Hoy venimos a recordar que hace 215 años, siendo un día martes 27 de agosto de 1811, el Supremo Congreso de Venezuela decretó la primera ley sobre la emisión de una moneda como República independiente del imperio español. Ese día los diputados, con sus firmas iniciaban el bautizo monetario de una nación que recién comenzaba a caminar con pasos firmes.
El 27 de agosto de 1811, el Supremo Congreso de Venezuela, estableció el Peso venezolano como moneda de curso legal, con una emisión inicial de un millón de pesos en Papel Moneda. El decreto aprobado señalaba en su artículo 1° emitir un millón de pesos fuertes en cédulas o billetes.
Así mismo, en su artículo 2° ordenó que los billetes estarían distribuidos de la siguiente forma: 400.000 de un peso; 75.000 de dos pesos; 37.500 de cuatro; 18.750 de ocho; y 9.375 de diez y seis. De esta manera, no solo se aseguraba el circulante para las grandes transacciones, sino que también se daba por primera vez nuestro tradicional sencillo, ese cambio menudo que acompaña al venezolano en su día a día.

Más adelante, el 29 de noviembre del mismo año, se ampliaría la emisión con billetes de dos reales para facilitar aún más el menudeo, demostrando que los legisladores pensaron hasta en el último detalle de la economía popular.
Aquellos billetes generaron mucha desconfianza al venezolano incrédulo de la época, acostumbrado a lidiar con las monedas imperiales de plata y oro. El papel, para muchos, era solo eso: papel. Cómo confiar en un pedazo de cartón cuando durante tres siglos sólo se había conocido el brillo metálico del real español.
La costumbre y el miedo al fraude eran más fuertes que cualquier decreto. A pesar de ello, Miranda le puso empeño y la nueva emisión vino diseñada con el escudo aprobado por el Congreso Constituyente de 1811: un sol y el número 19 en el centro, rodeado por las 7 estrellas.
Ese 19 no era un número cualquiera: representaba el 19 de abril de 1810, el día que marcó el inicio de la revolución independentista. Cada billete llevaba además las firmas autógrafas de los patriotas Juan Germán Roscio, Martín Tovar y Bartolomé Blandí, convirtiéndolos en documentos sagrados de la causa republicana.
Debemos resaltar que el artículo 11 señalaba que “el nuevo signo monetario era una moneda efectiva, a cuya recepción están, como el Estado, todos obligados; y a la cual nadie podrá negarse bajo el pretexto alguno”. Y para reafirmar lo señalado, el artículo siguiente aclaraba que “el que lo hiciere, será castigado con multa de un duplo del valor del billete, o billetes que no quisiere recibir”.
Debemos también recordar que apenas habían transcurrido casi dos meses de aquel 5 de julio independentista. La Corona española, herida en su orgullo, respondió con una medida cruel propia de todo imperio. Ordenó sacar de las arcas públicas buena parte de las monedas que durante tres siglos habían sido el alma del comercio colonial.
El Billete de Miranda, como se le conoció después, duró muy poco en circulación. Al perderse la Primera República, el jefe realista Domingo de Monteverde ordenó quemarlos, quizás por venir todos estampados con las firmas de aquellos próceres y por traer en el centro el irreverente 19 de abril de 1810.
Aquella hoguera no solo consumió papel; quemó también el primer sueño de una economía libre y soberana. Pero la semilla estaba plantada. Aquel martes de agosto, los venezolanos aprendieron que la independencia también se escribe con números, con firmas y con la fe en lo propio. Y esa lección, aunque dolorosa, nunca más se olvidó.
Aquel germen monetario dio paso al Bolívar (Bs) en 1879, en honor al Libertador. Hoy, en la Venezuela del siglo XXI, nuestro Bolívar atraviesa por su peor momento. Muchos ciudadanos, con razón, han levantado la voz para pedir su sustitución definitiva, como si cambiar de signo nos eximiera de la dura tarea de sanear nuestra economía.
Así como Miranda y aquellos diputados de 1811 apostaron por un papel que la metrópoli despreciaba, nosotros debemos apostar hoy por nuestro Bolívar (Bs), no como una reliquia sentimental, sino por ser nuestra moneda nacional y la cual debemos estabilizar y dignificar.
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