Opinión

La gran suerte de Diosdado Cabello por Dayana C. Duzoglou L.

Diosdado

En la tragedia política que destruyó las instituciones de Venezuela, pocos enigmas resultan tan indignantes como la inalterable permanencia de Diosdado Cabello Rondón gozando de las mieles del poder. Mientras el país sufre las consecuencias desastrosas de un modelo criminal y los jerarcas del régimen caen en desgracia, enfrentan fracturas internas o se ven acorralados por el cerco internacional, el hombre del mazo continúa paseándose impune por los pasillos del mando en Caracas. Para millones de venezolanos —y para los observadores internacionales en Washington que siguen con lupa la crisis de la nación— la pregunta es tajante y dolorosa: ¿cómo es posible que un sujeto con semejante prontuario criminal, responsable directo de la represión, la violación sistemática de derechos humanos y el narcotráfico de Estado, siga disfrutando de una libertad espuria en lugar de vestir un mono anaranjado en una cárcel federal estadounidense?

Entre el mazo, la sombra y el pacto de impunidad

Hablar de la «suerte» de Diosdado Cabello es, en realidad, adentrarse en un denso entramado de chantaje institucional, control del aparato represivo y una aparente diplomacia de sombras. Responsable de haber convertido la justicia en un garrote y las fuerzas de seguridad en un brazo armado del partido oficialista, Cabello ha logrado mantener un escudo que muchos catalogan como milagroso. Sin embargo, en los centros de decisión estratégica de Washington —donde líderes de línea dura como el presidente Donald  J.Trump M, el secretario de Estado Marco Rubio y el secretario de Defensa Pete Hegseth han marcado una posición de tolerancia cero contra los regímenes narcoterroristas— se analiza si la continuidad de Cabello responde a un cálculo de supervivencia criminal o a un pragmatismo oscuro.

En los mentideros políticos de Caracas y en los pasillos internacionales no son pocos los que se preguntan si este personaje, para evitar terminar preso o enfrentando las sanciones máximas que imponen las leyes norteamericanas por sus acusaciones en el Cartel de los Soles, no estará entregando información privilegiada tras bastidores. ¿Es Diosdado un sapo colaborador silencioso que administra su propia inmunidad vendiendo datos clave sobre las finanzas de la cúpula, las rutas del crimen organizado o las debilidades de sus propios aliados? Nadie en Venezuela cree en la coincidencia. Su permanencia no es buena suerte: es el resultado de haberse atrincherado tras el control de los cuerpos de inteligencia e inhabilitar cualquier intento de reforma, vendiéndose hacia afuera como un «mal necesario» o una pieza indispensable para evitar el caos total.

La guerra intestina: Daniella Cabello Contreras y el pulso contra las garras de los Rodríguez

Lejos de la narrativa simplista de la «unidad monolítica» del chavismo, la lucha interna por el control del aparato estatal es encarnizada. Diosdado Cabello ha visto cómo los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez han ido copando parcelas estratégicas de la administración pública, la economía y las negociaciones internacionales. Sin embargo, su capacidad para atrincherarse y contraatacar sigue intacta. Diosdado Cabello (registrado originalmente como Neil José Cabello, según su propio relato) no solo usa su tribuna televisiva semanal para sembrar mentiras y desinformación, sino para enviar amenazas directas a los sectores que dentro del propio régimen pretenden desplazarlo.

El ejemplo más claro de su desesperada carrera por perpetuar su apellido en la estructura de poder es la vertiginosa proyección política que le ha construido a su hija, Daniella Cabello Contreras. Tras ser posicionada en puestos clave del tren ejecutivo e instituciones de promoción del régimen, la hija de Diosdado es moldeada abiertamente como una ficha de relevo generacional y una eventual carta presidencialista. Este movimiento busca atajar las ambiciones del clan Rodríguez, que visualiza a Delcy y Jorge como los herederos naturales del poder. Para Diosdado, la promoción de su hija no es un gesto de orgullo paterno, sino un mecanismo de protección dinástica: sabe perfectamente que el día que pierda su narco influencia sobre el Estado, la venganza interna de sus rivales será implacable y su destino final será la extradición o la celda.

 

¿Hasta cuándo la inmunidad de uno de los hombres más detestados de Venezuela?

Es un hecho incontestable que Diosdado Cabello ostenta el título de uno de los personajes más aborrecidos y repudiados en la historia moderna de Venezuela. Su programa semanal es una exhibición de cinismo donde se persigue, se expone y se condena sumariamente a cualquier ciudadano que disienta del régimen. Sin embargo, la impunidad no dura para siempre. El cerco jurídico de Estados Unidos, respaldado por acusaciones formales de narcotráfico y terrorismo, mantiene una recompensa millonaria (25 millones de dolares americanos) por su captura.

Los venezolanos no entienden cómo un individuo que ha causado tanto dolor, ruina y persecución sigue impune, atemorizando a la sociedad a través de las pantallas. Pero la historia enseña que la «suerte» de los tiranos no es más que el espacio de tiempo entre su soberbia y su inevitable caída. Ningún pacto de sombras, ninguna compra de lealtades ni la manipulación de la sucesión familiar podrán borrar las actas judiciales ni los expedientes de víctimas que lo aguardan en la justicia internacional. El tiempo de la impunidad absoluta se agota, y la justicia —aunque tarde en los tiempos de los hombres— caerá con todo el peso de la ley sobre quienes hicieron de la opresión su modo de vida.

Dayana Cristina Duzoglou Ledo para Caiga Quien Caiga

X: @dduzogloul

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