Ver un autobús con los colores y la rotulación exacta de la ruta La Pomona rodando fuera de Maracaibo ya es un impacto visual, pero encontrar uno igual en Utah, en Estados Unidos, es un viaje directo a la nostalgia. La unidad, adaptada como un mini mercado ambulante, se ha convertido en un punto de encuentro sobre ruedas para quienes extrañan la cotidianeidad del Zulia.
Al subir al vehículo, el recorrido no solo es físico sino emocional. El interior fue acondicionado como una bodega tradicional donde cada estante revive momentos de la infancia y de las tardes en casa: desde la combinación de las obleas con arequipe y las galletas Marilú, María y Festival, hasta los empaques de Flips, Samba, Palitos y las chupetas Bon Bon Bum que marcaron a más de una generación
La experiencia se completa con la oferta de insumos fundamentales para la mesa zuliana. Entre sus pasillos improvisados no faltan la Harina PAN, el Toddy, el café, la Maizina y el infaltable trío de salsas de ajo, soya e inglesa para condimentar los guisos. Junto a bebidas frías como la Frescolita, el Chichero, los jugos y las maltas, impelables en las meriendas de los zullianos.
Para la comunidad migrante, este rincón itinerante es mucho más que un lugar para comprar víveres; es un abrazo apretado al corazón y un pedacito de la tierra natal lejos de casa. En cada empaque destapado y en cada sabor reencontrado, el autobús de La Pomona demuestra que la esencia del zuliano no conoce de fronteras ni de distancias.
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