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«Prefacio»: Duérmete, niño, duérmete ya, que viene el coco y te comerá. Por: Dr George Fereira

¡VIENE EL COCO… Y TE VA A COMER!

Durante siglos, el miedo también ha sabido cantar. No siempre llega vestido de uniforme, arrastrando cadenas o empuñando un fusil; a veces entra de puntillas, con voz dulce, convertido en canción de cuna:
«Duérmete, niño, duérmete ya, que viene el coco y te comerá».
La figura del Coco pertenece al folclore del mundo hispanohablante. No posee un rostro definido, y precisamente allí radica su poder: aquello que no tiene forma puede adoptar todas las formas; aquello que nadie ha visto puede ser culpado de cualquier desgracia. La voz coco, usada para nombrar al fantasma con el que se asustaba a los niños, ya aparece en el siglo XV en el Cancionero de Antón de Montoro, conservado en el archivo digital de la Real Academia Española.

Durante generaciones, los adultos invocaron a aquel monstruo imaginario para imponer obediencia: el niño debía dormir, no porque comprendiera la razón, sino porque temía las consecuencias. Y ese mismo método —infantil, primitivo y tremendamente eficaz— fue convertido por el chavismo en doctrina de Estado. La revolución transformó a Venezuela en una inmensa cuna y al «imperio norteamericano» en su Coco oficial. Si faltaba la comida, era culpa del imperio. Si se apagaba el país, era culpa del imperio. Si desaparecían los hospitales, las empresas, el salario o el petróleo, también era culpa del imperio.

El culpable siempre vivía afuera; jamás ocupaba un ministerio, vestía de verde oliva ni pronunciaba discursos interminables desde Caracas. Mientras el venezolano era arrullado con aquella canción de obediencia, los cantores de la revolución vaciaban la casa. Le robaron la despensa, desmontaron las puertas, vendieron las ventanas y, al final, negociaron hasta el terreno Con los Chinos y con los Rusos. Todo ocurrió mientras el pueblo miraba debajo de la cama buscando al Coco qué se lo quería llevar y que el poder le había dibujado.

VENEZUELA Y SU PETRÓLEO: UN ARMA DE CONQUISTA MUNDIAL.

El petróleo no es solamente un líquido oscuro que arde. Es energía, transporte, industria, crédito, moneda, diplomacia y capacidad militar. Durante más de un siglo, su control ha decidido qué economías avanzan, cuáles se arrodillan y qué gobiernos descubren, demasiado tarde, que la soberanía también puede escaparse por una tubería. El crudo puede utilizarse como arma de presión de varias maneras: cortando el suministro, condicionando contratos, financiando aliados, garantizando préstamos o reservando la producción para determinados mercados. Un país productor no necesita disparar un misil para causar daño; en ocasiones le basta con cerrar una válvula.

La crisis de 1973 lo demostró con brutal claridad. Los países árabes exportadores impusieron un embargo contra Estados Unidos y otros aliados de Israel; el precio del barril primero se duplicó y luego llegó a cuadruplicarse, sacudiendo economías enteras y empujando al mundo hacia la recesión. El petróleo había descubierto que podía doblar los brazos de cualquier potencia sin disparar una sola bala. Así lo recoge la Oficina del Historiador del Departamento de Estado.

La Guerra del Golfo de 1991 ofreció otra lección. La coalición encabezada por Estados Unidos expulsó de Kuwait a las fuerzas invasoras de Saddam Hussein. El petróleo no fue la única causa del conflicto, pero fingir que la seguridad energética era irrelevante sería una inocencia imperdonable: la invasión retiró del mercado casi toda la producción de Irak y Kuwait y provocó un salto inmediato de los precios, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos. En el gran tablero geopolítico, el crudo nunca ocupa una silla secundaria, al contrario forma parte de lo a estrategias para mantener la hegemonía mundial.

DEL MAZO A LA TUBERÍA.

Diosdado Cabello llegó a proclamar, con la habitual valentía que proporcionan las cámaras, los guardaespaldas y un micrófono obediente, que si Estados Unidos agredía a Venezuela no recibiría «ni una gota de petróleo». Lo dijo desde el púlpito televisivo de Con el mazo dando, ( y desde el tres de enero del presente año, para mi enter, se debe de llamar ahora » CON EL MAZO ADENTRÓ» ) ese espacio donde la bravuconería se presenta como patriotismo y el ruido intenta disfrazarse de autoridad. Pero la historia posee un sentido del humor cruel. No solo entregaron una gota: ofrecieron el grifo, las válvulas, las tuberías y hasta el manual de funcionamiento por 100 años.

El 28 de agosto de 2026, Donald Trump anunció un acuerdo alcanzado con la administración interina encabezada por Delcy Rodríguez, en clara violaciones a los procedimientos constitucionales de Venezuela para poder suscribir acuerdos tan comprometedores para el país. Entre otras cosas estos acuerdos son para desarrollar 17 campos estratégicos que contienen más de 65.000 mil millones de barriles de reservas probadas» unas de las más grandes del planeta» El anuncio atribuye a Estados Unidos un control mayoritario en la operación y lo proyecta como el mayor país del mundo, en cuanto a el control energético mundial del petróleo. Sin embargo, la estructura jurídica, financiera y operativa todavía no ha sido explicada públicamente con suficiente detalle a los Venezolanos; por ello, el rigor obliga a hablar de un acuerdo anunciado, no de una transferencia ya consumada e irreversible.

Conviene colocar las cifras en su sitio para que la indignación no termine derrotada por una calculadora. Son 65.000 mil millones, no 65.000 millones. Ese volumen equivale aproximadamente al 21.45 % de los 303.000 millones de barriles que posee Venezuela, cuyas reservas representan cerca del 20 % del total mundial, de acuerdo con la Administración de Información Energética.

También supera los 46.000 millones de barriles de reservas probadas que Estados Unidos registraba al cierre de 2024. Si algún día pudieran contabilizarse ambos volúmenes bajo una categoría comparable —algo que los detalles conocidos todavía no permiten asegurar—, el total resultante sería más del doble. En cuanto a la cifra estadounidense del control casi total de las reservas petroliferas del planeta, podría significar que Washington controle el 65 % del petróleo mundial. Los 65.000 millones de barriles representan alrededor del 4 % de las reservas probadas globales, estimadas por la OPEP en 1,567 billones de barriles al cierre de 2024. La propia OPEP publica esa magnitud.

No hace falta inflar la cifra para comprender la trascendencia del movimiento: colocar bajo influencia estadounidense un volumen superior a todas las reservas probadas actuales de Estados Unidos ya constituye, por sí solo, una jugada de enorme peso estratégico.
Tampoco debe confundirse una reserva enterrada con un ejército de barriles listo para marchar. Gran parte del crudo venezolano es pesado o extrapesado; necesita inversión, tecnología, diluyentes, infraestructura y refinerías apropiadas. Una reserva es una promesa sepultada en la geología: solo se convierte en poder cuando logra salir del subsuelo, llegar a un puerto y encontrar un comprador. Aun así, el acuerdo modifica los cálculos de China y Rusia. Ambos países cultivaron durante años intereses económicos y políticos en Venezuela.

En tal sentido. Una presencia estadounidense mayoritaria en campos estratégicos reduce el espacio de influencia de China y Rusia, al alterar rutas de suministro y fortalecer la posición negociadora de Washington.
No los somete automáticamente por ahora, pero sí mueve una pieza capaz de obligarlos a recalcular todo el tablero.

LOS PETRODÓLARES Y LA HEGEMONÍA FINANCIERA.

El comercio petrolero ha contribuido durante décadas a sostener la centralidad internacional del dólar. Como buena parte del crudo se cotiza y negocia en esa moneda, gobiernos y empresas necesitan mantener liquidez en dólares para comprar energía, financiar cargamentos y cubrir riesgos. Sin embargo, el llamado «pacto de los petrodólares» suele contarse como una leyenda demasiado sencilla: Estados Unidos protegería a Arabia Saudita y, a cambio, todo el petróleo del planeta tendría que venderse exclusivamente en dólares. Se conoce antecedentes de un acuerdo formal que impusiera semejante obligación universal, como explica esta verificación histórica de AFP.

Esto conllevo a qué surgiera en la década de 1970 fue una arquitectura de cooperación económica, militar y financiera entre Washington y Riad.( El acuerdo entre Washington y Riad es un pacto bilateral de cooperación nuclear civil a 30 años firmado entre Estados Unidos y Arabia Saudita) La comisión conjunta creada después del embargo ayudó a reciclar los ingresos petroleros sauditas mediante compras, inversiones y activos estadounidenses, fortaleciendo los vínculos políticos de ambos países. Así lo describió la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de Estados Unidos.

El efecto fue poderoso, aunque no infinito: aumentó la demanda de dólares en el comercio internacional, profundizó los mercados financieros estadounidenses y facilitó que una parte de los excedentes petroleros regresara a Estados Unidos. Pero ni siquiera Washington puede imprimir dinero sin consecuencias, financiar deuda sin límites o fabricar confianza por decreto.

El dólar domina no solo por el petróleo, sino por la profundidad de sus mercados, la liquidez de sus activos, la fuerza de su economía y la ausencia, hasta ahora, de un sustituto monetario plenamente comparable en el mundo. El nuevo acuerdo venezolano podría reforzar esa arquitectura de poder energético y financiero; lo que puede afirmarse seriamente es que multiplicará de forma automática y exponencial el valor del dólar y su influencia en los mercados internacionales.
Las monedas no suben por aplausos ni los yacimientos producen por discursos, pero si por el control de grandes reservas energéticas del mundo.

LA DIPLOMACIA DE CHEQUERA.

Las naciones exportadoras también utilizan sus ganancias para comprar influencia política, militar, mediática y cultural. Unas ofrecen créditos; otras, petróleo subsidiado; algunas financian gobiernos aliados y muchas convierten los contratos energéticos en cadenas diplomáticas cuidadosamente disfrazadas de solidaridad. El chavismo hizo exactamente eso mientras acusaba a todos los demás de hacerlo. Convirtió el petróleo nacional en instrumento de propaganda, en garantía de préstamos y en método de supervivencia política. Venezuela asumió compromisos de pago en crudo con China y Rusia que redujeron el volumen disponible para generar ingresos frescos, como documentó la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno estadounidense.
Solo China llegó a prestar cerca de 50.000 millones de dólares a cambio de entregas petroleras durante aproximadamente una década, según la Administración de Información Energética.

Y aquí aparece la ironía que ningún propagandista puede borrar: los bufones de la narcodictadura terminaron comprometiendo la riqueza venezolana con chinos, rusos y, finalmente, estadounidenses. Los mismos que usaron al Coco norteamericano para asustar al país acabaron abriéndole la puerta al coco, encendiendo la luz y preguntándole dónde deseaba colocar los barriles de petróleo y las toneladas de oro.

UN MUNDO QUE YA NO HABLA EL IDIOMA DE LA PAZ.

En el contexto internacional vuelve este movimiento del control de las reservas petroleras venezolanas todavía más delicado y sospechoso. Rusia advirtió el 27 de agosto que podría atacar instalaciones militares británicas dentro y fuera de Ucrania si Kiev continúa golpeando territorio ruso con misiles de fabricación británica. Esa fue la amenaza concreta, y aunque la indiferencia del mundo no parece importar, el peligro siga siendo enorme. Reuters recogió la advertencia rusa.

Al mismo tiempo, la Administración Trump prepara la revocación de hasta 200.000 visas B-1 y B-2 pertenecientes a extranjeros que solicitaron asilo en Estados Unidos, algo asi como si estuviera cerrando sus puertas y preparándose para algo que no sabemos, pero presentimos. No se trata todavía de 200.000 visas ya suspendidas, y una revocación no equivale automáticamente a una deportación; pero la medida forma parte de un endurecimiento migratorio mucho más amplio. ¿Demuestran por sí solos estos hechos que Estados Unidos se prepara para una Tercera Guerra Mundial? Existe la posibilidad, el periodismo serio no convierte una coincidencia temporal en prueba concluyente, pero las evidencias hablan por si solas, al cotrolar los Estados Unidos unas de las reservas más importantes del planeta, como lo son las reservas petroleras de Venezuela. Pero tampoco puede ignorarse el cuadro general: las potencias aseguran energía, reponen reservas, endurecen fronteras, amplían capacidades militares, amenazan objetivos y reorganizan alianzas como actores que han dejado de confiar plenamente en la paz y se preparan para un conflicto a nivel Mundial.

Quizá la Tercera Guerra Mundial no haya comenzado. Pero el mundo ya está elevando la voz, cerrando las puertas y colocando la mano demasiado cerca de las armas y del control energético mundial.
Durante años, los jerarcas chavistas le cantaron a Venezuela:
«Duérmete, pueblo, duérmete ya, que viene el imperio y te comerá». Y el pueblo, agotado y asustado se durmió.

Cuando abrió los ojos, encontró la industria destruida, la riqueza hipotecada y la soberanía reducida a la tinta de varios contratos inconsultos. La gran ironía no es que el Coco haya llegado; la gran ironía es que quienes juraron combatirlo terminaron sosteniéndole la puerta y dejaron que el coco entrara.

El Coco no devoró a Venezuela.Se la sirvieron.Y quienes prepararon la mesa todavía pretenden llamarse Patriotas y señalar a María Corina Machado como una traidora, la cual quería entregar todo el Petróleo a los Estados Unidos.

«DUÉRMETE, VENEZOLANO DUÉRMETE YA, QUE VIENE EL COCO Y TE COMERÁ ». ¡ Y SE LOS COMIÓ !

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