“De inmediato, desde el primer momento,
obedeciendo a un extraordinario sentimiento colectivo,
los sobrevivientes se lanzaron a las tareas de rescate,
la inmensa mayoría de ello
s sin más medios que sus manos. Su emoción y… su heroísmo…”
Elena Poniatowska lo escribió para México
pero uno puede trascribirlo
textualmente para Venezuela.
Cada testimonio de madres que han perdido a sus hijos y a sus esposos, cada testimonio de padres que han perdido a sus hijos y a sus mujeres, cada reclamo por una ayuda estatal que no llegó a tiempo, que todavía no ha llegado en su plenitud y cuando ha aparecido es para obstaculizar el auxilio de otros que si se han hecho presentes revelan, primero a una población que ha quedado abandonada y segundo, a un régimen incapaz e ineficiente que ha sido rebasado en todos sus ámbitos
Y su cacareado relato inaugurado por el propio fundador del régimen, Hugo Chávez, y continuado retóricamente por cada uno de sus seguidores, que son los que “gobiernan” hoy, sobre su sacrificio, su sufrimiento por el pueblo y por el bien del país solo son expresión de un “victimismo forzado o una coquetería interesada”.
Desde un inicio en el poder, Chavez forjó un Estado parlante y hablachento, pero, en términos de su efectividad estatal nos mostró, en diciembre de 1999 y ahora en este 2026, que lo que vendieron como una “gran maquinaria socialista” era solo una ficción, una entidad aparente, que a pesar de relatar permanentemente su fortaleza e invulnerabilidad externa e irresistibilidad interna (recuerdan: “esta es una revolución pacífica, pero armada”) es solo un simulacro que abandonó su presencia en todo el territorio, que politizó la justicia, convirtiéndola en un arma de persecución política y finalmente, especialmente, con el advenimiento de Maduro y posteriormente con los hermanos Rodríguez, abandonó al pueblo del que dijo ser su voz, su protector y su Mesías.
El Estado desapareció y el pueblo se enfrenta hoy a peligros que son mortales. Peligros que han sido producidos por la “revolución”: inseguridad físico-material (con riesgo de muerte) y hasta simbólica.
Desde los días en que “reinó” Chávez hasta hoy con los hermanos Rodríguez y Cabello jefaturando al régimen se ha disuelto “eso” que existe desde Juan Vicente Gómez: El Estado- Nación venezolano que, el chavismo que se hacía llamar “los fabricantes de soberanía” han entregado, inicialmente, a Cuba, China, Rusia, Turquía e Irán y ahora, bajo la forma de tutelaje o protectorado, a la administración Trump, que es el mismo que, irresponsablemente e inhumanamente, habla de la noche trágica de los terremotos solo como una mala noche, pero, que de nada ha cambiado la rumba que mantiene a los venezolanos bailando en las calles.
Así estamos en esta hora de mengua, entre un Estado y su claque gobernante que ha dejado muestras de que solo quiere el poder por el poder mismo convirtiéndose en el productor más grande de crisis y desorden conocido de la historia del país y una fuerza colonial representada por un hombre que desprecia “las formas (las formas democráticas), las instituciones y la política”.
Bueno, hay que aclarar que más que presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, es un codicioso empresario que, con respecto a Venezuela, ha pensado más en negocios, en petróleo, oro, tierras raras que en la democracia y se convertido en el soporte de la dictadura que decía desplazar para que fuera reemplazado por un gobierno democrático.
Leí en “Nada, nadie. Las voces del temblor” en la que Elena Poniatowska dice que, después de los terremotos que azotaron a la ciudad de México en septiembre de 1985, “nada ni nadie serán los mismos”. Yo pensé lo mismo y lo sigo pensando: después de esta tragedia será difícil seguir siendo los mismos.
“El pánico, la desesperación, la rabia, la impotencia, el horror y la muerte” que produjo los sismos de la tarde del 24 de junio se convertirán en un “nuevo momento constitutivo” en la vida del país, con mayor fuerza que la generada por los eventos del 3 de enero, cuando una intervención armada de los EE.UU. detuvo y llevó a prisión a Nicolás Maduro.
Los eventos de esa madrugada, ya lo sabemos, pero, hay que repetirlo hasta la náusea, produjeron una discontinuidad del orden dictatorial dirigido por la cúpula chavista entronizada en el poder. Pero en seguida, lejos de dar paso a una verdadera transición (con las excusas ya conocidas) impuso una nueva continuidad del mismo orden dictatorial. Discontinuidad-continuidad en el mismo proceso, pero, ahora travestido en un régimen, más que tutelado, bajo formas de dominio neocolonial y vasallaje.
Los terremotos del 24 de junio solo han creado discontinuidad. La discontinuidad de lo más preciado: discontinuidad con la vida, mientras que a los sobrevivientes les ha dejado heridas que no solo son físicas. Heridas tan profundas como las grietas de los pocos edificios que han quedado en pie.
Sera difícil seguir siendo los mismos de lo que éramos antes de los terremotos. Somos un país en riesgo.
Es verdad que, durante el período democrático, teníamos riesgos. Solo que los riesgos presentes entonces podían ser resueltos en gran parte por el cuadro político-institucional existente y producidos por los gobiernos democráticos que nunca perdieron la capacidad de moverse contemporáneamente con los riesgos que se hacían presentes. Un ejemplo, sería la creación de la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (FUNVISIS), creada por el gobierno de Raúl Leoni a raíz de la devastación del terremoto que azotó a la ciudad de Caracas en 1967.
Hoy las instituciones dirigidas a enfrentar los riesgos a los que hoy enfrenta el país son inexistentes y las que existen son incapaces para enfrentar a aquellos riesgos que, eventualmente, ponen en riesgo la vida de los habitantes en el país.
Después de más de veinte años en el poder ¿qué nos ha dejado “la revolución”? Solo un país hecho pedazos que sus ciudadanos, en soledad, enfrentan a peligros mortales, tanto a los que son percibidos como amenazas vitales (persecución, detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas, torturas, etc. como a aquellos que han puesto en peligro las condiciones materiales de vida (inflación, desempleo, crisis del sistema de salud, crisis en el sistema educativo, inseguridad alimenticia y bajos salarios, etc.)
Sin embargo, los terremotos también han evidenciado, la presencia activa de lo que hasta ahora ha sido subestimado por quienes, por un lado, han apoyado a la dictadura y, por otro lado, los que han asumido supinamente el plan Trump-Rubio como la hoja de ruta que debe seguir la “transición” hacia la democracia: y es que los terremotos visibilizaron a la gente y a la sociedad civil quienes han reemplazado, con más eficiencia, a un desaparecido Estado.
El periodista Olavarrieta (El Nacional; 02/07/2026) lo ha expresado bastante bien: “En Venezuela, cada emergencia termina revelando dos países al mismo tiempo. Uno marcado por la precariedad institucional, la improvisación y la ausencia de respuestas oportunas. Y otro, profundamente humano, capaz de organizarse desde abajo con una velocidad y una fuerza que muchas veces supera a las propias estructuras oficiales.
En medio de la tragedia, esa segunda Venezuela vuelve a aparecer siempre que el país lo necesite”.
Y, Ángel Oropoza (El Nacional 2/07/2026) da cuenta de lo que vemos a diario en los medios televisivos y las redes sociales: “… Vecinos que revisan puerta por puerta si todos están bien, jóvenes que ayudan a adultos mayores a bajar escaleras o a movilizarse, redes de WhatsApp que se activan para compartir información verificada y ofrecer refugio a quienes perdieron su vivienda, ríos de gente preocupada y activada llevando insumos de todo tipo a los centros de acopio o directamente a los más perjudicados por el desastre, voluntarios de todas las edades sacrificando hasta su seguridad buscando ayudar a los necesitados….”
Será difícil seguir siendo los mismos después de una tragedia de esta magnitud y seguramente no lo seamos. Pero, este momento revela la posibilidad cierta de la conversión de la gente de un simple objeto que puede ser calculado, medido y cuantificado por quienes ejercen el poder, a sujeto que se mueve, que interviene haciendo sus propias reglas y que sigue reclamando y demandando cambios. Su participación espontanea, la más la de las veces. en estos momentos anuncian que ha llegado la hora de elegir entre la resignación y seguir el guion que Trump- Rubio están ejecutando y la dejan por fuera y/o asumir la rebeldía para ponerse al frente de las demandas de cambio que un país roto exige.
Y hay que escucharla. Pero también, requiere de una voz que potencie sus energías, su hambre por el cambio y en este sentido, con honestidad les digo que, si mi voz fuera una voz con poder y autoridad para ser escuchada, le daría un consejo a MCM: De la espalda a ese prescrito guion de Trump-Rubio y aproveche los espacios en blanco que a ellos se les olvido escribir. Y recuerde que el futuro no se prescribe, sino que se escribe y en esta hora le toca a Ud. escribirla acompañada del pueblo venezolano.
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