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«Mientras tanto»: Por: Aylen Bucobo

¿Y si la vida te pide una pausa? No es un retroceso, es una preparación.

Las pausas en la vida son muy importantes y no significa estar estancados; significa estar recalculando el rumbo de manera consciente y tranquila.

Las pausas no son un vacío o una pérdida de tiempo, son una herramienta estratégica para nuestro crecimiento y evolución.

Hacer una pausa con propósito es un arte en una sociedad que nos exige cada vez más producir sin detenernos.

La verdadera creatividad y las grandes decisiones nacen en los momentos de más silencio y de aparente quietud.

Las limpiezas sociales son necesarias, pero también la limpieza del espacio mental, porque los días de pausa se pueden aprovechar: así el exterior parezca congelado, el interior se puede ordenar.

Aprovechemos las pausas para evaluar qué proyectos siguen alineados con nosotros, qué ideas podemos descartar y a cuáles darles luz verde.

En las pausas también habitan los mientras tanto y las transiciones: de cómo un espacio incómodo pero hermoso que existe entre lo que ya soltamos a lo que está por llegar, y cómo vivirlo con la ansiedad del futuro.

Cuando estamos en pausa, dependiendo de la causa, nuestro cuerpo y mente reaccionan a ese tiempo en el que podemos experimentar agotamiento, impotencia, pero también creatividad.

La sociedad en la que nos desenvolvemos nos puede hacer sentir culpables cuando no estamos haciendo nada porque estamos en pausa, incluso los grupos sociales a los cuales podamos pertenecer.

Sin embargo, debes estar consciente que las pausas no son todas iguales: hay pausas momentáneas y otras más largas, por rebeldía, amor propio o enfermedad.

El mayor desafío de detenerse no es la falta de movimiento, sino aprender a sostener la culpa que eso nos produce, porque nos han enseñado a medir nuestro valor personal a través de la productividad, como si fuéramos máquinas que no pueden darse el lujo de apagarse.

Por eso, cuando paramos, el silencio exterior suele activar un ruido interior ensordecedor que nos dice que estamos perdiendo el tiempo, cuando puede que no sea así.

Aprender el arte de la pausa implica hacer las paces con el vacío. “Entender que la tierra necesita un invierno para poder florecer en primavera”

No podemos cosechar ideas si no le damos descanso al suelo de nuestra mente.

Escrito por Aylen Bucobo / En todas las Redes Sociales @aylenbucobo

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