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Opinión

Más democracia menos sanciones Por Rafael Simón Jiménez

Existe en la comunidad internacional, y muy especialmente en el vecindario latinoamericano, una creciente preocupación por el deterioro de la situación venezolana, y particularmente por sus implicaciones y consecuencias en lo económico y social. No se trata solo de sentimientos de solidaridad, en esas preocupaciones priva fundamentalmente el deseo de buscar soluciones a una situación que ha terminado por repercutir y dejar sentir sus efectos sobre los países del continente al generar una migración masiva y desordenada que supera los siete millones de nacionales y que sin duda alguna desequilibra y crea serios problemas internos  a los países receptores,

El origen de lo que sin exageración pudiera denominarse “la tragedia venezolana “ estuvo en la llegada al poder de un militar, desdoblado en líder  promesero y carismático, que estableció una conexión muy grande con una Venezuela desencantada de los referentes  históricos, partidos y dirigentes, que en la etapa final de la denominada “cuarta República “ se habían alejado de la gente y habían sumido al país en un serio deterioro moral, económico y  social, “caldo de cultivo “ y “escenario fértil “ para que su  mensaje catastrofista y patibulario terminara por cautivar a esa mayoría descontenta que durante más de treinta años había sido fiel seguidora de las organizaciones políticas, prevalecientes en aquella etapa.

Desde su llegada al poder por métodos y vías democráticas, Hugo Chávez no disimuló su ambición de poder a largo plazo, lo cual requería como requisito  indispensable, un control y sumisión de las instituciones del estado, un progresivo  copamiento  o destrucción de las organizaciones intermedias, y un mecanismo de sujeción social que mediante dádivas y dispensas le permitiera ejercer predominio en los sectores populares, proyecto que sin duda alguna al encontrar resistencias en la sociedad democrática , tendría igualmente que conducir al uso de la fuerza y la violencia, a la reducción de los espacios de libertad, y a la utilización de mecanismos de penalización de la disidencia, todo ello en función de una hegemonía a plazo indeterminado.

En contraposición al proyecto Chavista, se alinearon un conjunto de fuerzas políticas y sociales, donde ejercían protagonismos viejos y nuevos dirigentes, que jamás y desde su génesis misma, fueron capaces de identificar y caracterizar el “fenómeno Chavista “no solo por incapacidad o falta de instrumentos de análisis, sino porque se negaron entonces, igual que se niegan veinticuatro años después, a reconocer sus errores, sus inconsecuencias y culpas, en el desbarrancamiento de un sistema político, que llego a gozar del más amplio y consecuente apoyo de los ciudadanos, y que colapso por falta de voluntad reformadora y sobre todo por las conductas hedonistas de sus dirigentes, que se fueron alejando del pueblo, y se dedicaron a enriquecerse al amparo del poder, dejando a la gente al garete, todo lo cual permitió que Hugo Chávez, lograra conquistar el ánimo y la voluntad del mismo electorado que por décadas fue fiel y consecuente a AD y COPEI.

Un gobierno malévolo, con un plan de ejercer el poder “forever “como gustaba decir en sus largas e insulsas peroratas , Hugo Chávez, y una oposición desorientada, perdida, con viejos liderazgos vencidos y un relevo formado en la etapa de “vaciaje “ de la política, sin formación ideológica, sin referentes idearios, sin mayor vocación  el estudio y el debate, a la que hay que reconocer si, capacidad infinita de coraje y lucha, han marcado veinticinco años de polarización, luchas cerriles, violencia y represión, pero además de destrucción y depredación en todos los órdenes: en lo institucional, en lo moral, en lo económico y social, cuyas consecuencias más terribles ha tenido que sufrirlos los sectores  desprotegidos y vulnerables, atenazados entre la miseria interna y el éxodo desordenado tratando de subsistir en    cualquier otro país, también a costa de padecimientos insólitos.

Si toda la dinámica de esta lucha infértil que ha marcado los últimos cinco lustros, tuviéramos que diagnosticarla y simplificarla hoy, diríamos que sobre un país hambreado, con niveles repugnantes de pobreza y desigualdad, sobre miles de hogares desarticulados por la inmigración, subsisten dos sectores con distintos niveles de culpabilidad  sobre esta terrible situación: un gobierno, que acusa los mayores nieles de impopularidad y repudio colectivo, pero dispuesto a sostenerse por la fuerza aun sobre las “ruinas de Venezuela “, y una oposición que para tratarla caritativamente pudiéramos decir que no “da pie con bola “ , con una capacidad infinita de repetir sus mismos errores, una y otra vez, y con una nula disposición a  la  autocrítica y reconocimiento de sus errores y disparates, a la que no sería exagerado calificar como “ el único punto fuerte “ que le queda al gobierno.,

El planteamiento del presidente Gustavo Petro

En Venezuela resulta difícil, por no decir imposible, verter cualquier opinión objetiva o desprejuiciada, sobre personajes y planteamientos, porque a la luz de quienes manipulan la opinión pública a través del espacio comunicacional alternativo de las redes sociales, todo queda condicionado a las visiones estereotipadas o al esquema diabólico amigo-enemigo, propio de la polarización.

En el caso del hoy presidente de Colombia, el sector más radical e intransigente  de la oposición venezolana, desde los tiempos de su aspiración candidatural, lo hermanaron a Chávez y Maduro, y al referirse a él, cualquier desprevenido lector, bien podía pensar que el nominado de la “Colombia Humana “  había cambiado el día anterior el fusil de guerrillero por aperos electorales, ignorando deliberadamente y con ánimo de drenar odios o engañar incautos, Que desde  los pactos de paz del gobierno Colombiano con el M19 habían transcurrido casi treinta años y que en esas tres décadas, el hoy mandatario Granadino, había sido concejal, diputado, senador, alcalde de Bogotá y dos veces candidato Presidencial, por lo que exhibía inobjetablemente la condición de “hombre del sistema “.

Todo lo anterior , irrefutable  por lo demás, lo traigo a colación por lo que llamaban nuestros mayores “curarme en salud “, es decir disipar cualquier propósito o intención, distinto a valorar y apreciar objetivamente y en función sobre todo de los intereses de esa mayoría venezolana autentica víctima de la tragedia social actual, que cada día se aleja y cuestiona más a sus dirigentes y organizaciones políticas, la iniciativa puesta en escena y publicitada masivamente  del Presidente Gustavo Petro,  de reunir en Bogotá una conferencia internacional sobre Venezuela, donde países de distintos continentes,  pero especialmente latinoamericanos, previa interlocución con el  gobierno y las oposiciones Venezolanas, analicen y debatan sobre la mejor manera de involucrarse y ayudar sin interferencias ni tutelas a la solución de la cada vez más deteriorada situación de Venezuela.

Acertadamente, a mi modesto juicio, y colocándose en situación de mediador, facilitador o promotor de un escenario de negociación , que involucre a la comunidad internacional, y a actores tan importantes como los Estados Unidos, en la búsqueda de soluciones que “destranquen “ el complicado escenario nacional, en el que han fracasado distintos esquemas y metodologías  de diálogo y acuerdo, el convocante de la reunión ha sintetizado en una frase lo que serían los objetivos de cada uno de los sectores que se contienden en el escenario Venezolano: MAS DEMOCRACIA, MENOS SANCIONES.

                             Que significa más democracia

Para un país como Venezuela, que durante ciento veintiocho años de su vida Republicana (1.830-1.958) solo conoció breves intervalos de ejercicios libertarios, la democracia significo encontrar una forma de convivencia, que con grandes realizaciones, y una etapa posterior de decadencia, se constituyó en el periodo de mayores logros y realizaciones en todos los órdenes. La estabilidad, el progreso, la igualdad de oportunidades, el estado de Bienestar, el debate y el clima de libertades y tolerancia, gestaron una nueva Venezuela. Si hubiera que buscar un ejemplo prototípico de todas las virtudes de esa etapa de la vida del País, creo que ninguno sería más representativa  y protuberante que la Familia Chávez Frías, beneficiaria directa de todas las bondades colectivas que permearon a lo largo y ancho del país para permitir a hogares modestos educar y graduar a sus hijos, tener vivienda propia, mejorar profesionalmente y un sinfín de beneficios que apuntalaron a los venezolanos en la etapa luminosa de la tan denostada IV REPUBLICA.

Hoy tenemos en Venezuela una caricatura de democracia, con instituciones controladas y degradadas desde el poder, sin atisbos del equilibrio y la separación de poderes que ordena nuestra tradición y el vigente texto constitucional, con un grupo enquistado en el mando que retrata  cotidianamente el propio diagnostico que sobre su gestión hiciera el difunto Hugo Chávez: Burocracia, ineficiencia y corrupción, con libertades públicas limitadas, con medios acallados o amedrentados, con presos políticos, exiliados perseguidos e inhabilitados en un ejercicio masivo de criminalización de la política y politización de la justicia, y con una claque de chafarotes que a diario proclaman que no saldrán del poder “ni por las buenas, ni por las malas “.

El actual sistema político venezolano, es como alguna vez lo definió el politólogo y pensador Fernando Mires, una “hibridocracia “donde a todas las perversiones  y degradaciones del poder, coexisten con formalidades y ejercicios democráticos residuales, que no comprometen la hegemonía de la cúpula que concentra el mando. Existen partidos políticos con presencia nacional, regional y local, existen más de cien alcaldes opositores y cuatro mandatarios regionales, así como una muy disminuida representación en el parlamento Nacional, existen programas de opinión y periódicos donde aún se pueden insertar opiniones disidentes, en el Consejo Nacional Electoral, órgano rector del poder Electoral, existen representantes que todo el mundo asocia al mundo opositor, y se ejercitan formas de protesta social, siempre bajo la mirada intimidatoria de autoridades que en más de una vez han llevado a prisión a dirigentes sociales por el solo hecho de ejercer el derecho constitucional al reclamo y la protesta.

Del apretado diagnostico anterior, podríamos entonces deducir, el contenido de la primera Frase voceada por el Presidente Gustavo Petro, de cara a la reunión de Bogotá,  cuando plantea MAS DEMOCRACIA, y ello más allá de un rosario de exigencias en el camino de la reinstitucionalización y democratización  de Venezuela, también pudiera sintetizarse en un referente clave CUMPLIMIENTO EFECTIVO DE LA CONSTITUCION DE 1.999, donde están delineadas las bases de un estado democrático tanto en materia de instituciones, como de derechos ciudadanos y libertades públicas, que vienen siendo ignoradas, incumplidas o violadas flagrantemente por el gobierno Venezolano.

Para colorear lo anterior con un ejemplo claro, en la agenda de cualquier encuentro, dialogo o negociación entre el gobierno y las oposiciones Venezolanas en cualquier contexto o escenario, destaca el tema electoral de cara a las elecciones Presidenciales de 2.024, con las llamadas “garantías “  cuya sola denominación revela un estado de patología o anomia democrática, por cuanto en el texto fundamental vigente aparece muy claramente enunciadas las características de transparencia, imparcialidad, igualdad de oportunidades y respeto por todos los actores  que entre otras deben marcar los procesos electorales.

La plena vigencia, respeto y efectivo cumplimiento de la carta constitucional de 1.999 arropa todo el planteamiento de MÁS DEMOCRACIA, que como primer logro de cualquier negociación proclama el mandatario neogranadino.

                                             Menos sanciones

El multilateralismo, junto a todo lo enunciado en la carta de las Naciones Unidas, y sus organismos y legislación internacional, fueron el remedio parteado por los estados y sus gobiernos, para buscar las maneras de superar todas las conductas que principalmente desde los regímenes totalitarios habían generado una dinámica de agresiones, expansionismo, acciones unilaterales y preventivas que desencadenaron la segunda guerra mundial con todas sus terroríficas consecuencias.

Todo este comentario ,  sirve de referencia para explicar no solo la inutilidad de las llamadas medidas coercitivas unilaterales para generar cambios en los escenarios en que se producen, sino el efecto contraproducente que en la mayoría de los casos estas generan y que terminan favoreciendo en grado sumo al sector o régimen que se proponen cambiar.

Como este tema es de los preferidos para que los radicales opositores – asimilados y mimetizados a los prejuicios y prácticas  chavistas- pretendan descalificar, quiero hacer algunas precisiones no solo previas sino categóricas y muy claras que enumero para mayor precisión  metodológica: 1.  Es obvio que la destrucción y ruina de nuestro sistema y modelo económico-productivo, y las graves secuelas sociales generadoras de pobreza, inequidad, injusticia y hambre, fueron consecuencia de una errónea en unos casos y deliberada en otras, política económica de Chávez y Maduro, donde elementos ideológicos  desfasados y anti-históricos se combinaron con la burocracia, la ineficiencia y la corrupción ( de nuevo quito prestada la frase respetando los derechos de autor de Chávez ) que determinaron el colapso económico de Venezuela de su economía productiva, de su industria petrolera, de su sector eléctrico, lo que se refleja en una pérdida del tamaño de nuestra economía de casi el 75%.

2. Cuando se habla de medidas coercitivas unilaterales decretadas por Estados Unidos y la UE, hay que diferenciar clara y meridianamente, aquellas medidas que tienden a penalizar a violadores de derechos humanos, saqueadores del erario público, narcotraficantes, lavadores de activos y participantes en distintas modalidades del crimen organizado internacional, donde la sociedad mundial en su conjunto, o los países individualmente tienen derecho conforme su legislación interna de establecer sanciones de congelación de activo, revocatoria o negativa de visa, prohibición de entrada a su territorio, etc.

Clarificado lo anterior, resulta obvio, que cuando repudiamos y censuramos las medidas coercitivas unilaterales decretadas por Estados Unidos, la UE, o países o grupos de países, nos referimos estrictamente  a las también llamadas “sanciones “ cuyo objetivo es penalizar el comercio, el transporte, las finanzas o cualquier otro aspecto vinculados a la producción, distribución , exportación o importación  de bienes y servicios que en el caso específico de Venezuela resultan indispensable para el funcionamiento del menguado aparato económico generando consecuencias sobre el grueso de la población y por supuesto recayendo con mayor énfasis sobre los grupos  mas débiles l y vulnerable que se constituye en casi el noventa por ciento del país

El boato, el exhibicionismo, el dispendio y la vida de lujos y francachela en que viven los sectores asociados al poder y que generalmente la gente califica de “Enchufados “es la mejor muestra de que en nada esos privilegios mal habidos resultan afectados con las “sanciones “que por el contrario privan a los sectores más pobres del acceso a bienes y productos indispensables para su sobre vivencia.

Desde el punto de vista político, la historia contemporánea del mundo ha sido prolífica en ejemplos de la inutilidad de las  sanciones para generar cambios políticos, la referencia   más lapidario y cercana la constituye, la política de sanciones y bloqueo que desde comienzos de la década de los 60  ha implementado Estados Unidos contra el régimen tiránico de Cuba, que seis décadas después solo han servido para dos cosas: en primer lugar para brindar al régimen cubano un discurso mediante el cual atribuye toda la ruina económica y el hambre perenne de su pueblo a las sanciones norteamericanas ocultando tras ellas, todos los disparates, las locuras y los anacronismos que exterminaron una de las economías mas dinámicas y prosperas del Caribe, pero además las consecuencias de las medidas coercitivas dejan recaer sus efectos sobre el hambreado pueblo cubano, mientras el circulo de la dictadura vive en medio de lujos y dispendios.

Las “sanciones “ inútiles absolutamente para generar cambios políticos en decenas de países en que se han implementado, incluyendo en la actualidad a Rusia, Irán .Corea del Norte, junto a la propia cuba, aunque parezca paradójico y contradictorio, terminan sirviendo a los objetivos del régimen que dicen combatir, pues en el caso de las dictaduras de inspiración comunista uno de sus despropósitos se constituye en empobrecer al mayor número de ciudadanos para hacerlos cada vez más dependientes de las míseras ayudas oficiales, parte de un dispositivo de sumisión y control político, al que seguramente sin proponérselo ayudan las sanciones al llevar más privaciones  y carencias al conjunto de la población.

Resulta realmente inentendible, que Estados Unidos, la primera potencia militar del universo, no haya sido sobre la constatación inveterada de su fracaso, capaz de reformular y enmendar su política de sanciones, que a la luz de la evidencia empírica, solo ha servido y sirve para atornillar a los regímenes totalitarios que dicen querer sustituir.

                                    APOSTAR AL ÉXITO DE LA NEGOCIACION.

El Presidente Colombiano Gustavo Petro, para decirlo con un coloquialismo a la venezolana, se ha metido en “camisa de once varas “al prestar sus buenos oficios para una iniciativa de diálogo y negociación, que ha estado precedida de otras que han terminado en estrepitoso fracaso, por falta de disposición y voluntad para llegar a acuerdos, que como todos los de esa naturaleza, implican ceder y hacer mutuas concesiones. La situación trágica del pueblo venezolano bien vale todos los esfuerzos. Ojala que la consigna popularizada por  el primer mandatario del hermano país de MÁS DEMOCRACIA Y MENOS SANCIONES, pueda conducirnos en el corto plazo a encontrar escenarios pacíficos, cívicos y constitucionales para dirimir nuestras diferencias y permita dios encontrar un camino para relanzar nuestra democracia, reconstruir nuestras instituciones, reedificar nuestra economía y generar inclusión y bienestar para todos, es a  lo menos que puede aspirar un pueblo con nuestras tradición, pero además que ha sufrido enormemente en estos veinticinco años de destrucción, polarización e interminable conflicto.

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