En momentos de crisis prolongadas, la tentación de «resolver» el conflicto político mediante elecciones rápidas, suele presentarse como una salida inmediata, limpia y legitimada.
Sin embargo, la experiencia comparada muestra, que las elecciones sin condiciones institucionales mínimas, pueden producir más inestabilidad que gobernabilidad; especialmente en sistemas donde los actores clave no comparten reglas, garantías, ni expectativas comunes.
El caso de República Dominicana en 1963, puede constituir un espejo en el cual debe reflejarse la realidad venezolana.
El derrocamiento del presidente Juan Bosch, en 1963, constituye un ejemplo histórico que advierte sobre los riesgos de transiciones aceleradas, en sistemas no preparados.
Venezuela, en su fase pre-transicional, enfrenta dilemas similares.
1) El ESPEJISMO DE LA «SALIDA ELECTORAL RÁPIDA»
Así tenemos algunos elementos para el análisis a considerar, para sustentar este proceso histórico sin precedentes.
Las elecciones presidenciales anticipadas pueden ser presentadas como:
. Mecanismo de legitimación inmediata, un atajo para resolver la crisis o una forma de pasar la página. Pero en sistemas fragmentados, con instituciones debilitadas y actores armados o facticos con poder de veto, las elecciones no resuelven el conflicto, lo trasladan a un terreno más frágil y peligroso.
La experiencia dominicana de 1963 así lo demuestra:
Un presidente legitimado (Juan Bosch) no pudo sostenerse porque el sistema no estaba preparado para procesar el cambio.
2). El CASO DE BOSCH
Un presidente democrático en un sistema no democrático.
Juan Bosch, ganó las elecciones limpias, impecables y propuso una constitución de avanzada, sin embargo, las fuerzas armadas mantenían lealtades al anterior régimen dictatorial.
Las élites económicas desconfiaban de las reformas, los partidos tradicionales no habían internalizado reglas democráticas, porque solo obedecían a las normas de convivencia del anterior régimen.
Estados Unidos observaba con gran recelo cualquier reforma social en plena Guerra fría. Es decir, no hubo voluntad política para articular en la pre- transición, una estructura política para la gobernabilidad, que sirviera para sustentar una verdadera democracia. Pudo más la resistencia al cambio y se produjo lo inevitable:
UN GOLPE DE ESTADO
Tenemos como lección que:
LA LEGITIMIDAD ELECTORAL NO SUSTITUYE LA ESTABILIDAD INSTITUCIONAL.
3). CONDICIONES MÍNIMAS PARA QUE UNA ELECCIÓN PRODUZCA GOBERNABILIDAD.
A). Aceptación previa de los resultados por todos los actores relevantes.
B) Fuerzas armadas subordinadas al poder civil.
C) Sin el control civil efectivo, la elección puede producir un presidente sin poder real.
D) Sistema de partidos con reglas compartidas.
E) Mecanismo de transición pactada, la ausencia de acuerdos previos, convierte la elección en un evento de alto riesgo.
CASO VENEZOLANO:
UNA PRE-TRANSICION O UNA ACCIÓN TRANSITORIA DE CONTROL.
Con esta denominación, podemos enunciar, una serie de elementos propios de la situación inédita que vive la Venezuela del siglo XXI convertida en un laboratorio vivencial para la Ciencia Política.
Visto así, tenemos instituciones debilitadas, actores armados y facticos con poder autónomo y capacidad de veto para bloquear la transición, desconfianza mutua entre las élites y ausencia de garantías compartidas.
En este contexto, una elección apresurada podría reproducir el error dominicano:
. Un liderazgo civil electo sin capacidad de gobernar, actores con poder de veto reaccionando defensivamente, riesgo de fractura militar o institucional.
5) La alternativa: una acción transitoria de control.
Término nativo, de mi autoría, sugerido para la descripción del fenómeno político venezolano.
Ofrece, una transición gradual, acuerdos previos entre actores clave, garantías mutuas, mecanismos de contención del conflicto, reformas institucionales mínimas antes de las elecciones y estabilidad progresiva del sistema político.
No sé trata de retrasar la democracia, sino de hacerla sustentable para no regresar e involucionar con la lección aprendida.
Para concluir, se impone con la urgencia del caso, un frente unitario por la democracia.
La historia nos demuestra, que las elecciones no son un fin en sí mismo, sino un mecanismo dentro del sistema que nos prepara para sustentarlas.
Cuando ese sistema no existe, la elección puede convertirse en un detonante para la crisis sin ser la solución.
Para Venezuela, la prioridad no es acelerar el calendario electoral, sino construir condiciones que permitan que cualquier elección produzca gobernabilidad, estabilidad y continuidad democrática.
Hasta la próxima entrega.
*Politólogo Julio Urribarri Fonseca.
Doctor en Ciencia Política.
Profesor universitario.
Maracaibo, 7 de febrero del 2026*
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