de vista las responsabilidades cuando llega la hora de rendir cuentas.
El poder tiene una memoria extraordinaria para conservar sus privilegios. Para explicar sus consecuencias, de pronto necesita que le repitan la pregunta.
Este 29 de octubre de 2026, Delcy Rodríguez afirmó: «Vengo del sistema que estamos transformando y cambiando, no lo escondo». Reivindicó su procedencia como una fortaleza para impulsar las reformas.
Perfecto. Entonces podemos ahorrarnos la presentación. Usted conoce el sistema porque ocupó posiciones centrales dentro de él. Ahora corresponde explicar qué hizo desde esas posiciones.
Su argumento merece detenerse un momento: haber pertenecido a la estructura que necesita ser reformada se presenta como razón para seguir dirigiéndola. ¡Qué maravilla de currículum! Sirve para reclamar experiencia, conservar la silla y solicitar un aplauso por descubrir los desperfectos del edificio donde llevaba años despachando.
A los venezolanos se les pide confiar en la experiencia de la funcionaria. También tienen derecho a examinar los resultados de esa experiencia. El currículum viene completo: las responsabilidades difícilmente pueden enviarse por equipaje separado.
Y la memoria tampoco le duró demasiado con el asunto del espectáculo. El lunes 26 de octubre pidió: «Alejémonos del show y concentrémonos en que la política sea algo muy serio». Al día siguiente, el 27, apareció cantando y bailando en una tarima de Carabobo junto al gobernador Rafael Lacava.
¡Qué disciplina! El lunes, catedrática de la seriedad; el martes, animadora de la tarima. La coherencia seguramente estaba esperando que le pusieran una canción que conociera.
Por lo visto, el espectáculo se vuelve un problema cuando la multitud acompaña a María Corina Machado. Con Delcy y Lacava, adquiere rango de política de Estado y viene con coreografía incluida.
Uno termina preguntándose si la molestia era por el show o porque el aplauso se lo llevaba otra.
La Constitución ayuda a refrescar la memoria. El artículo 238 sitúa a la Vicepresidencia como colaboradora inmediata del jefe del Ejecutivo. El 239 le atribuye colaborar en la dirección del Gobierno, coordinar la Administración Pública Nacional, proponer nombramientos y remociones de ministros y presidir, con autorización presidencial, el Consejo de Ministros.
El artículo 241 dispone que quien ocupa la Vicepresidencia «es responsable de sus actos, de conformidad con esta Constitución y con la ley». El 242 establece responsabilidad solidaria por las decisiones del Consejo de Ministros para la Vicepresidencia y los ministros que hayan concurrido, salvo quienes hubieran hecho constar su voto adverso o negativo.
Había funciones, facultades y responsabilidades. El cargo incluía bastante más que una silla cómoda y una carpeta para salir en televisión y maquillado.
Por eso, Delcy debe explicar su propia gestión: qué decisiones respaldó, qué políticas ejecutó y cómo actuó ante las denuncias de abusos. Las actas, las instrucciones y los documentos de gestión pueden aportar bastante más que otra cadena nacional con música de renovación.
Durante el gobierno de Nicolás Maduro, la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre Venezuela documentó detenciones arbitrarias, torturas y persecución política. En sus conclusiones de 2024, sus investigadores señalaron que muchos de los hechos examinados constituían crímenes de lesa humanidad.
La responsabilidad penal individual debe establecerse mediante pruebas y debido proceso. La rendición de cuentas política exige, desde ahora, respuestas concretas sobre la actuación de quienes ejercieron el poder.
Las víctimas merecen que se esclarezca quién ordenó, quién ejecutó y quién contribuyó a los abusos. Un cambio de discurso deja esas preguntas enteritas sobre la mesa.
En su mensaje de hoy, Rodríguez recordó haber reconocido la aplicación abusiva de la Ley contra el Odio y planteó eliminar sus sanciones penales. También anunció instrucciones para impedir detenciones sin orden judicial, con la excepción de los casos de flagrancia.
¡Qué impresionante descubrimiento a estas alturas de la administración pública: el ciudadano tiene derechos!
Casi dan ganas de organizar una ceremonia para entregarles un ejemplar de la Constitución. Con separadores de colores, por si los artículos sobre garantías individuales se les vuelven a extraviar entre tanto decreto.
Reconocer los abusos obliga a explicar cómo ocurrieron y qué hizo cada autoridad frente a ellos. Las personas procesadas necesitan revisión de sus casos, reparación y garantías efectivas. Una rueda de prensa tiene una capacidad bastante limitada para devolver los años perdidos.
Queda pendiente una pregunta muy sencilla: mientras ocurrían esos abusos, ¿qué hizo usted desde los cargos que hoy invoca como prueba de su capacidad?
Sería útil escuchar la respuesta con el mismo entusiasmo con el que se recita la hoja de vida.
Rodríguez prometió, además, elecciones con una autoridad electoral renovada, sin anunciar una fecha.
Una promesa electoral sin calendario tiene el encanto de una invitación de boda que dice: «Venga cuando nosotros consideremos que ya está listo el salón». El invitado envejece, el traje se apolilla y los anfitriones continúan cómodamente instalados en la fiesta.
La renovación electoral se podrá evaluar por sus reglas, su independencia, sus garantías y su cronograma. Cambiar la papelería ofrece poco consuelo a un país que lleva años reclamando confianza en sus instituciones.
La experiencia que Delcy reivindica debería servirle también para explicar los obstáculos que antes ayudó a administrar. Conocer las entrañas del Estado trae consigo preguntas sobre lo que se hizo desde ellas.
Finalmente, pidió: «Les pido que me midan por los hechos». Mínimo nececita un rollo de pita de 1000000 km..
Aceptado. Tomémosle la palabra bajo juramento con la manito inocente en una biblia
Midamos su gestión ( cómo cual y cómo ) completa, desde los cargos que ejerció junto a Nicolás Maduro hasta las decisiones que adopta hoy. Incluyamos las respuestas que dio, las denuncias que conoció, las políticas y que defendió y los resultados que puede demostrar. El examen empieza bastante antes de la última alocución.
Porque esta peculiar memoria del poder conserva intactos los nombramientos, los honores y las credenciales. Al llegar al capítulo de las responsabilidades, empieza a pasar las páginas con una velocidad sospechosa y no a paso de Icotea.
El sarcasmo cabe en esta columna. El dolor de las víctimas exige justicia. Y una transformación creíble necesita archivos abiertos, investigaciones independientes y funcionarios dispuestos a responder preguntas incómodas y con la verdad verdadera.
Delcy ha pedido que la juzguen por los hechos será que ya le tienen arreglado su manguangua a lo gringo…?
Pues que traigan los hechos completos y concretos.
Puede cambiar el libreto y ensayar otra coreografía con o sin disfraz..
El pasado no se borra bailándolo y saltando vallas ..
Nos leemos pronto..
Recuerda seguirnos en nuestra CUENTA DE INSTAGRAM Y LA CUENTA DE WHATSAPP


Comment here