Opinión

¿Nuevo himno, nueva bandera, nuevo escudo… para qué? Por Soc. Ender Arenas Barrios

El Concejo Municipal de Caracas abrió una convocatoria para cambiar los símbolos de Caracas; nuevo himno, nueva bandera y nuevo escudo, según, se informa serán presentados en los próximos días, tal vez el 19 de abril, pero, quien sabe.

Un indígena, que bien pudiera ser cualquiera, desde Guaicaipuro hasta Toro, el amigo del Llanero Solitario, una afrodescendiente y por supuesto Simón Bolívar, todos miran a la izquierda, que duda cabe, buscando en ese terreno alguna voz, alguna esperanza, pero el indígena sigue desnudo, la afrodescendiente, igual y, se salva Bolívar, quien recuperó, por lo menos, su nariz perfilada y aguileña, características faciales que lo alejan del Bolívar de raíz africana con la que le reconstruyeron el rostro para hacerlo parecido a Chávez.

El escudo termina con fechas que pretenden ser constitutiva de la historia del país o en todo caso de Caracas, pasándose por el forro el resto de una historia que contó con momentos constitutivos tan o más importantes, especialmente, mas importantes que los años 1989 y el 2002 que en lugar de ser momentos constructivos de país son des-constructivos.

El escudo termina con una estrella roja de lo más maoísta.

Supongamos que la responsable de semejante sancocho ha sido Carmen Meléndez. Pero hay un gran problema. Trataré de explicarme, con el perdón de Uds. por el sesgo sociológico, pero no tengo de otra.

 Hasta 2012, quizás un año antes, cuando Chávez estaba vivo, aunque ya daba señas que no estaba coleando, él con su enorme capacidad comunicativa y performativa proveía relatos que se convertían en cosas asumidas por la gente, ya no con el furor de los primeros años (2003 a 2011), pero aun, con amplio consentimiento; que terminaban por generar procesos de identificación de esos sectores con el proyecto chavista que se consolidaba como dominante.

Chávez había impuesto determinadas representaciones sociales dirigidas a sostener el orden sociopolítico que, con él a la cabeza, se imponía en la sociedad venezolana con una impronta inequívocamente autoritaria.

Así que el locutor autorizado Chávez, impuso una jerga que el venezolano aguas abajo empezó a incorporar a su habla, cambio la lógica política por la lógica de la guerra con su correspondiente jerga militar e impuso la eliminación de una enorme porción del pasado reciente venezolano (1958- 1999) recuperado solo para despojarlo de toda visión positiva y nos retrotrajo al pasado más lejano (1810- 1830, incluso incorporó al presente actual la lejana etapa precolombina).

Hay que reconocer, querámoslo o no, que Chávez tenía lo que podemos llamar “magia performativa” (Bourdieu), pues su discurso no solo era comprendido por los que Chávez interpelaba como “el pueblo”, sino que al mismo tiempo era reconocido y este reconocimiento le permitió imponer su particular visión de las cosas y del mundo.

Pero una vez muerto Chávez, la eficacia de la narrativa chavista pierde legitimidad, es decir, deja de ser reconocido y la situación de autoridad que se creo con Chávez se diluye y los gobernados, aun, los chavistas, dejan de reconocerlo como legítimo, quiero decir con ello que las razones esgrimidas por el chavismo madurismo, dejan de ser las razones de la gente que antes aceptaba cualquier cosa hablada desde la cabeza de la “revolución”.

La cuestión es que ahora se adolece de la situación autorizada del pasado y los proponentes carecen de la legitimidad, es decir, el reconocimiento por parte de los gobernados. No tiene el chavismo un locutor con autoridad hoy. Alguien puede aducir que Maduro, Diosdado o los hermanos Rodríguez, pero ellos aun cuando están estructuralmente al frente de los órganos de poder autoritario carecen de poder performativo, es decir, no tienen la capacidad de hacer cosas, materializar hechos, mediante las palabras.

Cuando el poder, digo los cuatro mencionado o cualquier otro que en ciertas circunstancias se erija como pretendiente locutor, con presunciones de autoridad, habla la gente piensa automáticamente que el poder los esta “cobeando” o que lo que está proponiendo no lo reconoce.

Eso ha pasado con la propuesta de la nueva simbología para la ciudad de Caracas. Es posible que se imponga a espaldas del habitante de la ciudad, pero este seguirá teniendo por referencia simbólica los viejos iconos, así como El Ávila sigue siendo llamado Cerro El Ávila y no Waraira Repano, Los Leones del Caracas siguen siendo los Leones del Caracas y no los Apacuana del Caracas.

Y es que después de todo quien reconoce a Carmen Meléndez como líder de los venezolanos.

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