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La vida activa no finaliza con la vida laboral



Un estudio reciente de la UNESCO sostiene que la globalización, los cambios medioambientales y las crisis económicas y financieras han causado importantes transformaciones sociales en las últimas décadas, a las que actualmente habría que añadir las que se deriven de la pandemia por la COVID-19, sobre las que los gobiernos ya están trabajando para paliar el aumento de las desigualdades, la exclusión o la negación de derechos fundamentales que puedan producirse.

Pero si se puede citar un segmento de la sociedad que haya mostrado mayor resistencia ante los eventos negativos que se han sucedido, hay que colocar en primer lugar a aquellas personas que habían culminado recientemente su vida laboral, bien por alcanzar la edad de jubilación, bien por haber quedado afectados por las múltiples regulaciones de empleo que ofrecían a los más mayores salidas prácticamente a la carta y les dotaban además de incentivos económicos para facilitar ese tránsito.

En el ámbito europeo, millones de personas que podríamos situar en edades superiores a los cincuenta años, tuvieron que plantearse qué hacer en adelante, y desempolvar proyectos de vida social o profesional ideados pero no llevados a la práctica por la necesidad imperiosa de resolver los problemas perentorios del día a día.

Uno de los más socorridos han sido las actividades relacionadas con la naturaleza, más o menos deportivas según la personalidad de cada uno, pero incluso los conocidos como «ratones de biblioteca» han reconocido las ventajas de empezar el día con un buen paseo matinal seguido de un desayuno adecuado.

Estudios no terminados, aficiones artísticas, conocer lugares soñados del mundo han servido también como motivación para rehacer vidas que hasta fechas recientes se consideraban prácticamente finiquitadas cuando se alcanzaban los fatídicos sesenta y cinco años.

El desarrollo exponencial de las nuevas tecnologías de la información y el conocimiento han facilitado otras muchas oportunidades.

Quienes tenían adormecido el interés por las bolsas de valores podían disponer ahora de utilidades como la plataforma Metatrader 4 para operar en Forex, ya que las divisas pueden ser más apasionantes que los valores bursátiles tradicionales.

En el ámbito del periodismo, las nuevas plataformas para crear y difundir contenidos han permitido a muchos profesionales lanzar sus propios medios de comunicación sin depender de empresas editoriales condicionadas por intereses económicos y políticos.

Si mencionamos la política, también se han abierto posibilidades para participar tanto a través de los partidos tradicionales como para impulsar las nuevas formaciones de personas indignadas que están revolucionando los parlamentos que quedan anclados en el pasado y se desconectan de la realidad.

En definitiva, nada mejor que la independencia económica para poder opinar o actuar según nuestra conciencia personal, sin temor a los condicionantes que pudieron llevarnos en su día a transigir para garantizar la seguridad de nuestro entorno personal o familiar.

Y del éxito que tengamos en esta nueva etapa no solo habrá beneficios personales, sino que podremos trasladarlos a nuestro círculo más cercano, o nos permitirá ser más solidarios, incluso en la lejanía, prestando apoyos a esas oenegés que día a día combaten los males que aquejan a las sociedades modernas.





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