Es una frase monopolizada por el chavismo, acuñada con un contexto de resentimiento cronológico hacia el sistema político llamado «la Cuarta República» y los políticos de derecha; una expresión secuestrada del vocablo popular. Lo irónico de esta frase es que hoy pesa más sobre la Revolución y sus líderes: todo indica que son ellos y sus políticas los que no volverán.
Ahora bien, estoy de acuerdo en que todos los venezolanos hagamos nuestra esa palabra, pero no a favor de quienes la han pregonado, sino para ser garantes de que no regresen las costumbres y prácticas que tanto daño le han hecho al pueblo. Por ejemplo: no puede volver el desconocimiento de los resultados electorales, ni las prácticas represivas de un régimen, ni el secuestro de las instituciones. No puede volver el caudillismo sindical, la politización de las Fuerzas Armadas, la hiperinflación, el secuestro de los partidos políticos y, mucho menos, callar a un pueblo con medidas populistas.
No debe volver la división de un pueblo, la emigración forzada ni la corrupción perversa. No deben volver los «barcos fantasmas» ni los ministros extranjeros. En conclusión, esa consigna un discurso atrapado en el tiempo que nació como una expresión de fervor popular institucionalizada se desgastó por la necesidad de un país que tuvo que reinventarse en lo económico y social.
Venezuela entró en una etapa de definir dos modelos: el presente, al cual debemos dejar atrás con todo lo anterior, y el nuevo modelo de transformación de nuestra nación. Entendiendo, eso sí, que está en las manos de cada habitante de nuestra geografía nacional evitar que las prácticas del pasado vuelvan.
Carlos Labrador
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