Evitaré los tecnicismos, los dogmas religiosos y el misticismo para responder, desde la esencia, a la pregunta más importante de todas.
En primer lugar, el término «vida» no es un simple sustantivo que deba usarse con la ligereza con la que se hace a diario, repitiendo conceptos vacíos sin comprender lo que realmente implican.
En segundo lugar, la vida es, en su sentido más puro, la experimentación constante de todos los estados del ser dentro de eso que, también de forma descuidada, solemos llamar «realidad».
Entendiendo esto, trataré de ser lo más objetivo posible para responder a esta interrogante, basándome en la comprensión que me ha dado mi propia experimentación.
«La vida es el fluir infinito de la energía esencial de la fuente, experimentando todo lo que es eternamente, por medio de cada uno de nosotros, a través de las infinitas frecuencias con las que vibramos.»
Sé que esta premisa puede sonar compleja o filosófica, pero en la práctica no lo es. Sin embargo, necesito crear este contexto para que la simplicidad de la respuesta no se diluya entre la diversidad de conceptos errados y programaciones limitantes que han surgido a través del tiempo, muchas veces impulsadas por ideologías que nos desconectan y que nos alejan de nuestra verdad esencial.
La aplicación sencilla de esta verdad:
La vida es un fluir constante desde la fuente, recorriendo un cauce hasta llegar a su destino.
La analogía más perfecta para ilustrar esta idea es el comportamiento de un río en la naturaleza.
El río es agua en movimiento continuo que avanza hasta desembocar en un lago o en el mar, para luego continuar su ciclo infinito a través de la metamorfosis de los estados de la materia: evaporación, condensación y precipitación.
Si observas con atención este fluir desde su origen hasta su destino, descubrirás lecciones vitales y reveladoras que jamás te enseñarán en el sistema educativo tradicional.
Comprender esto te permitirá simplificar tu experiencia, desprendiéndote de toda esa basura emocional que te ancla a frecuencias densas y que es la verdadera causa del dolor en tu día a día.
El río fluye sin detenerse. No gasta su energía peleando contra las piedras, los troncos o las irregularidades topográficas de su cauce; simplemente busca el camino más inteligente y natural para seguir avanzando.
No se traumatiza por los desniveles que experimenta, ni se aferra a la orilla. Solo sigue adelante.
Esa es la clave para hacer de tu paso por este mundo algo verdaderamente significativo. Se trata de vivir (fluir) libre de apegos y traumas innecesarios.
En otras palabras: operar desde tu esencia en lugar de vivir reaccionando en automático a todo lo que se cruza en tu cauce.
Al igual que el río, no puedes evitar encontrarte con obstáculos. Lo fundamental es comprender que tienes la capacidad natural de sortearlos; ante la adversidad. Sabes que eres más de lo que piensas y puedes más de lo que crees.
El secreto no está en enfocarte en la piedra, sino en descubrir cómo esquivarla por el camino más obvio para continuar tu evolución.
«El obstáculo es una condición; sufrir es tu decisión.»
Cuando decides fluir desde tu esencia, inevitablemente vibras en una frecuencia más alta. Optimizas el fluir de tu energía y transformas tu existencia en un recorrido pleno.
Fluir desde esa autenticidad es sinónimo de vivir desde el amor incondicional, porque, al final de todo:
«La vida es nuestra oportunidad de amar y ser amados»
Esto es la vida. Ni más ni menos. Todo lo demás es un enorme desperdicio de tu energía vital y de tu soberanía personal.
El amor es la energía matriz de todo lo que es. Vivir es fluir, seguir adelante y despertar a tu verdadero potencial, independientemente de las circunstancias que encuentres en el camino.
Miguel Ángel León R.
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