“Los cautos rara vez se equivocan”, Confucio.
La prudencia es la princesa de las virtudes, porque es la que nos da el poder tomar decisiones con calma en situaciones estresantes o difíciles.
De forma estratégica esta virtud, nos da el poder elegir el momento y tono para responder y decidir, además de medir las consecuencias de nuestros actos para reaccionar controladamente bajo presión.
A veces, por dar respuestas rápidas o actuar de manera vertiginosa perdemos el control de las situaciones y de nuestras emociones, por eso, en ocasiones en vez de responder, lo que hacemos es reaccionar. Cuando nos sentimos presionados, se nubla nuestro juicio.
La idea es no reaccionar por impulso, sino responder con prudencia, que tomemos el mando de nuestras acciones en cualquier situación.
Es muy importante siempre tomarnos un instante de silencio antes de responder y pensar para accionar. Si es necesario cuenta hasta 10 o tómate más tiempo, hasta una hora. Incluso, no sólo para responder en persona, sino también un mensaje de wsp o de cualquier red social.
Ten en cuenta, que la presión de los demás te empuja a responder de manera rápida. Si te dejas llevar por esa presión, al final reaccionarás y no darás una respuesta con prudencia.
La agilidad mental también requiere tomarse una pausa previa antes de responder y decidir cualquier cosa. No hay que confundir velocidad con eficacia.
Los tiempos en cualquier aspecto de la vida son buenos, porque nos sirven para reflexionar y, en estos casos, antes de dar una respuesta. Además, es un momento en el que tal vez alcances una solución o una propuesta viable a lo que estés pasando.
Asimismo, evitas responder con hostilidad, dar una mala respuesta o la no adecuada.
Además, la prudencia nos da el poder identificar lugares, personas y situaciones en las que no debemos insistir porque eso nos generará una pérdida de tiempo, así como, cuando hay discusiones que no nos llevan a ninguna parte, a ningún acuerdo ni a un punto de encuentro.
Allí, la prudencia nos da el poder abandonar antes de que la situación se convierta en un desgaste personal, laboral o profesional. O, en otras palabras, que supere cualquier beneficio posible. Es saber retirarse a tiempo. Eso igual es dignidad.
Por ejemplo, si entras en una discusión con tu pareja en la que resalta la falta de respeto, es mejor abandonar esa situación antes de que la interacción te haga daño y después, sea irreparable tu relación.
Vida privada, vida cuidada, vida feliz. Ser reservado (a) trae muchas ventajas. Estar en tranquilidad no tiene precio, pues ser transparente te puede convertir en vulnerable y dejar a la luz tus debilidades. Es decir, no es recomendable contar tu vida o todo lo que haces o por lo que trabajas.
Si dices todo o cuentas todo le permitirás a los demás que conozcan y se anticipen a tus movimientos o que manipulen tus debilidades.
Por tanto, es bueno escuchar mejor antes que hablar mucho. Deja que los demás revelen sus inquietudes, mientras que tú no menciones tus planes a futuro, ni proyectos.
Mantener reservada tu vida e intimidad te hace menos vulnerable y obliga a la gente que te rodea a tener cautela contigo. Incluso, a mantener cierta distancia y a abstenerse de hacer ciertos comentarios y preguntas personales.
La prudencia es la princesa de las virtudes, porque la reina es la paciencia. La prudencia nos da el criterio para evaluar nuestras acciones y las consecuencias de las mismas. Nos da el poder prever los efectos de lo que decidamos.
Al igual, nos ayuda a cuestionarnos y preguntarnos las consecuencias de nuestras decisiones. Nos dicta el poder manejar opciones para tomar una mejor posición para dar el siguiente paso.
Quizás los filtros funcionan para muchos, sin embargo, opto por hacer silencio cuando se debe y no hablar más de lo debido. La precisión del desentendido es la mejor herramienta para aludir al desconocimiento.
Escrito por Aylen Bucobo / En todas las Redes Sociales @aylenbucobo
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