Hay frases políticas que parecen responder una pregunta, pero terminan abriendo muchas más. Eso ocurrió esta semana con las declaraciones de Delcy Rodríguez ante la Asamblea General de las Naciones Unidas y, posteriormente, con las palabras de Jorge Rodríguez al concluir el segundo ciclo de conversaciones entre el Gobierno y representantes de la Asamblea Nacional de 2015.
La primera afirmó ante el mundo que en Venezuela habrá elecciones. El segundo confirmó que habrá cuatro procesos electorales. Sin embargo, entre ambas declaraciones queda flotando una pregunta que sigue sin respuesta: ¿cuándo serán las elecciones presidenciales?
Delcy Rodríguez fue categórica ante la ONU: “En Venezuela habrá elecciones”. Aseguró además que existirán condiciones de igualdad para las fuerzas políticas y que el diálogo iniciado con sectores de la oposición forma parte del camino para avanzar hacia ese escenario. Sin embargo, no estableció una fecha concreta y sostuvo que los venezolanos determinarán el “momento correcto” para convocarlas.
El mensaje ante la comunidad internacional tiene, sin duda, una importancia política considerable. Después de años de crisis institucional, confrontación política y cuestionamientos sobre las condiciones electorales, afirmar ante Naciones Unidas que Venezuela avanzará nuevamente hacia elecciones constituye un compromiso que será observado no solamente por los venezolanos, sino también por los gobiernos y organismos internacionales.
Pero una elección no comienza el día en que se abren los centros de votación.
Una elección comienza mucho antes: con un cronograma, con reglas claras, con instituciones electorales confiables, con garantías para la participación política, con libertad de expresión, con posibilidad real de hacer campaña y con condiciones que permitan que el ciudadano pueda escoger entre diferentes alternativas.
Por eso, la frase “habrá elecciones” es importante, pero resulta insuficiente si no viene acompañada de respuestas concretas sobre cuándo, cómo y bajo qué condiciones.
Y es precisamente allí donde las declaraciones de Jorge Rodríguez adquieren especial relevancia.
Al finalizar el segundo ciclo de conversaciones, el presidente de la Asamblea Nacional y jefe de la delegación oficialista aseguró que Venezuela tendrá cuatro procesos electorales: parlamentarias, municipales, regionales y presidenciales, todos dentro de los lapsos que, según afirmó, establece la Constitución.
A primera vista, podría parecer una aclaratoria suficiente. Pero el orden en que fueron enumerados los procesos merece atención.
Primero, las parlamentarias.
Después, las municipales.
Luego, las regionales.
Y finalmente, las presidenciales.
La elección que probablemente concentra la mayor expectativa de los venezolanos quedó, por tanto, colocada al final de la secuencia anunciada.
Jorge Rodríguez no presentó, al menos públicamente, un cronograma electoral detallado. Tampoco precisó una fecha para las presidenciales. De hecho, medios venezolanos han señalado que sus declaraciones apuntan hacia un ciclo electoral que podría extenderse varios años, aunque esa interpretación no constituye por sí misma un cronograma oficial.
Y aquí aparece el verdadero debate.
El problema ya no parece ser solamente si habrá elecciones. El problema es saber qué elecciones vendrán primero y cuándo llegará la elección presidencial.
Porque para un país que atraviesa una transición política, el orden de los acontecimientos no es un asunto menor.
Cada elección modifica la composición de las instituciones. Cada proceso electoral puede cambiar los equilibrios políticos. Cada convocatoria abre o cierra oportunidades de participación. Y cada mes sin un cronograma claro prolonga la incertidumbre sobre el destino institucional del país.
Por eso resulta necesario distinguir entre una promesa electoral y una ruta electoral.
La promesa dice: habrá elecciones.
La ruta debe responder: ¿cuáles?, ¿cuándo?, ¿con qué reglas?, ¿quiénes podrán participar?, ¿qué organismo las organizará?, ¿qué garantías existirán?, ¿qué ocurrirá con los partidos judicializados?, ¿qué pasará con los dirigentes inhabilitados?, ¿qué garantías tendrán los venezolanos en el exterior?, ¿qué papel tendrá la observación internacional?
Estas preguntas no son accesorias. Son precisamente las que determinan si una elección puede convertirse en un verdadero mecanismo de legitimación democrática.
La propia Delcy Rodríguez habló ante Naciones Unidas de condiciones reales de participación para las fuerzas políticas y presentó el proceso como una transición hacia una democracia plena.
Si ese es el objetivo, entonces las garantías electorales no pueden quedar para después de definir el calendario. Deben formar parte de la construcción del calendario.
Y allí el diálogo político adquiere una responsabilidad enorme.
La segunda ronda de conversaciones entre el Gobierno y representantes de la Asamblea Nacional de 2015 terminó con acuerdos relacionados con libertad de expresión, medios digitales y reformas vinculadas al Poder Judicial. Las partes acordaron además continuar las conversaciones en octubre. Sin embargo, el segundo ciclo no produjo un cronograma presidencial concreto.
Eso debería preocuparnos menos por razones partidistas que por razones institucionales.
Venezuela necesita recuperar algo que durante demasiado tiempo ha estado ausente de su vida pública: la certeza sobre las reglas del juego.
No basta con decir que habrá democracia. Hay que construir las condiciones para que exista.
No basta con anunciar elecciones. Hay que establecer cuándo se realizarán.
No basta con hablar de participación. Hay que garantizar que los actores políticos puedan participar efectivamente.
No basta con mencionar la Constitución. Hay que precisar cómo se aplicarán sus disposiciones en el contexto excepcional que vive el país.
Y, sobre todo, no debería existir una democracia de fechas indefinidas.
La experiencia venezolana demuestra que los vacíos de información institucional terminan siendo ocupados por rumores, especulaciones y desconfianza. Por eso, si el propósito es avanzar hacia una transición ordenada y verificable —como ha planteado Delcy Rodríguez—, la transparencia del proceso electoral debería ser una de sus primeras condiciones.
El ciudadano venezolano tiene derecho a conocer la hoja de ruta.
Tiene derecho a saber cuándo elegirá nuevamente a sus representantes.
Tiene derecho a saber cuándo podrá elegir al presidente de la República.
Y tiene derecho a conocer, antes de llegar a las urnas, cuáles serán las condiciones bajo las cuales ejercerá ese voto.
Hay además una cuestión de fondo que no puede ignorarse: ¿estamos ante una transición electoral con una secuencia institucional previamente definida o ante un proceso en el que las elecciones serán administradas progresivamente según las circunstancias políticas?
La respuesta todavía no está sobre la mesa.
Y sería un error adelantarnos a ella.
Lo que sí está sobre la mesa son dos declaraciones que deben ser tomadas en serio: Delcy Rodríguez dijo ante Naciones Unidas que en Venezuela habrá elecciones; Jorge Rodríguez confirmó posteriormente que habrá cuatro procesos electorales y colocó las presidenciales al final de la secuencia.
Ahora corresponde transformar las declaraciones en certezas.
Porque Venezuela no necesita solamente escuchar que habrá elecciones.
Venezuela necesita saber cuándo.
Necesita conocer el cronograma.
Necesita conocer las reglas.
Necesita conocer las garantías.
Y necesita tener la seguridad de que la elección presidencial no será una promesa para un futuro indefinido, sino parte de una hoja de ruta democrática, pública y verificable.
La democracia no se construye únicamente convocando a votar.
Se construye garantizando que el ciudadano sepa cuándo podrá hacerlo, quiénes podrán competir y bajo qué reglas será contado su voto.
La frase “habrá elecciones” puede ser el comienzo de una nueva etapa.
Pero mientras no exista una fecha, un cronograma y garantías verificables, seguirá siendo eso: una promesa que todavía espera convertirse en una hoja de ruta.
Engels Espina Molero
Abogado. Máster en Dirección en la Gestión Pública. Exconcejal y exsíndico procurador del municipio Almirante Padilla.
Analista político y consultor en comunicación política y estrategia electoral.
Abog. Engels Espina Molero | LinkedIn
Correo electrónico: abogengelsespina@gmail.com


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