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Politólogo Jesús Castillo Molleda: El miedo como motor político: cuando los líderes piden ayuda y los consultores traducen el temor

El miedo no es el enemigo de la política sino uno de sus motores más antiguos y persistentes. Desde las primeras asambleas hasta las campañas digitales, el temor a la pérdida, al otro, al desorden o al futuro, ha empujado tanto a individuos, ciudadanos autoridades y a gobernantes a actuar. En los políticos, ese sentimiento rara vez se confiesa en público, pero opera con fuerza detrás de las decisiones, a menudo en diálogo silencioso con quienes los asesoran.

Cuando un político decide pedir ayuda, el miedo suele ser el detonante más honesto. No siempre es pánico escénico ni debilidad de carácter, con frecuencia es el cálculo de que algo se está descontrolando: una encuesta que se hunde, una crisis que no responde a los manuales, una coalición que se resquebraja o la simple intuición de que el relato ya no alcanza. En esos momentos, el político deja de confiar solo en su instinto y abre la puerta al consultor, al estratega o al analista. El miedo, entonces, funciona como un sistema de alerta temprana. Obliga a salir del aislamiento del poder y a aceptar que la percepción externa (la de los votantes, la de los adversarios, la de los propios aliados) puede ser más precisa que la que se tiene desde adentro.
En la política cotidiana, el miedo moviliza de formas distintas según quién lo sienta.

En el electorado, se convierte en combustible: el temor a perder el empleo, a la inseguridad o a que “los de arriba” no entiendan la vida real empuja a las urnas y redefine agendas. Los partidos y candidatos lo saben, y por eso el lenguaje político está lleno de diagnósticos amenazantes y de promesas de protección. En el político, el miedo opera de manera más íntima.

Puede ser el miedo a no ser reelegido, a quedar expuesto, a traicionar una promesa que ya no es viable o, simplemente, a no estar a la altura del momento. Ese temor no siempre paraliza, a veces agudiza el sentido de responsabilidad y empuja a buscar consejo antes de que el daño sea irreversible.

El rol del consultor en este escenario es delicado. No se trata solo de “vender” un mensaje o de diseñar una campaña, sino de traducir el miedo del político en información útil y de ayudarlo a distinguir entre el temor legítimo y la ansiedad improductiva. Un buen asesor no alimenta el pánico ni lo niega. Lo interroga. Pregunta qué evidencia sostiene ese miedo, qué escenarios son realistas y cuáles son exageraciones generadas por el aislamiento o por el ruido mediático. También puede devolverle al político algo que el poder tiende a erosionar: la capacidad de escuchar sin sentirse inmediatamente amenazado. En la práctica, el consultor funciona a veces como un espejo externo que permite al líder medir la distancia entre lo que siente y lo que realmente está ocurriendo.

Sin embargo, el miedo tiene límites. Cuando se convierte en el único criterio, empuja hacia decisiones reactivas, hacia la sobreactuación o hacia la cesión de principios por mera supervivencia política. Hay políticos que buscan ayuda para confirmar lo que ya temen y no para cuestionarlo. Hay consultores que prefieren amplificar el temor porque genera demanda de sus servicios. La diferencia entre un uso inteligente del miedo y su manipulación radica en si ambos (político y asesor) están dispuestos a mirar también lo que el miedo oculta: oportunidades, cambios inevitables o simplemente la necesidad de aceptar una derrota parcial para evitar una mayor.
En última instancia, el miedo no desaparece de la política porque es parte de la condición humana.

Lo que cambia es la capacidad de quienes deciden para reconocerlo, nombrarlo y ponerle límites. Un político que pide ayuda por miedo no está necesariamente débil, está reconociendo que el poder no inmuniza contra la incertidumbre. Y un consultor que entiende ese miedo sin explotarlo contribuye a que la decisión final no sea solo una reacción, sino un acto más consciente. La lucidez compartida puede ser una de las pocas herramientas que aún permiten gobernar sin que el temor dicte por completo el rumbo.

Politólogo:

@jesuscastillomolleda

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