Robertina Pérez, profesora de la Facultad de Veterinaria de LUZ se refiere al impacto de los bajos sueldos en el sector. El Observatorio de Universidades (OBU) recordó que, desde 2022, no se ajusta el salario mínimo en Venezuela. Actualmente está fijado en 130 bolívares, poco más de $2, en promedio. Incluso en Cuba, país con un bloqueo comercial que supera décadas, los académicos ganan 29 dólares.
La crisis de los profesores universitarios evidencia el desprecio del socialismo por la educación y formación. El impacto se traduce en el peor salario del continente, más allá de los escalafones. Una muestra es la brecha que hay con países como Cuba donde al mes en promedio el ingreso se ubica en 27 dólares.
La ONG venezolana Observatorio de Universidades (OBU) afirmó que el “mejor salario” en el país de un profesor universitario que trabaja en el sector público es de $8 mensuales. Académicos de ambos países figuran entre los “más pobres” en comparación con 14 países de Latinoamérica. Brasil, tiene el salario más alto con 4231 dólares al mes.
Debido a esta “crisis salarial”, prosiguió la ONG, en la red social X, el 32 % de los profesores universitarios come menos de tres veces al día, mientras que el 45 % “ha tenido que vender o intercambiar bienes para comprar alimentos”, según los datos de la última encuesta de la organización, publicada en 2023.
Asimismo, agrega que 7 de cada 10 docentes se dedica a otras actividades que no necesariamente están relacionada con la labor educativa, para obtener ingresos extra y cubrir sus necesidades más básicas.
Gestos que impulsan
Robertina Pérez (*), profesora de la Universidad del Zulia, (LUZ) expone a Versión Final la difícil realidad que enfrentan muchos docentes universitarios, especialmente en áreas como Veterinaria, donde las condiciones laborales dependen en gran medida del esfuerzo personal y la colaboración de los estudiantes.
La docente señala que, ante la situación de muchos profesores, hay estudiantes que incluso de manera voluntaria y por iniciativa propia ayudan con colaboraciones al inicio del semestre para crear una especie de “caja chica” que permite cubrir gastos básicos como transporte. Sin embargo, asegura que esta práctica solo se registra en Veterinaria, Odontología o Medicina.
La profesora, sin embargo, resalta que son aportes simbólicos, que apenas cubre los pasajes de las primeras semanas, por lo que muchos gastos como materiales de clase, hojas o marcadores deben ser asumidos por los propios docentes. Actividades de cierre de semestre, como compartir con los estudiantes, se financian colectivamente.
Pese a estas limitaciones, la profesora resalta el reconocimiento y agradecimiento de sus alumnos, quienes han tenido gestos significativos hacia ella, lo que refuerza su compromiso con la enseñanza.
Los muchachos me hicieron una taza personalizada, casi me hacen llorar porque es una cosa tan bonita que ellos te agradecen que uno siga ahí con ellos, con la calidad que uno tiene, con todo lo que uno ha hecho. Ellos se sienten honrados», asegura.

Asimismo, Robertina Pérez (*) subraya su sólida formación académica: es egresada de la Facultad de Ciencias de LUZ, cuenta con diplomados en docencia universitaria y componente docente, posee una maestría en educación superior con honores y actualmente cursa un doctorado en Ciencias de la Educación. A esto se suma su experiencia práctica en el área científica, lo que respalda plenamente su perfil profesional.
«Por pura ética, por puro amor»
La académica afirma que la universidad del Zulia mantiene los estándares de exigencia de siempre: un perfil curricular y de competencias, sumamente alto, en credenciales, y en aptitudes para la docencia de la mayor calidad, para el ingreso y la permanencia como docente.
En cuanto a sus profesores, no se ha perdido la calidad, pero todo lo demás, ha ido en detrimento de su salud mental, pues se ha vulnerado nuestra dignidad en casi todos los sentidos, a mí me toca atender a un promedio de 50 estudiantes cada semestre, corregir, atender, virtual y presencialmente, armar clases, actualizarme y observar que cobro 0,8 dólares quincenales que a veces ni miro la cuenta pues no puedo contar con eso ni para el pan de una sola cena», indica.
Pérez señala que los profesores continúan ejerciendo porque conservan la esperanza de que la situación mejore y, sobre todo, porque no quieren abandonar la formación profesional de las nuevas generaciones. Sin embargo, aclara que prácticamente todos deben desempeñar múltiples trabajos para poder sostenerse económicamente. «Los profesores van y dan clase por puro pura ética, por puro amor».
Un colega anatomopatólogo camina largas distancias para llegar a la universidad y dictar prácticas de necropsia en condiciones adversas, sin aire acondicionado y bajo el intenso calor de Maracaibo. Otros dos colegas biólogos ambos dan clases en dos colegios privados para subsistir», comenta.
Déficit salarial del 99,7%.
El Observatorio de Universidades (OBU) recordó que, desde 2022, no se ajusta el salario mínimo en Venezuela, actualmente fijado en 130 bolívares, poco más de $2, un monto que ha perdido poder de compra ante el alza de la cotización de la divisa estadounidense en el país, donde los comercios usan esta moneda o euro como referencia para fijar sus precios.
En este sentido, la Federación Venezolana de Maestros (FVM) informó que un docente requirió 315,55 salarios promedio para cubrir el precio de la Canasta Alimentaria Familia, la cual se ubicó en febrero de 2026, en $645,60 según datos recientes del Centro de Documentación y Análisis de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM).
Un profesor titular con dedicación exclusiva gana apenas 1,58 dólares mensuales, mientras que otros docentes, como asociados, asistentes y agregados, reciben entre 0,41 y 1,19 dólares, según la categoría y tiempo laboral. Incluso los instructores con dedicación exclusiva perciben menos de un dólar al mes.
La Federación puntualizó en sus redes sociales que el Salario Promedio Docente es de Bs. 798 o $ 2,04 al tipo de cambio del Banco Central de Venezuela (BCV). Advirtió que el poder adquisitivo de un docente representa el 0,3% del valor total de la Canasta Alimentaria Familiar, por lo que existe un déficit del 99,7%.
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