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Las condiciones primero, las elecciones después. Por: Abog. Engels Espina Molero

Cada vez que en Venezuela surge la posibilidad de una negociación política o se habla de un eventual proceso electoral, el debate público gira casi exclusivamente en torno a las mismas preguntas: ¿cuándo serán las elecciones?, ¿quién será el candidato?, ¿participará la oposición?, ¿habrá observación internacional?

Sin embargo, existe una pregunta mucho más importante y, paradójicamente, mucho menos discutida: ¿existen hoy las condiciones mínimas para que unas elecciones puedan ser consideradas auténticamente libres, competitivas y democráticas?

El reciente regreso a Venezuela de Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional electa en 2015, ha reabierto un debate que parecía congelado durante años. Su visita, realizada tras una invitación del Departamento de Estado de los Estados Unidos y acompañada de reuniones con representantes del Gobierno venezolano y de la diplomacia estadounidense, ha despertado múltiples interpretaciones sobre el rumbo que podría tomar una eventual transición política.

Algunos consideran que su presencia podría responder al inicio de una nueva etapa institucional; otros prefieren esperar antes de extraer conclusiones. Lo cierto es que, más allá de las especulaciones sobre el papel que pueda desempeñar la Asamblea Nacional electa en 2015, existe una pregunta mucho más importante que aún permanece sin respuesta: ¿están dadas las condiciones para celebrar unas elecciones verdaderamente libres en Venezuela?

Un árbitro verdaderamente independiente

La primera condición indispensable es la conformación de un Consejo Nacional Electoral verdaderamente equilibrado, independiente e imparcial.

Ningún proceso electoral puede generar confianza cuando el organismo encargado de organizarlo es percibido por una parte importante del país como una institución políticamente parcializada. La credibilidad del árbitro es tan importante como la voluntad de los jugadores de participar.

Un nuevo consenso nacional sobre la integración del órgano electoral contribuiría significativamente a recuperar la confianza ciudadana.

Un Registro Electoral que represente realmente al país

Otra reforma impostergable consiste en la actualización y depuración técnica del Registro Electoral.

Resulta indispensable eliminar inconsistencias, actualizar los cambios de residencia y garantizar que cada ciudadano ejerza su derecho al voto en igualdad de condiciones.

Pero esta tarea debe ir acompañada de la apertura permanente del Registro Electoral para permitir la inscripción de nuevos votantes, especialmente de los jóvenes que alcanzan la mayoría de edad y aún no han podido registrarse.

La deuda con millones de venezolanos en el exterior

Quizás uno de los mayores desafíos democráticos sea garantizar el derecho al sufragio de millones de venezolanos que hoy residen fuera del país.

La migración venezolana ha modificado profundamente la composición del electorado. Sin embargo, la inmensa mayoría de esos ciudadanos enfrenta enormes obstáculos administrativos para inscribirse o actualizar sus datos en el Registro Electoral.

Ningún proceso puede aspirar a representar la voluntad popular mientras una parte tan significativa de sus ciudadanos permanezca excluida del ejercicio efectivo del voto.

Partidos políticos libres y plenamente autónomos

La competencia democrática requiere organizaciones políticas libres.

Durante los últimos años, diversos partidos han sido objeto de intervenciones judiciales que han alterado su funcionamiento interno y su representación legítima.

La normalización democrática pasa necesariamente por la devolución de la autonomía a las organizaciones políticas, el respeto a sus autoridades legítimamente electas y la posibilidad de que cada partido pueda reorganizarse y renovar libremente sus estructuras.

Una democracia auténtica necesita partidos fuertes, independientes y representativos.

Sin presos políticos no existe plena democracia

Ninguna elección puede desarrollarse en un ambiente de auténtica libertad mientras existan ciudadanos privados de libertad por razones políticas.

La liberación de los presos políticos constituye una garantía democrática indispensable, no solamente desde la perspectiva de los derechos humanos, sino también como una demostración de voluntad real para construir un proceso de reconciliación nacional.

La competencia política exige que las ideas se confronten en el debate público y no que quienes las defienden permanezcan privados de libertad.

El derecho a elegir también implica el derecho a ser elegido

La democracia no solo protege el derecho de los ciudadanos a votar; también protege el derecho de quienes cumplen los requisitos legales a postularse para ejercer cargos públicos.

Las inhabilitaciones políticas que impiden la participación de dirigentes opositores generan profundas dudas sobre la igualdad de condiciones en la competencia electoral.

Cualquier proceso que aspire a recuperar legitimidad debe garantizar que todos los actores políticos puedan participar sin restricciones que no hayan sido impuestas mediante decisiones judiciales firmes, respetando plenamente el debido proceso y las garantías constitucionales.

La pluralidad política constituye uno de los pilares fundamentales de cualquier democracia.

Más observación internacional y mayores garantías

La presencia de misiones internacionales de observación electoral independientes, el acceso equitativo a los medios de comunicación, el respeto a la libertad de expresión, la igualdad durante la campaña, la protección del voto y el reconocimiento efectivo de los resultados constituyen igualmente elementos esenciales de un proceso electoral competitivo.

Las garantías no pueden entenderse como concesiones a un sector político determinado. Son derechos que pertenecen a todos los venezolanos, independientemente de su posición ideológica.

Una hoja de ruta para reconstruir la confianza

Allí resumiría en forma de decálogo:

  • Designación de un CNE equilibrado e independiente.
  • Depuración y actualización del Registro Electoral.
  • Apertura permanente del Registro Electoral.
  • Inscripción efectiva de los venezolanos en el exterior.
  • Desjudicialización de los partidos políticos.
  • Renovación interna de las organizaciones políticas.
  • Libertad para todos los presos políticos.
  • Revisión de las inhabilitaciones políticas conforme al debido proceso.
  • Observación electoral internacional calificada.
  • Transparencia en todas las fases del proceso electoral.
  • Compromiso de todos los actores de respetar los resultados.

La democracia comienza mucho antes del día de la elección

Las elecciones representan la culminación de un proceso democrático, no su punto de partida.

Antes de convocar a los ciudadanos a las urnas, el país necesita reconstruir la confianza en sus instituciones, fortalecer el Estado de Derecho y garantizar que todos los actores políticos participen bajo reglas claras, equitativas y previamente acordadas.

Venezuela necesita volver a creer que su voto tiene valor, que sus instituciones actúan con independencia y que la voluntad popular será plenamente respetada.

Solo cuando esas condiciones existan podrá hablarse de elecciones verdaderamente libres. Porque la democracia no comienza el día en que se abren los centros de votación; comienza mucho antes, cuando todos los ciudadanos saben que competirán bajo las mismas reglas y que el resultado dependerá exclusivamente de la voluntad soberana del pueblo.

Por eso, el desafío nacional no consiste únicamente en fijar una fecha para unas nuevas elecciones. El verdadero desafío consiste en construir primero las condiciones que hagan posible que esas elecciones sean legítimas, inclusivas y capaces de abrir un nuevo capítulo para Venezuela. Porque, en democracia, las condiciones deben venir primero; las elecciones, después

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