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La otra transición: De la soberbia al cinismo. Soc. Ender Arenas Barrios

Hubo un tiempo en la que un pensamiento dominaba el relato chavista: “llegamos para quedarnos y nos quedaremos por las buenas o las malas”. Se asumían como los dueños del país. Confeccionaron un relato que expresaba “una grandeza imposible de ser vencida”. Chávez era un extraordinario locutor, el único “autorizado” para hablar y determinar quién podía hacerlo y quien no.

Ese relato sin el encanto inicial, sin el carisma de Chávez, fue heredado por Maduro, aquel chófer de autobús que se convirtió en un “dictador sin escrúpulos”, corrupto, perverso y responsable de las ordenes de tortura, secuestros, desapariciones, el crimen de algunos dirigentes opositores y la represión de manifestaciones durante 2014 y 2017, especialmente, cuyo resultado fue el asesinato de cientos de jóvenes.

(Esto último es un poco duro de asimilar porque los violadores de los derechos humanos, los que infringieron tratos crueles e inhumanos a otros son un “puñado de individuos” venezolanos (igual que los torturados, los desaparecidos, los asesinados) pues, aquí nacieron, se criaron y se reprodujeron (todavía no hay noticias de que algunos de ellos han muerto). ¿De dónde les salió tanta maldad? Los cubanos y los rusos tendrán la respuesta, ellos dirigieron su entrenamiento en el terrible ejercicio de la tortura).

Ambos momentos, el de Chávez y Maduro, tuvieron el acompañamiento en funciones fundamentales, de los hermanos Rodríguez, Jorge y Delcy, igualmente, responsables políticamente de los efectos perversos que han recaído sobre el país por lo menos en las últimas dos décadas y  en camino de la tercera

Chávez sedujo a los venezolanos a finales de los 90 y bajo ese influjo, los venezolanos sacrificaron los valores democráticos que habían organizado la vida del país por más de 40 años.  ¿A cambio de qué? A cambio de la promesa de un país sin corrupción, menos desigual, solo para mencionar dos de sus banderas más enarboladas. 27 años después tenemos las mismas urgencias, los mismos apremios y demandas de entonces más agravadas y se les ha agregado otras.

Todos ellos, empezando por Chávez, pasando por Maduro, los hermanos Rodríguez y Diosdado Cabello acompañados por hombres (y mujeres también) igualmente sin escrúpulos y corruptos, todos sin excepción, son responsables de la muerte de la democracia como alguna vez la conocimos. La usaron, pues, no llegaron mediante un golpe militar (este fue derrotado en 1992), ni llegaron mediante una revolución, fueron los ciudadanos quienes mediante el voto los eligieron y los hicieron gobierno. Luego, ellos, se encargaron de erosionar las instituciones que le permitieron llegar al poder pacíficamente, eliminaron todos los contrapesos y convirtieron a sus adversarios en enemigos a los que había que destruir y una jerga militar y la lucha por mantenerse en el poder fue asumido como guerra y terminó por sustituir la lucha política democrática.

Lejos de lo prometido ( instauraremos “la edad de oro de Venezuela”, decía Chávez y Maduro repetía algo similar en cada discurso que inauguraba un año nuevo en todos los enero desde 2014 hasta el 2026) la dictadura chavista nunca funcionó para los venezolanos, al contrario de otras dictaduras, por ejemplo, la chilena de Pinochet o la actual dictadura de Bukele, en El Salvador, dos “dictadores competentes”, la venezolana se caracterizó por la ineficacia, por el deterioro de los servicios públicos y su destrucción, por ejemplo, la salud, la educación los salarios y en fin el deterioro de la calidad de vida de los venezolanos que hoy mal viven sin electricidad y sin agua. Bueno, la dictadura venezolana solo se asemeja a las dos dictaduras mencionadas (la chilena y la salvadoreña) en la violación de los derechos humanos.

En los sucesos del 3 de enero, cuando fuerzas militares de EE. UU. sacaron del poder a Nicolás Maduro y a Cilia Flores, Donald Trump le negó el triunfo al “lado justo de la historia” colocando a los hermanos Rodríguez   en la jefatura de lo que se ha llamado el proyecto de las tres fases el presentado por Marco Rubio.

Desde entonces somos testigos de una de la metamorfosis política más grande que hemos vivido. Los que antes vociferaban contra el imperialismo norteamericano han cedido su soberanía al imperio estadounidense (bueno, como ya lo he mencionado en la nota de la semana pasada (perdón por la autorreferencia) el chavismo ha sido el único régimen en la historia del país, después de la liberación de España, que a pesar de autodefinirse como los campeones en la defensa de la soberanía la ha cedido, primero a los cubanos, una “potencia” menor y ahora a los EEUU).

Y se pretende hacer “borrón y cuenta nueva” con una consigna: “Venezuela Renace” después de haberle practicado un aborto. Se ha dicho hasta la náusea que los venezolanos somos una raza de seres desmemoriados. Pero, aun así, creo que es difícil para los venezolanos no recordar los discursos de la soberbia chavista, que aprobaron una ley del odio, que, Chávez, parado en una esquina de la Plaza Bolívar de Caracas gritaba como un poseso: ¡Exprópiese! ¡Exprópiese! Mientras Jorge Rodríguez, tomaba apuntes de los negocios que serían robados a sus dueños o los gritos destemplados de Delcy Rodríguez solicitando para sectores de la oposición el “delito de traición a la patria”.

Las cosas han cambiado. Su discurso, después del 3 de enero, ha dado un giro de 180 grados, no porque haya transformado su pensamiento. La rana se equivocó con el escorpión, porque este fiel a su naturaleza pica y mata a la rana y se ahoga con ella en el río, pero Delcy Rodríguez ha leído la fábula de Esopo, aprendió la moraleja y ella, no es la rana de la fábula, el escorpión no se montó en sus espaldas, ella se montó sobre el escorpión y se acomoda, se metamorfosea, y así como ayer era una furibunda antiimperialista hoy es una ferviente proimperialista.

Pero no es solo su posición frente a Trump que ella ha cambiado hasta el punto de subsumirse a la voluntad del imperio que antes despreciaba, con el retorno de María Corina Machado le ha dado otra vuelta de tuerca a su metamorfosis. Ya, en los días posteriores al 3 de enero se asomó un cambio radical en su discurso y ahora, en el aspecto económico, especialmente en el sector petrolero, se hizo de una parte sustancial del programa de María Corina Machado y con las propuestas de “la liberal” Machado, la Rodríguez está gobernando o por lo menos aspira seguir en el poder. Algún analista audaz, podría decir que María Corina Machado ya es potencialmente gobierno, aunque no lo ha oficializado. A lo mejor a eso se refería Delcy Rodríguez cuando dijo que ese programa se extendería hasta el 2040.

Pero los cambios continúan y se ha producido un trastocamiento de su propia identidad. Nos recuerda al personaje Zelig, protagonista de aquella película de Woody Allen, donde el personaje cambia de comportamiento y apariencia, así, Delcy Rodríguez cada vez se parece menos a Delcy Rodríguez y va mutando, por lo menos en su outfit (que feo y pseudochic suena eso, es mejor decir trajes, vestidos) hasta parecerse no solo en el modo de vestir sino, también, en algunos conceptos del discurso y hasta en gestos corporales a María Corina Machado. Lo único que no se ha copiado es el asunto de los “Rosarios” cuestión que se los ha dejado a Diosdado Cabello.

Bueno, seamos justo, también incorpora algunos elementos de Nicolás Maduro no me refiero a toda la parafernalia represiva (eso sigue campante, pero disimulado y más selectiva) sino, a cuestiones totalmente banales, que eran propias del exdictador: el adelanto de festividades navideñas, de carnaval y hasta de Semana Santa y el bailecito de rigor que acompañaba esos anuncios.

Siendo justos también, en verdad, ella baila mejor que Maduro, pero igual de des-graciada.

El retorno de María Corina Machado ha acelerado los cambios en la dinámica política que han impulsado los experimentados por Delcy Rodríguez que hoy vive un mimetismo que la desnaturaliza totalmente, cada vez menos soberbia y más cínica. Eso sí, sigue deficiente en la administración de la vida de los venezolanos. Diez meses después el país sigue sin electricidad, sin agua sin un saludable sistema de salud y otras calamidades. Y sobre todo sin fecha de elecciones, a pesar de que la dictadura ya ha sido derrotada.

Por ahora Delcy Rodríguez hace ruido, pero, la verdad está en otro lugar.

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