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«PREFACIO». Por el Dr George Fereira

«Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijando en él los ojos, dijo: «¡Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿No cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor?» (Hechos 13:9-10).

EL COLAPSO MORAL DE UNA NACIÓN ENTERA.

SODOMA Y GOMORRA A LA VENEZOLANA
Sodoma y Gomorra son dos ciudades legendarias del Antiguo Testamento. Según el relato del Génesis, su destrucción fue ejecutada por la mano de DIOS, quien hizo descender fuego y azufre sobre ellas a causa de sus graves pecados y de su absoluto colapso moral. Los recientes terremotos ocurridos en Venezuela, que interrumpieron abruptamente la fiesta pagana y no bíblica de San Juan Bautista, llevan inevitablemente a recordar aquel juicio descrito en las Escrituras. Para muchos creyentes constituyen un llamado a la reflexión espiritual sobre el estado moral de nuestra nación.

Mientras la celebración se desarrollaba entre tambores, y cantos llamando a que temblará la tierra junto a concentraciones multitudinarias, la tierra tembló, obligando a detener una festividad que ha abierto las puertas del mismo infierno en Venezuela durante décadas.

La Fiesta de San Juan Bautista posee un origen donde convergen antiguas tradiciones paganas con elementos africanos incorporados posteriormente por la Iglesia católica. Sin embargo, esta celebración coincide casualmente con antiguas festividades relacionadas con el solsticio de verano en el hemisferio norte.
Mucho antes del cristianismo y de la venida de Nuestro SEÑOR JESUCRISTO, diversos pueblos, entre ellos los celtas, rendían culto al sol y a las fuerzas oscuras de la naturaleza.

Encendían grandes hogueras como símbolo de fortaleza para el astro rey y practicaban rituales con fuego, agua y hierbas, buscando protección, fertilidad, salud y prosperidad.
Con el paso del tiempo, la Iglesia católica incorporó muchas de esas celebraciones al calendario religioso de sus iglesias, vinculándolas con el nacimiento de San Juan Bautista, incorporación que coincide con el señalamiento bíblico de la «Gran Ramera», un símbolo bíblico que encarna a un sistema mundial apóstata, corrupto y opresor. Las vestiduras de púrpura y escarlata, junto con sus joyas, denotan su inmensa riqueza, poder político y autoridad terrenal.

Desde una perspectiva evangélica, esta mezcla representa un ejemplo de sincretismo religioso; otro engaño más de Satanás para seguir apartando a la humanidad del único camino de salvación revelado por DIOS.
No conformes con estas celebraciones litúrgicas, en las que el ALTÍSIMO YAHWH manifestó su ira mediante un fuerte terremoto, apenas unos días después muchos habitantes de La Guaira, al encontrar imágenes de vírgenes y santos entre los escombros intactas, continuaron alimentando la idolatría al asegurar que se trataba de milagros. Imágenes de yeso que, por esas ironías que algunos llaman milagros, permanecieron en pie después del sismo fueron elevadas, una vez más, a la categoría de objetos sagrados.
Entonces, siguiendo esa misma lógica, también habría que levantar un altar para adorar televisores y refrigeradores. Porque ustedes saben lo difícil que resulta que un televisor de 60 de pulgadas de marca GL permanezca intacto después de que varias placas de concreto caigan sobre él. Y, sin embargo, eso también ha ocurrido. Quizá no falte quien proponga canonizarlo como «San Plasma del Terremoto de Aragua», patrono oficial de los electrodomésticos resistentes. El sarcasmo puede parecer exagerado, pero no más exagerado que atribuir poder divino a un pedazo de yeso incapaz de salvarse a sí mismo.

Van a perder su alma, y esa sí es infinitamente más valiosa que cualquier bien material perdido en este mundo marcado por el pecado. Y tengan la certeza de que, si persisten en la idolatría sin arrepentimiento, cuando llegue el día del juicio no habrá rescatista, bombero, ejército ni organización humanitaria que pueda librarlos de la justicia de DIOS. Porque cuando una nación comienza a llamar santo a lo que no puede salvar, termina considerando enemigo al único que verdaderamente puede hacerlo. Así ha ocurrido una y otra vez a lo largo de la historia, y la historia jamás ha absuelto a los pueblos que despreciaron las advertencias del ALTÍSIMO.

¡ARREPIÉNTANSE Y BUSQUEN A NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO COMO EL ÚNICO Y VERDADERO SALVADOR!

EL TOQUE DE TAMBOR
No es una fiesta; es un ritual de sacrificio que ocurre todos los años en diferentes culturas del mundo y, generalmente, durante las mismas semanas y con la misma frecuencia. El tambor no es simplemente un instrumento musical; es un tipo de
Mecanismos espiritual que utiliza Satanás y sus huestes demoníacas. Todas las civilizaciones antiguas, durante los años de la oscuridad espiritual, lo sabían.

En el candomblé, el tambor llama a las entidades; en la umbanda, cada toque invoca un espíritu diferente; en el chamanismo y el yorubanismo, el tambor abre pasaje entre el mundo físico y el mundo espiritual. No es una metáfora; no es folclore. Esa ha sido, desde sus orígenes, la función que muchos sistemas religiosos le han atribuido: servir de vehículo para ceremonias dedicadas a deidades ajenas al DIOS verdadero.
Satanás utiliza esos rituales para promover la adoración de aquello que no proviene de DIOS, pero que existe en el mundo espiritual sobre la tierra. Quienes participan deliberadamente en estas prácticas, contrarias a las enseñanzas bíblicas, se apartan voluntariamente de la protección del ALTÍSIMO.

Estas celebraciones buscan desplazar a DIOS del centro de la vida del hombre y reemplazarlo por el alcohol, la inmoralidad, la sensualidad, la idolatría y millones de conciencias abiertas a influencias espirituales que no proceden del Reino de los Cielos.
Pero observen cuidadosamente lo que suele suceder después de estos rituales: aparece una depresión sin causa aparente; surgen conflictos matrimoniales que antes no existían; llegan enfermedades inesperadas; se pierde el empleo; la angustia se instala en el corazón y se convierte en compañera permanente. Y, mientras todo esto ocurre, la mayoría lo llama simplemente «coincidencia».

La Biblia, sin embargo, enseña que las coincidencias espirituales no existen. Todo aquello que aleja al ser humano de DIOS termina produciendo esclavitud, mientras que solamente la verdad de CRISTO hace verdaderamente libres. La pregunta que queda sobre la mesa no es si Venezuela necesita un cambio político. La verdadera pregunta es si Venezuela está dispuesta a experimentar un genuino arrepentimiento delante del ALTÍSIMO.

La historia no suele anunciar sus juicios con sirenas; los anuncia con advertencias que casi nadie quiere escuchar. Así ocurrió con el Imperio romano de Occidente. Mientras las élites organizaban espectáculos para distraer al pueblo y el circo reemplazaba a la virtud, el imperio ya estaba condenado desde adentro. Los bárbaros no destruyeron Roma; simplemente terminaron de derribar una estructura que llevaba décadas carcomida por la decadencia moral.
Lo mismo sucedió con el Reino de Judá. Los profetas clamaban en las plazas, pero el pueblo prefería escuchar a los falsos profetas que prometían paz donde DIOS anunciaba juicio.

La idolatría se convirtió en costumbre, el pecado dejó de avergonzar y la verdad comenzó a incomodar. Cuando Babilonia cruzó las murallas, el desastre no comenzó ese día; había empezado mucho antes, cuando el corazón del pueblo decidió darle la espalda al ALTÍSIMO.

Venezuela parece caminar por ese mismo sendero. No porque le falten recursos naturales ni porque su gente carezca de talento, sino porque una parte importante de la nación ha confundido la fe con el folclore, la adoración con la superstición y la religión con el espectáculo. Se organizan procesiones, se levantan altares, se besan imágenes y se encienden velas…, pero muy pocos abren la Biblia para escuchar la voz de Aquel que dice: «Yo soy el camino, la verdad y la vida».

Y después del desastre aparecen los «fabricantes profesionales de milagros». Si una estatua queda en pie, exclaman que es una señal del cielo. Si un cuadro sobrevive entre los escombros, ya quieren organizar una peregrinación. Con esa lógica, si un televisor resiste el derrumbe de un edificio, no faltará quien proponga canonizarlo como San Plasma de los Últimos Días, patrono de las pantallas resistentes. El problema no es el yeso ni el concreto; el problema es la facilidad con la que el corazón humano fabrica ídolos cuando se aparta del DIOS vivo. Mientras tanto, el verdadero milagro pasa desapercibido: millones de personas siguen respirando bajo esos escombros por la misericordia de DIOS y, aun así, continúan rechazando el llamado al arrepentimiento. Se emocionan con una imagen inmóvil, pero permanecen indiferentes ante la tumba vacía de CRISTO, el acontecimiento más extraordinario e importante de toda la historia de la humanidad.

Las Escrituras son claras. 2 Crónicas 7:14 no ofrece una fórmula política, económica o militar. No habla de partidos, elecciones ni ideologías. Habla de humillación, oración, arrepentimiento y conversión. Porque el problema de una nación nunca comienza en el palacio presidencial; comienza en el corazón de sus habitantes.
Quizá el terremoto más urgente que necesita Venezuela no sea el que mueve las placas tectónicas, sino el que sacuda las conciencias endurecidas. Un terremoto espiritual que derribe el orgullo, destruya la idolatría y haga caer los altares levantados a tradiciones humanas que jamás podrán salvar un alma.

Todavía hay tiempo. Todavía la puerta de la gracia permanece abierta. Pero la paciencia de DIOS no debe confundirse con indiferencia. El mismo SEÑOR que extiende sus brazos para perdonar es el mismo que juzga con perfecta justicia. La pregunta ya no es si Venezuela cambiará de gobierno. La verdadera pregunta es si Venezuela cambiará de corazón. Porque ningún decreto humano puede sanar una nación cuya alma permanece enferma, y ningún gobernante puede restaurar lo que solamente JESUCRISTO puede transformar. Que cada venezolano decida qué quiere escuchar: el sonido pasajero de los tambores qué invitan a entidades demoniacas o la voz eterna del DIOS vivo de Israel. Porque los tambores terminan callando, las fiestas concluyen, las tradiciones desaparecen y los imperios caen… pero la Palabra del SEÑOR permanece incólume para siempre.

ALABADO SEA POR SIEMPRE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO 🙌

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